TRIBUNA ABIERTA

Inundaciones en Tucumán: antropogénesis de un crimen socioambiental

En este artículo analizaremos las verdaderas causales de las inundaciones. Uso especulativo de los recursos naturales y el modelo de producción agrícola. Ambas parten del modo de pensar de sus ejecutores: empresarios que buscan las máximas rentabilidad y ganancia con la mínima inversión posible.

Paula Paéz

Facultad de Arquitectura y Urbanismo - UNT

Miércoles 12 de febrero | 18:00

En la madrugada del sábado 8 de Febrero, comenzó a llover de forma intensa y continua en Tucumán, anegando numerosas poblaciones. Esta vez, el Noreste de Tucumán fue en general el sector más afectado por las lluvias, representado por los departamentos de Burruyacú, Cruz Alta, Leales y Simoca. En particular, las poblaciones de Pampa Pozo y Puerta Alegre, próximas a Gobernador Garmendia, en Cruz Alta, fueron las más afectadas por el agua.

En Cajón, poblado situado en el pedemonte de Sierra Medina, en el departamento de Burruyacú, se llegó a medir la caída de precipitaciones de hasta 200 mm en un lapso muy corto de tiempo. Otras poblaciones también afectadas fueron Boca del Tigre, Los Chañaritos, Tala Pozo, Finca Mayo, Los Pérez, Los Ralos, Ranchillos, Campo La Flor y Los Puestos.

Esto implicó que casi un centenar de personas hayan sido evacuadas, mientras otras quedaron aisladas en sus casas, impedidas y cercadas por el paso violento del agua.

Descripto hasta aquí el panorama de las consecuencias que van dejando las lluvias, analizaremos las verdaderas causales de las inundaciones, fenómeno producto exclusivo del accionar humano. Básicamente, ese conjunto de acciones se agrupa en el uso especulativo de los recursos naturales y el modelo de producción agrícola, es decir el agronegocio. Ambas parten del modo de pensar de sus ejecutores: empresarios que buscan las máximas rentabilidad y ganancia con la mínima inversión posible.

La extensión de la frontera agrícola

En pos de obtener mayores volúmenes de producción de azúcar y limón, buscando la cercanía a un curso fluvial - que significa disponer de agua constante para riego - y en tierras con las mejores condiciones agroecológicas, se han cultivado áreas (prohibidas para tal uso) de márgenes de ríos de la cuenca del río Salí y sus subcuencas. Este cambio en el uso del suelo tiene graves consecuencias: pérdida de bosque nativo, desmoronamiento de márgenes de ríos al perder la raigambre-soporte de su vegetación nativa, rectificación de cursos fluviales (pérdida de meandros originales de un río), erosión hídrica, contaminación hídrica, ahondamiento del cauce que ante intensas lluvias anegan las zonas aledañas, cambios en el nivel del caudal, cambios en el contorno de ríos, arrastre de sedimentos y árboles que pueden taponar puentes aguas abajo (incluso hasta su caída y aislando poblaciones), canalizaciones para riego erróneas que pueden volver “inundable” una zona que antes no lo era.

También se ha extendido dicha frontera sobre el pedemonte de Sierra Medina por ejemplo, y no casualmente se han dispuesto los cultivos en el mismo sentido del agua de deshielo de dichas sierras, en pos de favorecer la escorrentía del agua hacia la llanura.

Respecto a la extensión, es pertinente citar a Juan José Natera Rivas y Ana Ester Batista Zamora (Departamento de Geografía de la Universidad de Málaga) sobre la evolución del sector agrícola en Tucumán, pues ambos concluyen:

“...en los últimos decenios se ha registrado un importante proceso de diversificación productiva en el Este provincial, ligado a la demanda internacional y a la expansión de la frontera agraria. Su principal protagonista desde el punto de vista espacial ha sido el binomio oleaginosas/granos, equivalente a soja (hoy en su mayor parte transgénica) y trigo (en menor medida maíz) como rotación de la misma, y ha supuesto el que ambos grupos, de la mano de la soja, abarquen la fenomenal cifra del 59% del total de la superficie roturada provincial; una favorable coyuntura exterior, mejoras en el material genético y cambios en las labores culturales se encuentran entre los principales factores que subyacen en esta situación. Los cambios que esta expansión ha supuesto en la distribución departamental de los grupos de cultivos son evidentes: los extremos norte y sur de la provincia están dominados por este binomio, al tiempo que la caña ha dejado de ser el cultivo predominante en los departamentos orientales (Cruz Alta, Leales y Simoca), aunque aún está presente en sus distribuciones de cultivos. Sin embargo, esta situación -extrapolable a otras provincias del NOA y del área pampeana- está siendo contestada desde distintos sectores por sus implicaciones no sólo sobre el sector agrario, sino aún sobre el conjunto de la sociedad argentina.

