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CULTURA / DANZA

Isadora Duncan: la mujer que bailaba como el mar

Hoy se cumplen 140 años del nacimiento de la mujer considerada como la creadora de la danza moderna.

Joss Espinosa

@Joss_font

Sábado 27 de mayo | 15:37

Nacida el 27 de mayo de 1877 en San Francisco, California, Dora Ángela Duncan, conocida como Isadora Duncan, marcó un parteaguas en la danza y la cultura europea.

Después de una infancia difícil económicamente, y del trágico incendio que dejaría sin pertenencias a ella y su familia, se trasladaron a vivir a Londres en 1898 a los 20 años. Su madre que era pianista e impartía clases para mantener a su familia, tras el encarcelamiento del padre por fraude bancario, le transmitiría el gusto por la música, que se expresaría en su selección de piezas al bailar.

En Londres Isadora abandonó los estudios, sin embargo no dejó el interés por aprender: se internaba en las bibliotecas para leer y entre sus gustos destacaba la filosofía.

Sería ahí y visitando los museos que Isadora, inspirada en las figuras marcadas en el arte clásico griego, encontró las formas y figuras que caracterizarían su danza.

Rompiendo con los esquemas de la danza ya desde pequeña se fijaba en figuras libres y fluidas, ella misma sostuvo que los movimientos de las olas del mar, en las cuales encontraba un refugio, eran la inspiración para la soltura de su cuerpo al bailar. A pesar que desde pequeña era retraída e introvertida, en realidad expresaba mucho más mediante su danza.

Su danza estaba impregnada de movimientos libres. Moviéndose a razón del viento y de su corazón, Isadora plasmaba su pasión en cada una de sus piezas, que eran improvisadas e irrepetibles, ya que no tenía guiones ni reglas. Se destacó a pesar de que no tenía formación en la danza.

La innovación de Isadora no solo se localizaba en los movimientos y la fluidez con la que bailaba, sino también en la música que empleaba en su danza, utilizando piezas que no eran consideradas para la misma. Esto la llevaría a volverse famosa y presentarse en los grandes salones de la aristocracia británica, y posteriormente a recorrer Europa. También levanto varias academias en distintos países.

Escribió dos libros, una autobiografía titulada Mi vida publicada en 1926, y El arte de la danza . Este último fue publicado póstumamente y allí habla de la danza interpretativa y la innovación que en ese terreno realizó.

Isadora, nos solo se consideraba libre al bailar, sino que se consideraba libre de pensamiento, declarándose atea y partidaria del amor libre y bisexual. Esto la llevaría a no mantener relaciones largas, incluso su único matrimonio con un poeta ruso, duró sólo tres semanas. Producto de esas relaciones decidió ser madre soltera: dos de sus hijos murieron en un accidente automovilístico.

Esta grande de la danza nos dejaría el 14 de septiembre de 1927, al ahorcarse con una pieza de seda que llevaba en el cuello, al atorarse con la llanta de carro en el que viajaba.

La soltura, libertad, fluidez y pasión en la vida y danza de Isadora, no sólo la volvieron un icono importante del siglo XX. Sino que hasta nuestro días, queda su legado, como la mujer que se atrevió a liberarse a ella y a su danza.






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