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DECLARACION INTERNACIONAL

Italia: Ni con el gobierno de la derecha y la extrema derecha, ni con la UE del capital

Ante la formación del nuevo gobierno de la Liga-Movimiento 5 Estrellas en Italia, revolucionarios internacionalistas de varios países de Europa, integrantes de grupos pertenecientes a la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional y grupos simpatizantes, publicamos esta declaración en común.

Viernes 8 de junio | 09:41

Foto: el nuevo presidente del Gobierno italiano, Giuseppe Conte, con Matteo Salvini (líder da la Liga) y Luigi Di Maio (M5S). EFE/Ettore Ferrari

Con la jura como primer ministro de Giuseppe Conte en Italia el pasado 1 de junio, es la primera vez que en un país fundador de la Unión Europea llegan al poder fuerzas de extrema derecha y ‘populistas’ de derecha, que hicieron de la retórica euroescéptica una de sus banderas. El nuevo primer ministro, títere de Matteo Salvini (Liga) y Luigi di Maio (Movimiento 5 Estrellas), es portavoz de un discurso profundamente reaccionario y xenófobo.

La evolución de la situación política e institucional en Italia, así como la capacidad de resistencia que muestre el movimiento obrero italiano, serán claves para el futuro de la lucha de clases a nivel europeo y por lo tanto son de central importancia para los marxistas revolucionarios.

¿Quiénes son los partidos que forman el nuevo gobierno en Italia?

Los resultados de las elecciones legislativas del 4 de marzo en Italia fueron el reflejo de una crisis política, social e institucional profunda. Con el enorme retroceso electoral del Partido Demócrata (18,7%) de Matteo Renzi y el descalabro del berlusconismo (14%), quedaron derrotadas las dos principales fuerzas políticas que en los últimos veinticinco años administraron los negocios de la burguesía, aplicaron las recetas neoliberales en las décadas de 1990 y 2000 y los planes de austeridad pos-2008. Al mismo tiempo, y mientras desaparecía casi por completo la izquierda reformista en el plano electoral, los comicios del 4 de marzo mostraron el auge de dos fuerzas que se presentan como “antisistema”.

Por una parte, la Liga (ex Liga Norte) del ultraderechista Matteo Salvini, se impuso con el 17,3% de los votos por encima de sus viejos socios berlusconistas en la coalición que presentaba la derecha. Por la otra, se registró el ascenso impresionante de los populistas de derecha del Movimiento 5 Estrellas (M5S) del ex cómico Beppe Grillo y liderado por Luigi Di Maio (32,7%). Sin embargo, de esta peculiar situación no emergía ninguna mayoría parlamentaria ni bloque político alguno alrededor del PD, que sigue siendo el partido que tiene los favores de Confindustria, la gran patronal italiana, ni alrededor de los berlusconianos. En este marco se terminó conformando, luego de semanas de negociaciones e incertidumbre, un “contrato de gobierno” inédito entre la Liga y el M5S.

La ultraderechista Liga es representante de los intereses de la pequeña y mediana burguesía del norte del país, racista hacia el “Mezzogiorno” (el sur de Italia), así como de sectores similares en el centro-sur del país, ahora unidos bajo el nuevo perfil nacionalista de la Liga. En el último período, pretendió “desregionalizarse”, sacando “Norte” de su nombre original, para intentar conquistar nuevos votos en el Centro y Sur del país, proyectándose como un verdadero partido de dimensiones nacionales, a imagen y semejanza del Frente Nacional de Marine Le pen, gran amiga de Salvini. No por casualidad este terminó siendo elegido como senador por la circunscripción de Reggio Calabria, en el Sur del país. La base electoral del M5S está mayoritariamente en el centro y el sur del país, entre sectores populares desorientados y desilusionados luego de años de crisis, austeridad y traiciones electorales de los partidos tradicionales.

Una falsa alternativa a la crisis de los partidos tradicionales

Este ascenso preocupante de fuerzas derechistas reaccionarias no es sinónimo, sin embargo, de una oleada fascista, tal como es presentado por sectores de la izquierda europea. Por una parte, es el fruto de un gran malestar social ante las consecuencias de la crisis económica, y la descomposición de los viejos partidos tradicionales y de sus herederos, en especial la liquidación por su transformismo neoliberal, “blairización” o “macronización” de los partidos de origen obrero, en particular el Partido Demócrata.

