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Iván Schargrodsky nada en la cloaca duhaldista sobre Guernica

Muchos nos suscribimos a los newsletters de El Cenital porque, independientemente de los puntos de vista políticos e ideológicos, allí hay análisis interesantes para pensar la situación política nacional e internacional. No es el caso de la entrega de Iván Schargrodsky de hoy, funcional al hostigamiento estatal en Guernica.

Martes 29 de septiembre | 15:15

En su envío titulado “Acariciando lo áspero” Schargrodsky hace lo que no debería hacer el periodismo y lo que sí hace otra actividad que se le parece en la forma pero que es muy diferente en el contenido: la operación política. Haciendo honor al título de su newsletter, Off the record, afirma, sin fuentes, ni datos, ni testimonios verificables que 1) organizaciones políticas echaron a pobres funcionarios del gobierno que fueron sensiblemente con mercadería a la toma de Guernica; 2) que son pocas familias y que algunas se quedan porque las obligan; 3) que una sola organización social recibe más comida que todo el enorme Municipio de La Matanza (sic). Sin querer queriendo, como decía el Chavo, o abiertamente buscando eso, lamentablemente Schargrodsky se suma al coro que musicaliza la previa a una salida desfavorable a las familias sin tierra y favorable a las cámaras de especulación inmobiliaria. Salida que no descarta la tosca marcha de la represión.

Dime quién te informa

Schargrodsky dice que “El ministerio de Desarrollo de la Comunidad se había acercado con mercadería, pañales y agua, entre otras cosas, para asistir a las familias en la toma, pero fue impedido por el grupo más radical conformado por militantes”. ¿Sí? ¿Quién informa eso? Schargrodsky tiene una sola fuente que, oh sorpresa, es la misma beneficiaria de sus afirmaciones: el Estado, el gobierno bonaerense.

No se le ocurre hablar con vecinos, acercarse. No. Es más fácil dar por ciertas las autoverificadas versiones de personas (¿funcionarios, punteros, servicios? ¿Qué importa?) que tienen un objetivo consciente y preciso: desalojar a esas familias que solo piden un pedazo de tierra, propiciar el negocio de unos pocos especuladores.

Schargrodsky nos recita el cándido relato de que los funcionarios “sociales” se acercaron para evitar que tenga que intervenir Berni. Oculta que, en realidad, el operativo “zanahoria” que encabeza Larroque es parte integrante del mismo plan que puede incluir el operativo “garrote” que prepara Berni. Hoy busca dividirse, manchar, arrojar medias verdades o mentiras enteras, dar caridad a las mujeres y niños que ocupan Guernica, como parte de un operativo que evita dar respuesta al pedido de tierras. El propio Schargrodsky cita un diálogo en el que Larroque habría dicho si otorgan las tierras “tengo todo el conurbano tomado”. Lejos de ser una preocupación del gobierno, es una preocupación de los bancos, especuladores inmobiliarios y empresarios que son los que ejercen el poder real que, a lo sumo, La Cámpora gestiona.

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Probablemente Schargrodsky ya había terminado su borrador de Newletter cuando hoy, pasada la medianoche, una patota con aval municipal atacó a las familias que reclaman tierras en González Catán. Ahí se ve lo que habilitan las “amables” gestiones de Larroque y compañía, que ya fue el “sensible” encargado de desalojar un acampe de originarios Qom.

Leelo a Wainfeld, Iván

Schargrodsky no dice (¿porqué lo haría?) que las tierras que el gobierno de Kicillof quiere “recuperar” están completamente flojas de papeles. Y para enterarse de eso no tiene que leer a La Izquierda Diario. Debería leer el artículo de Mario Wainfeld del domingo en el no trotskista Página/12 que, entre otras cosas, dice que el desalojo que se prepara “favorece a denunciantes en detrimento de denunciados cuyos letrados no pudieron participar en audiencias de testigos ni ofrecer prueba a su vez” y que “las propias sentencias desnudan carestía probatoria de los supuestos dueños o poseedores o tenedores despojados”.

En definitiva, Wainfeld demuestra que el desalojo supuestamente pacífico que preparan en conjunto la Justicia plagada de macristas, duhaldistas y el gobierno de Kicillof, es para favorecer a mega especuladores como Bellaco SA que, por supuesto, busca hacer negocios sobre el despojo de esas tierras a las familias sin techo.

La amenaza represiva que, de ejecutarse sería de la mano de la misma Policía que asesinó a Facundo Castro y que rodeó enfierrada la Quinta de Olivos, es para apretar a las familias humildes para que se retiren, defendiendo así a propietarios presuntos que no tienen ni una prueba. Ese tipo de sutilezas no figuran en el artículo de Schargrodsky.

Lo que sí figuran son frases como que un sector del Fol “desde la gestión de María Eugenia Vidal recibe la misma cantidad de mercadería que todo el municipio de La Matanza” (sic). Más allá de esta fake news, efectivamente el PRO de Vidal aparece en la toma de tierras: un concejal de ese partido de derecha es uno de los que empuja el desalojo para continuar sus propios curros. Son beneficiarios de esa índole los que esperan agazapados detrás de las gestiones de Larroque o, evantualmente, Berni.

Los bulos y las balas

El rumor, las noticias infundadas, las fake news emerjen para jugar un rol nocivo: generar una opinión pública de clases medias y sectores populares propensos a bancar salidas reaccionarias, que no descarta incluso una represión. El poder punitivo del Estado aplicado a sectores desesperados que piden algo, creemos, elemental: un terreno para una casita. Que estas campañas muchas veces presagian hechos represivos, ya lo vimos en el 2002, días antes de la represión en Puente Pueyrredón, jornada que se cobró la vida de Darío Santillán y Maxi Kosteki.

“Una asamblea votó derrocar a Duhalde”, “se discutieron acciones armadas”, etc. Frases por el estilo, vomitadas por los funcionarios del gobierno y por Feinmann y aves de rapiña así, prepararon el terreno para el garrote, que ejecutó la Bonaerense de Fanchiotti, bajo las órdenes de Duhalde, Solá, Juanjo Alvarez, Soria, Atanasof. ¿No estará colaborando, Schargrodsky, a una operación lamentable por el estilo, que se sabe cómo empieza pero no cómo termina? Del bulo a las balas a veces hay una distancia muy corta.

Hace poco más de un mes, Schargrodsky dijo, palabras más o palabras menos, que a veces “la sociedad” pide palos y mano dura, y cuando el Estado responde y hay muertos, esa misma sociedad se queja. No es así: es generalmente el propio Estado el que alimenta a un sector de la sociedad y sus temores, para legitimar su propio rol represivo, más sutil, o más brutal, proporcional a la falta de soluciones frente a problemas elementales como la vivienda.

En ese rol, muchos grandes medios juegan un rol activo, arrojando condimentos a una cloaca. Schargrodsky, en este artículo, aporta lo suyo.







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