También espoleado por la demanda internacional, el grupo de los frutales, de la mano de los cítricos, ha ido poco a poco ganando terreno a la caña de azúcar en los departamentos del piedemonte tucumano, hasta el punto en que en 2002 se resuelven como monocultivo en Tafí Viejo y Yerba Buena. Hoy son limones los que fundamentalmente conforman el monte cítrico provincial, tras quedar arrasados por la plaga de la tristeza los naranjos que anteriormente eran los mayoritarios; la importancia de la producción limonera, tanto de fruta fresca como de derivados de la misma obtenidos en el propio Tucumán, no es sólo nacional, sino que la provincia es uno de los mayores abastecedores mundiales de estos productos. Sin embargo, en el proceso de expansión de esta actividad agroindustrial los pequeños productores están siendo progresivamente expulsados (una situación similar a la de la soja), al tiempo que capitales internacionales controlan porciones cada vez más significativas de este complejo productivo, todo lo cual proyecta en cierta forma sombras sobre una actividad tradicionalmente muy arraigada en el sector agrícola tucumano, y que además hoy se resuelve como el rubro agrario más rentable de la provincia.”

Obras devenidas en “contra-civiles”

En un contexto así, una obra civil necesaria y construida adecuadamente, como lo son los terraplenes donde se asientan rutas o vías ferroviarias, resultan funcionando como “muros de contención” del agua de lluvia, colaborando a la inundación de una zona que anteriormente tenía buen drenaje.

Los puentes también modifican a los cursos fluviales, angostando su cauce, y pueden taponarse y así anegar zonas cuando no se derrumban y son también arrastrados aguas abajo.

Por otro lado, no es raro pensar que la casi desaparición de las “estaciones de monitoreo” de cursos fluviales, que servían justamente para tener un seguimiento de los mismos y controlarlos y alertar sobre anomalías, ocurra en paralelo con la expansión agrícola en el Este tucumano. Para explicar lo planteado: en Argentina existe la Red Hidrológica Nacional, cuyos parámetros hídricos quedan registrados en la llamada “Base de Datos Hidrológica Integrada”, a la cual tiene gratis y libre acceso toda persona vía consulta por internet. Allí se muestra en general el mapa argentino con todas las estaciones que recogen los datos, aclarando si están activas o no. Para Tucumán, y en particular la zona este hoy afectada, sólo hay 3 estaciones activas, de las cuales una no registraba parámetros, otra tenía sus últimos parámetros que databan del año 1951 y la tercera tenía registros últimos de fines de noviembre de 2019. Entonces, hay muy pocos registros, lo que da cuenta del deficiente control y gestión del recurso hídrico.

Desmonte y deforestación

El talar árboles nativos, sobre todo en sector de pedemonte, en pos de extender la frontera agrícola o para lucrar con la renta producto de la especulación inmobiliaria -modificando así también el uso del suelo- es una pérdida ecosistémica invaluable, y una causal directa de las inundaciones, ya que favorece la escorrentía e incide en los cambios del ciclo del agua de todo ecosistema.

Según Matilde Malizia, Licenciada en Trabajo Social y Doctora en Ciencias Sociales con orientación en Geografía (ex-becaria de CONICET), más del 85% de las urbanizaciones cerradas de Tucumán se hallan en el Municipio de Yerba Buena.

El avance de estos emprendimientos privados sobre áreas destinadas a usos agrícolas (en general, cañaverales) y espacios verdes -como en la ladera del cerro San Javier, en el límite Oeste- se evidenció cada vez más con el transcurso de los años. El fenómeno comenzó en 1978 con el “Country del Golf”, luego hubo un crecimiento acelerado a partir del año 2000, y en 2007 sumaban 49 urbanizaciones cerradas. En 2017 ya eran más de 60. La lógica del crecimiento desde los años 70 hasta los 90, era que aumentaban de a 5 por década. En cambio, en el 2000, con la crisis económica, es el boom de las urbanizaciones cerradas en Tucumán, y aumentan de forma exponencial, pues grandes terrenos eran de bancos o de gente con dinero en bancos, y al no poder recuperar ese dinero, se lo cambió por terrenos loteados. Como actualmente no hay más espacio en Yerba Buena, se están expandiendo a Tafí Viejo, o San Pablo.

Hoy el paisaje urbano de Yerba Buena se caracteriza por fisuras que resaltan la pérdida gradual de espacios verdes y por la debilitada conexión entre los distintos sectores del municipio.

Las inundaciones son evitables

Pasan los gobiernos y las inundaciones en Tucumán continúan. A esta altura la no resolución de esta problemática expresa un desprecio de los distintos gobiernos de turno, del peronismo, de cambiemos y el bussismo. Son cómplices de que no se avance en soluciones que no permitan que el interior de la provincia se inunde cada vez que llueve fuerte, que barrios enteros queden anegados por la rotura de puentes y las familias más humildes pierdan lo poco que tienen.

Es necesario declarar la emergencia hídrica en la provincia y desarrollar un plan de riesgo hídrico, con la participación de los vecinos afectados, organizaciones medioambientales, estudiantes y expertos de la UNT. Con el objetivo de investigar y penalizar la existencia de modificaciones en el curso de arroyos y canales por los grandes empresarios agrícolas. A su vez debería contemplar un nuevo sistema de monitoreo de zonas inundables, la construcción de obras civiles y un plan de vivienda para las familias que se asientan en zonas inundables. También es necesario delimitar con claridad el tipo de actividad permitida en el pedemonte y establecer límites para el crecimiento de la ciudad y de la frontera agrícola para que no entre en contradicción con el desarrollo de los bosques y terreno absorbente.







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