Después de la disolución del Partido Comunista Italiano -el que fuera el Partido Comunista más grande de occidente-, un sector formó Refundación Comunista, una formación que desde mediados de los años ’90 y hasta 2006 se transformó en sostén de los gobiernos socialdemócratas de centroizquierda como el Olivo y más tarde apoyó a otras coaliciones de centroizquierda. Mientras tanto, otro sector del antiguo PCI pasó a integrarse en el Partido Demócrata (PD) junto con sectores socialdemócratas y socialcristianos. El PD de Romano Prodi, Renzi y Gentiloni, actuó como garantía de gobernabilidad del establishment junto con Berslusconi y aplicó una reforma laboral que liquidó grandes conquistas obreras. Por esta vía, abrió el camino al ascenso de la extrema derecha.

Por otra parte, este ascenso de la extrema derecha es la ilustración del fracaso en los intentos de reforma del régimen parlamentario italiano para resolver los elementos más estructurales de crisis de hegemonía imperante del gran capital en las tres últimas décadas.

En realidad, ni la Liga ni el M5S son partidos “antisistema”. Son más bien expresión de la crisis del sistema pero una respuesta dentro de su propio marco. La Liga Norte nace a fines de la década de 1980 y hunde sus raíces en el agrietamiento de la vieja I Répública, con el estallido de la Democracia Cristiana, la desaparición del PC y la decadencia del PSI. Fundado en 2009, el M5S tiene su origen en la crisis del bipartidismo PD-Berlusconismo con el cual el gran capital italiano intentó conformar un nuevo paradigma político (la II República) en los años ‘90 y 2000. Pero cuando llegan a posiciones de gobierno (desde los ‘90, en el caso de la Liga, gobernando Roma y Turín, desde 2016, en el caso del M5S), ambos movimientos repiten las mismas taras que los partidos tradicionales (traición a las promesas de campaña, corrupción, incompetencia, etc.). Esto vale particularmente para el M5S, que se presentaba como una fuerza ‘transversal’ y ‘absolutamente nueva’. El otro denominador común de ambas fuerzas radica en su “populismo” que se traduce en una completa disolución de cualquier análisis de clase, el método de dirección personalista de sus principales dirigentes y la extrema ambigüedad de sus posiciones políticas, que independientemente de una retórica antisistema, responde en lo económico a políticas neoliberales.

La forma en que, en su discurso, oponen “la gente” (los italianos, exclusivamente) a la “casta politiquera”, la demagogia “social” mediante la cual prometen amparar a los más precarios y pobres (siempre y cuando sean italianos, obviamente) y sus críticas a una Europa que sería la principal o la única responsable de la aplicación de la “austeridad” no hace de ellos fuerzas “populares” o “antisistema”. En este marco, las declaraciones polémicas del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, diciendo que “los italianos deben trabajar más, ser menos corruptos y dejar de culpar a la Unión Europea por todos los problemas de Italia”, no han hecho más que inflamar el descontento de la población con la UE, instrumentalizado por la extrema derecha para aumentar su influencia.

Durante la campaña ya se mostraron incoherencias y contradicciones entre los discursos más euroescépticos -teñidos por la idea del “Italexit”-, y las garantías que aportaron en las últimas semanas a la UE, con el rechazo a un posible referéndum sobre la UE y el euro que en otro momento habían defendido. Aun así, ni la Liga, y menos todavía el M5S eran, para los sectores más concentrados de la burguesía, lo suficientemente confiables como para entregarles el gobierno del país sin imponerles límites. De ahí el golpe de mano institucional del presidente Mattarella: tanto para poner un límite a las incoherencias de la Liga y M5S a nivel de su proyecto europeo como para demostrar dónde están los poderes fuertes a nivel de régimen, más allá de quién haya ganado las elecciones.

