Internacional

INMIGRACIÓN

Italia y el norte de África: una historia de dominación imperialista

En estos días, tras las tragedias en donde murieron cientos de migrantes al intentar cruzar frontera, se ha puesto nuevamente de relieve el drama social que significa ser inmigrante en Europa, particularmente, de origen semicolonial-africano.

Sábado 25 de abril de 2015 | Edición del día

Fotografía: EFE / Marco Costantino

Pero en estos relatos se esconde, cínicamente, un trozo de historia y, con ello, una parte sustancial de la realidad.

Italia está en el centro del debate, dado que, gran parte de los que escapan desde las costas del Norte de África, lo hacen en dirección a estos territorios por ser los más próximos para arribar. Lo que no se dice, es que los inmigrantes que huyen desesperadamente del hambre y las guerras que azotan sus tierras, provienen de países con una historia de opresión brutal, con signo, en su mayor parte, de dominación europea, británica, alemana, francesa e italiana entre las principales.
En Italia, el 22,2% de los inmigrantes son de origen africano. Más de 500 mil son marroquíes. En los últimos años, también, ha crecido el flujo de migrantes provenientes de países como Siria, Eritrea, Libia y Etiopía.

Si echamos un vistazo a la historia de algunos de estos países, encontraremos una palabra que los unificó políticamente A.O.I. ( África Oriental Italiana ). Bajo la dictadura fascista de Mussolini, Libia, Etiopía, Eritrea y Somalía, formaron parte de una colonia italiana ubicada en África entre los años 1936 y 1941. Ésta se constituye tras la derrota de Etiopía en la segunda guerra Italo-Etíope en 1936, cayendo su emperador Haile Selassie luego de una progresiva política para conquistarla a partir de la unificación italiana en 1860.

Su primer colonia fue Eritrea en 1890. Para dar un ejemplo del tipo de colonización perpetrado por Italia tomemos un dato : En el censo de 1939 en Eritrea había casi 100.000 italianos en una población total de un millón de habitantes.

Libia, que estaba bajo el dominio del Imperio Otomano, fue ocupada por Italia en el año 1911, mediante su victoria en la guerra Italo-Turca. La propaganda para la invasión, aplicada por todos los grandes periódicos, sobre todos los católicos, vinculados al Banco de Roma era la siguiente:

«¡Trípoli, hermosa tierra del amor, que a ti llegue mi canción!
¡Que flote sobre tus torres la bandera tricolor con el tronar del cañón!
Navega, oh acorazado. Propicio es el viento y dulce la estación.

¡Trípoli, tierra encantada, serás italiana con el tronar del cañón!»

En esta invasión, luego de una revuelta en Libia contra las tropas italianas, fueron masacrados en tres días 4500 árabes, entre ellos mujeres y niños, quienes fueron fusilados o ahorcados. Otros miles fueron deportados a la isla italiana de Ustica y a otras islas, donde casi todos murieron a causa del agotamiento o de diferentes enfermedades.

Durante más de 30 años, Libia fue colonia de Italia hasta la caída de Mussolini en la Segunda guerra mundial, llegando a haber casi 120.000 colonos, o sea el 13% del total de la población de entonces.

En la actualidad, bajo el manto de regímenes políticos que mantienen en lo fundamental la estructura de países semicoloniales, estos sitios son saqueados por capitales extranjeros, como la multinacional Italiana ENI (Ente Nazionale Idrocarburi ), una de las más poderosas compañías energéticas del mundo, que controla vastos yacimientos petrolíferos en estas tierras con grandes negocios entre las potencias imperialistas y los regímenes locales, como lo fuera la estrecha alianza y amistad entre Berlusconi - Kadafi.

La hipocresía con que hablan los gobiernos y los políticos capitalistas sobre los inmigrantes como "invasores" sería graciosa si el tema en cuestión no fuese un verdadero crimen social.

Genocidio es quizás la palabra mejor empleada para describir la historia de dominación de los países imperialistas de Europa sobre África. Con sus guerras de dominio y ocupación, su política de saqueo y hambre, la sangre de la población africana se extiende por tierra y se traslada al Mar Mediterráneo, donde tan sólo entre 1985 y 2013, según datos completamente ajustados, se encontraron 19 mil cuerpos.

Ninguna esperanza para resolver el problema de la opresión social y de las tragedias sociales como las que han sacudido al mundo en estos días puede cernirse en las resoluciones de Bruselas o cumbres de este tipo. Las diferencias que distintos gobiernos puedan llegar a tener responden sólo a los intereses de sus clases capitalistas y de acuerdo a cada coyuntura, se ubican más a izquierda con la demagogia "humanitaria" o abiertamente a la derecha con el cierre de fronteras, y la expulsión directa.

La única salida realista sólo puede provenir de que estrechen lazos los trabajadores italianos, los alemanes, los franceses, los griegos, los españoles, los africanos, los asiáticos, los americanos. Que se organicen, discutan y deliberen entre sí como sacarse de encima a sus gobiernos, cómo expropiar los capitales que los explotan y cómo terminar con la barbarie a la que son sometidos. Quizás en este momento concreto puede parecer una utopía, porque la existencia a uno y a otro lado de los continentes de organizaciones obreras en manos de burocracias que colaboran con sus Estados, es un obstáculo que lo impide. Pero basta también echar una mirada a la historia, para comprender que sólo hay que concentrar energías y recursos para sacarse ese estorbo de encima. La posibilidad, el número, la concentración y la capacidad de lucha de la clase obrera es hoy, más grande, extendida y poderosa que nunca.







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