Política

INUNDACIONES

Inundaciones en Pergamino: entre la falta de obra pública y los negocios empresarios

Cientos de evacuados frente a la peor inundación de los últimos 20 años. Lejos de una “catástrofe natural” quedan expuestas las responsabilidades de los gobiernos del FPV y Cambiemos. La solidaridad se organiza desde abajo.

Elisa Bonanno

Docente

Martes 27 de diciembre de 2016 | Edición del día

Miles de vecinos de Pergamino están viviendo la peor inundación de los últimos 20 años, luego de aquélla trágica jornada de abril de 1995. El saldo de esta inundación son 300 evacuados según cifras oficiales. Pero hay centenares más que se han autoevacuado en casas de familiares y vecinos solidarios, con la incertidumbre de dejar atrás lo poco que tenían. O se quedaron en los techos de sus casas tratando de cuidar lo poco que pudieron salvar. Las pérdidas económicas para miles de pergaminenses son invaluables.

Este no es un caso aislado producto de una “lluvia extraordinaria”. En agosto del año pasado cientos de pergaminenses también tuvieron que ser evacuados, así como sucedió en numerosas ciudades del noroeste de la Provincia de Buenos Aires. Las pérdidas económicas también fueron importantes.

En aquel entonces, el gobierno de Daniel Scioli del FPV se excusó en las inclemencias climáticas para explicar la tragedia. Poco más de un año pasó. Cambió de signo el gobierno y ahora María Eugenia Vidal de Cambiemos visitó la ciudad. Los gobiernos pasan, los argumentos se repiten. Los problemas de la población se quedan.

La represión de los de arriba, la solidaridad de los de abajo

Desde la tarde del 25 de diciembre se venía hablando de la cantidad de agua que había caído sobre la ciudad y el temor de una inundación aparecía nuevamente. Unas horas más tarde, la lluvia no cesaba y el agua avanzaba en el arroyo Pergamino. En la madrugada del 26, los vecinos comenzaban a recurrir a la única alarma que conocen: su propia experiencia. La municipalidad de Pergamino no declaraba ningún estado de alerta y tampoco advertía a la población de la inminencia del desbordamiento del arroyo.

Durante la mañana, las calles cercanas al arroyo sufrían las consecuencias de la inundación y, otra vez, la ausencia del municipio en los rescates era la regla, ningún organismo del estado se hizo presente en las zonas más críticas. Cansados de esperar soluciones, algunos vecinos se juntaron para manifestarse y exigir baños químicos, agua, abrigos, colchones, cortando parcialmente la ruta 8. Ante este reclamo, las autoridades del estado se hicieron presentes, pero para reprimir a los damnificados con balas de goma y gases.

Durante la tarde del 25 y la mañana del 26, la población de Pergamino en su conjunto se organizó para ayudar a los damnificados a través de las redes sociales y el boca a boca. En las calles se veían ir y venir a ciudadanos que voluntariamente se acercaban a llevar alimentos, ropa, agua y donaciones a los diferentes centros ocupados de la distribución. En los momentos críticos en los que el agua avanzaba, muchos se movilizaron para sacar a los vecinos de las casas, levantar muebles y tratar de salvar algunas pertenencias, mientras el municipio seguía siendo el gran ausente. Otra vez más, queda claro que ante las situaciones críticas es la fuerza de la solidaridad de la población la protagonista.

Las inundaciones son de nosotros, las sojitas son ajenas

Mientras la ciudad atravesaba la crisis, el intendente Javier Martínez – Cambiemos-, declaraba ante AM 950 Belgrano que las lluvias eran algo “inusual” en la zona atribuyéndole a la inundación un carácter de catástrofe natural, pero, en la misma declaración, sostenía que: “Cada vez que sucede eso, ocurre algún anegamiento porque el agua que escurre de los campos termina desembocando en nuestro arroyo, que termina desbordando y anega algunos barrios”.

Esto deja en evidencia que no hay obras de infraestructura y un crecimiento descontrolado de los canales clandestinos. No es ninguna novedad entre los vecinos de la ciudad, quienes afirmaban en la calle: “acá lo que hace falta es más obra pública”, “todavía falta que baje el agua de los campos”.

Martínez, en la misma nota, remataba: “es una ciudad que vive del campo y la agroindustria, las pérdidas económicas se ven reflejadas en las inundaciones que sufrieron los campos. Esperemos que las pérdidas no sean significativas". Toda una confesión de los intereses para los que gobierna el municipio. La complicidad de funcionarios y empresarios con el modelo agrario hace que crezcan las ganancias de estos sectores a expensas del bienestar de la mayoría de la población.




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