Mattarella "llama al orden" M5S y la Liga

Amparado en el artículo 92 de la Constitución italiana y en el marco de una fuerte inestabilidad de los mercados (caída de la Bolsa de Milán, aumento del “spread” italiano), el 27 de mayo Mattarella vetó, por sus posiciones euroescépticas, el nombramiento de Paolo Savona en el ministerio de Economía en el primer gobierno de Giuseppe Conte que había sido propuesto por Salvini y Di Maio el 23 de mayo. En su lugar, Mattarella propuso un gobierno técnico (encargado de votar un presupuesto y asegurar cierta continuidad política) encabezado por Carlo Cotarelli, ex alto funcionario del FMI entre 1988 y 2013. Su simple apodo, “Míster Forbici” (“Míster Tijeras”), atestigua de sus posiciones absolutamente rígidas en términos de ortodoxia presupuestaria y financiera.

La decisión tomada por Mattarella, un presidente electo por 609 diputados, senadores y concejales, en sustitución de la opción propuesta por los dos partidos que salieron ganadores de los comicios de marzo con 16 millones de votos era insostenible, tanto como llamar a elecciones anticipadas en caso en que Cottarelli no pudiera encabezar más que un gobierno técnico sin respaldo parlamentario mayoritario. Sin embargo, el golpe de mano de Mattarella permitió que Liga y M5S moderaran su discurso y sus exigencias en relación con la UE. Al final, se volvió a hacer cargo de la presidencia del Consejo Giuseppe Conte, hombre de paja de Salvini y Di Maio, ambos nombrados vicepresidentes, pero con Giovanni Tria (independiente, profesor de economía en Roma, ex miembro del Consejo de administración de la Organización Internacional del Trabajo), como ministro de Economía, y Enzo Moavero Milanesi como ministro de Asuntos exteriores, siendo ambos pro-europeístas.

El problema de la retórica euroescéptica de Di Maio y Salvini

Para los sectores más concentrados de la burguesía italiana, el problema no es el extremismo xenófobo de Salvini, sus posiciones proseguridad ni la mezcla de oscurantismo y “democracia” 2.0 del M5S, sino sus posiciones en relación con el euro y las reformas del mercado laboral llevadas hasta ahora en Italia. “Cuando llegue la hora de gobernar, o Salvini y Di Maio entienden que no pueden renunciar al marco europeo, que resulta absolutamente central, o las empresas dejarán el país”, plantea el portavoz de la patronal del Veneto, baluarte del voto liguista. “Existen algunos puntos que vigilamos con particular atención. Si llegara alguien a pensar en cuestionar las reformas laborales y volver hacia atrás, entonces las empresas dejarán el país e irán ahí donde está permitido trabajar”.

Desde este ángulo, tanto Salvini como Di Maio ya moderaron el tono más crítico que solían emplear cuando mencionaban la UE. Es muy probable que lo esencial de la política económica que lleve adelante el nuevo gobierno esté centrada en la continuidad con el precedente, encabezado por Paolo Gentiloni (PD). Seguramente garantizará un nuevo presupuesto de austeridad para el año 2019 y una reforma fiscal proempresarial (“Flat tax”), dejando en un segundo plano las promesas de reforma de la política agrícola (Liga) y la puesta en marcha de la “renta ciudadana” (limitada a los italianos, en todo caso), con el cual el M5S pretende responder a la honda crisis social que conoce el Sur del país. Persisten, sin embargo, tensiones importantes dentro de cada uno de los dos partidos que conforman el gobierno actual. Es el caso, del M5S, entre los ortodoxos y los neo-pragmáticos y progubernamentales de los cuales forma parte Di Maio, pero también entre quienes dudan en permanecer en el gobierno con una fuerza abiertamente ultraderechista e históricamente anti-Mezzogiorno. De ahí que Di Maio sigue prometiendo una reforma del “Jobs Act”, la ley de reforma laboral, votada bajo el gobierno Renzi en 2014 y que aumentó la precariedad. Salvini, por su parte, no puede dejar de lado su retórica más nacionalista y chovinista, por más que no esté dispuesto a romper con Bruselas ni menos con Roma, como se lo recuerda la gran patronal de las regiones del Norte, las más industrializadas del país.

No está descartado que el gobierno Liga-M5S italiano recorra, por derecha, la misma suerte que el gobierno de Alexis Tsipras en Grecia: que pasen de posiciones antiUE a convalidar todas las opciones acordadas anteriormente por los gobiernos precedentes con Bruselas. En todo caso, tanto la Liga como el M5S ya renunciaron a cualquier perspectiva explícita de “Italexit” o de renegociación de los tratados europeos que habían llegado a pregonar antes de llegar al gobierno.

La tentación del “Italexit”: aunque descartada por ahora, sigue siendo un espectro
La deuda italiana equivale al 131% de su PBI, una verdadera bomba de tiempo para su economía, que puede tener repercusiones en toda la zona Euro. Este es el contexto del nerviosismo europeo por los cambios políticos en Italia.

La propuesta de nombrar en un primer momento a Savona como ministro de Economía, lo que desembocó en la crisis de fines de mayo, no tiene solo que ver con la intransigencia de Salvini en su pulseada con Mattarella, ni con la retórica euroescéptica de Liga y M5S. Savona, en efecto, construyó su carrera en la dirección de Confindustria, la gran patronal italiana, así como en el seno de las principales instituciones bancarias del país. En los años 1990 y 2000 participó en los gobiernos de Carlo Azeglio Ciampi y de Berlusconi, como ministro o asesor. Lejos de ser una figura menor, representa la tentación existente en sectores de la patronal, y no solo de sus segmentos más subalternos y dependientes del mercado interno, de renegociar o hasta romper con una unión monetaria que perjudicó a partes de la burguesía italiana en el paso de la CEE a la UE y con la constitución de la Eurozona.

Durante décadas, en el marco de la Serpiente Monetaria Europea (1972-1979) y el Sistema Monetario Europeo (1979-hasta Maastricht y luego la entrada en vigor del euro) la burguesía italiana recurrió a devaluaciones competitivas para lidiar con sus socios y competidores europeos. En algunos sectores, se consolida la idea que una salida devaluacionista a la crisis, hoy en día vetada por el sistema monetario común, podría ser una opción.

Esta no es una posición hegemónica en la actualidad, ni siquiera tendencialmente mayoritaria, en las élites transalpinas. Sin embargo, el “caso Savona” expresa el grado de crisis en que se encuentra el proyecto europeo para un sector de la burguesía imperialista del continente y en Italia en particular.

El hecho de que Savona figure, a pesar de todo, como ministro de Asuntos europeos del gobierno Conte indica que la cuestión de la relación entre Italia y la UE ya no representa un tabú para sectores del establishment italiano. Si bien la “solución” extrema de una ruptura o de una renegociación podría llegar a adquirir coherencia para un sector de la burguesía, más aún en el marco del agrietamiento del cuadro multilateral internacional simbolizado por la elección de Donald Trump, para la clase obrera y los sectores populares, una devaluación representaría un duro golpe, a corto plazo, en términos de poder adquisitivo, independientemente de los “cientos de miles de empleos” que algunos prometen crear. Representaría, además, un callejón sin salida. Aun así, semejante posición tiene eco en corrientes de izquierda que insisten en la necesidad de recuperar la “soberanía” o “las llaves de la casa”, como plantea abiertamente Savona. En cierto sentido, aquel es el verdadero “padre” de las posiciones rupturistas por izquierda que estructuran sus proyectos políticos en distintas “etapas”, siendo la ruptura con la UE la primera.

Un gobierno atrapado entre el nacionalismo y los aprietes de la UE

En el seno de la coalición entre la Liga y M5S, Salvini es el que sale ganador. La Liga obtiene 7 de los 18 ministerios y secretarías del nuevo gobierno, mientras que el M5S solo ocupa 9, a pesar de un peso electoral más importante. Salvini es el que lleva la voz cantante en el gobierno, tanto en relación con las posiciones más reaccionarias sobre migración y refugiados, derechos civiles, seguridad y cuestiones policíacas o las cuestiones sobre la Unión Europea y relación con Berlín y París. Esta asimetría entre su peso electoral y su peso gubernamental, además de la carga simbólica anti-Mezzogiorno que lleva consigo la Liga (por más que haya renunciado al término “Norte” en el nombre del partido), también podría ser fuente de tensiones y de crisis en el nuevo gobierno. Por ahora, sin embargo, los mercados y, en particular, la Bolsa de Milán, volvieron a un curso más normal.

Con su apoyo explícito a Conte, Macron quiso indicar que Roma podía convertirse en un aliado en las veleidades del nuevo presidente francés para renegociar con Merkel modalidades renovadas de gobernabilidad de la eurozona. Es probable, sin embargo, que el gobierno italiano se trasforme en un peso muerto, más que en un interlocutor. En todo caso, luego de un momento de fuerte crisis e incertidumbre, más aun con la caída de Rajoy y el nuevo gobierno del PSOE de Pedro Sánchez (un gobierno que nace débil y deberá negociar cada ley en un Congreso fragmentado), mientras se está negociando los términos del Brexit y EE.UU. incrementa el nivel de agresividad de su política comercial, ni Merkel ni Macron podían permitirse el lujo de otra crisis gubernamental perdurable a nivel europeo, por más que ni Salvini ni Di Maio fueran sus opciones privilegiadas.

La respuesta del PD y de las izquierdas

Entre los sectores organizados del movimiento obrero y popular de centroizquierda y de izquierda reformista en Italia, dominan dos posiciones, igualmente equivocadas. Por una parte, la mayoría de la dirección de la CGIL, el principal sindicato italiano, que mantiene vínculos importantes con el Partido Demócrata y su escisión “social demócrata” Libres e Iguales (LeU) se ubicó en defensa del presidente Mattarella y del posicionamiento europeísta mayoritario de la burguesía italiana, en una suerte de “frente republicano” frente al ascenso de la extrema derecha.

Otro sector, de matriz reformista o más abiertamente estalinista, tendencialmente mayoritario en Potere al Popolo o que gravita alrededor de la corriente DeMa, cercana a las posiciones del alcalde de Nápoles Luigi De Magistris, insiste en la necesidad de renegociar los tratados europeos o romper con la Unión Europea y la NATO. Según esta posición “soberanista de izquierda”, se trataría de una etapa necesaria, separada de una lucha de conjunto contra el capital imperialista italiano, para recuperar la soberanía. Sería una fase ineludible para poder desplegar una política que rompa con la lógica austeritaria aplicada hasta ahora. Esta posición es una versión italiana, algo más soberanista aun, que la defendida por Jean-Luc Mélenchon y la France Insoumise, en Francia o, en su momento, por Syriza o Yanis Varufakis, actual patrocinador de DeMa.

Para los países imperialistas que componen la UE y comparten el euro, siendo Italia el tercer país más importante de la zona, Bruselas y el BCE representan instancias de coordinación de los intereses más concentrados de las burguesías centrales. En los países imperialistas, toda oposicion obrera y popular a la UE debe plantearse, antes que nada, combatir a la propia burguesia nacional, que historicamente y de manera independiente de los dictados de Bruselas,, basa sus privilegios sobre el ataque a sangre y fuego a los trabajadores y los pueblos oprimidos, tanto en el patio trasero semicolonial tradicional de aquellos países imperialistas como en el mismo seno UE, en los países de Europa central y oriental.

De igual forma, partiendo de un internacionalismo elemental, el movimiento obrero no puede apoyar a la Unión Europea del capital y la Europa-fortaleza como supuesta “alternativa democrática” ante el ascenso de las fuerzas reaccionarias de derecha que, en el caso de Italia, llegaron al poder.

La gran mayoría de los sectores organizados del movimiento obrero y juvenil en Italia se encuentran, lamentablemente, atrapados entre dos opciones equivocadas. Ante la reaccionaria UE como ante la ilusión etapista de una ruptura soberanista “por izquierda” con Bruselas (un “plan B a lo Mélenchon” o “a lo Varufakis”), los marxistas revolucionarios solo podemos defender la perspectiva internacionalista: contra la Europa del capital y al repliegue chovinista, en defensa de la perspectiva de la lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa.

La defensa incondicional de los migrantes, de la clase obrera nativa y extranjera y la lucha contra el racismo de Estado

El hecho que la consolidación del poder de la Liga no sea un sinónimo de ascenso fascista no significa de ninguna manera que el discurso racista y xenófobo y las medidas antiinmigrantes y discriminatorias que pretende aplicar Salvini no representen un grave problema para la clase trabajadora y la juventud en Italia. En el marco de la presión migratoria actual, en larga medida vinculada con la degradación del marco geopolítico internacional (en el arco mediterráneo, en Medio Oriente y en África en particular) y en la cual los imperialistas tienen una responsabilidad aplastante, los migrantes son estigmatizados como el chivo expiatorio de la crisis en Italia. Al mismo tiempo, la mano de obra extranjera es utilizada, sobre todo por la patronal del Norte del país, para rebajar los costos de producción y aumentar sus márgenes de competitividad. En algunos sectores, como en la logística, la clase obrera de origen extranjero y migrante representa la porción más combativa. En los últimos cinco años, mediante luchas y huelgas muy duras, aunque limitadas sectorialmente, llegó inclusive a obtener victorias importantes en términos de aplicación o mejoramiento de convenios colectivos.

En este marco, la cuestión de los migrantes está siendo instrumentalizada tanto para dividir las filas obreras como para intentar consolidar una base social reaccionaria del régimen entre los mismos sectores populares. El asesinato de Soumaila Sacko, joven bracero maliense y sindicalista combativo, en Calabria, el 2 de junio, en el marco de la campaña xenófoba y racista llevada adelante por el gobierno y Salvini, representa una señal de alarma en este sentido. Indica el desafío internacionalista y antirracista que han de encarar las organizaciones obreras, juveniles y populares para romper con las políticas reaccionarias de la Liga y el M5S, luego de tres décadas de políticas racistas y antimigrantes llevadas a cabo por el berlusconismo y, sobre todo, por el PD, cuando estaban en el gobierno.

La necesidad de una perspectiva anticapitalista y de la clase obrera

En las últimas elecciones, la mayor parte de la clase obrera, de los sectores populares y de la juventud terminó absteniéndose o votando al populismo de derecha o a la extrema derecha. Se trata del fruto de años de desilusiones con los partidos tradicionales y años de traiciones y complicidades de la burocracia sindical con las políticas de austeridad llevadas adelante por el PD. Lamentablemente, entre los sectores que componen las fracciones más combativas del movimiento obrero organizado, a nivel, por ejemplo, del sindicalismo de base que se negó a dar su apoyo a las formaciones reformistas Libres e Iguales o Potere al Popolo, en las últimas elecciones, no ha emergido una alternativa política, de la clase trabajadora y de la juventud, nativa y migrante, frente a las falsas opciones políticas burguesas europeístas o euroescépticas y para preparar la lucha contra el nuevo gobierno y la patronal.

Ante las reaccionarias políticas liberticidas y racistas que intentará aplicar el nuevo gobierno, ante las promesas de medidas “sociales” demagógicas que plantea el M5S y que no tardará en transformar en nuevos ataques a la clase trabajadora, frente a una crisis económica profunda y por la magnitud de la crisis orgánica que atraviesa el establishment, no descartamos que, a mediano plazo, se den las condiciones para nuevas luchas, obreras o en defensa de los derechos democráticos.

Frente a semejante escenario, los revolucionarios que intervienen en el sindicalismo de base, en la izquierda sindical y en el movimiento estudiantil y popular, tendrán que defender consecuentemente en su lucha cotidiana la opción de una alternativa política anticapitalista y revolucionaria. Es la única forma para que las luchas venideras triunfen o sirvan para preparar nuevas batallas y no sean el espacio a partir del cual intentará reconstruirse un reformismo impotente, furgón de cola del centro izquierda burgués como lo fue Refundación Comunista. Ya estamos viendo en el caso del Estado español, el devenir del neorreformismo de Podemos, que ha terminado siendo la muleta del PSOE para llegar al gobierno, comprometiéndose a apoyar “sin condiciones” el gobierno de un partido social-liberal que ha aplicado las políticas neoliberales y antiobreras durante los gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero.

Para reforzar la lucha y construir un proyecto que ponga como centro la hegemonía de la clase obrera en oposición tanto al nacionalismo reaccionario como a la izquierdista reformista europeísta o sus alas soberanistas, un primer paso importante sería avanzar en la formación de un frente anticapitalista que movilice y coordine a la vanguardia del movimiento obrero, de los jóvenes, de las mujeres y de los inmigrantes en lucha : para oponer el internacionalismo obrero tanto al fetichismo de la defensa de la Constitución italiana, como a los "planes B" para la gestión del capitalismo italiano. Para plantear, finalmente, la cuestión de qué clase social debería tener el poder para gestionar una salida a la crisis en favor de los trabajadores y las masas populares y oponerse al racismo y a la xenofobia de la Liga y el M5S.

Fracción Internacionalista Revolucionaria (FIR), Italia

Corriente Comunista Revolucionaria (CCR), Francia

Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT), Estado español

Organización Revolucionaria Internacionalista (RIO), Alemania






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