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Interna ajustada y nuevo debate demócrata

Después de Iowa, con empate ajustado para los demócratas y tres candidatos encabezando la larga lista republicana, se acerca la votación en New Hampshire. La segunda parada de las internas promete ser tan intensa como el puntapié de la campaña electoral.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Viernes 5 de febrero de 2016 | Edición del día

Lo que dejó Iowa y lo que se viene en New Hampshire

Después del ajustadísimo triunfo de la exsecretaria de Estado Hillary Clinton sobre el senador por Vermont Bernie Sanders en Iowa, se realizó un nuevo debate el jueves 4 en New Hampshire.

Iowa dejó mucho más que resultados y porcentajes. El mensaje antiestablishment y el cansancio con la elite política tuvo expresión en las internas de ambos partidos. En el Demócrata, con el virtual empate entre Clinton y Sanders, que solo alcanzó la diferencia de 0,2 puntos y adelanta un elección sin favoritos claros. En el Republicano, con una lista (demasiado larga) encabezada por dos candidatos que no gozan del apoyo del establishment del partido: Ted Cruz respaldado por el Tea Party, que sorprendió al quedarse con el primer lugar en Iowa, y el millonario Donald Trump.

Los caucus de Iowa dejaron también un tendal de “bajados”. Por el lado demócrata, O’Malley que no llegó siquiera al 1 % y por el lado republicano, Mike Huckabee se había bajado el mismo lunes de la elección, y lo siguieron Rick Santorum y Rand Paul que bajaron sus respectivas candidaturas. La carrera republicana se ha corrido tan a derecha que el senador por Florida Marco Rubio (tercero en Iowa) es presentado por varios como potencial beneficiario del apoyo del establishment partidario, tradicionalmente conservador moderado.

Mientras la carrera demócrata se concentra en dos competidores, los republicanos vuelven a una pelea con demasiados contendientes.

La pelea se agudiza en la interna demócrata

El debate en New Hampshire volvió a centrarse en la pelea entre el “progresismo posible” de Clinton y la “revolución política” de Sanders. Lejos quedó el primer debate amable y gentil, este nuevo cruce tuvo momentos agitados y acusaciones cruzadas.

Sanders arrancó refiriéndose quienes se sienten alejados del proceso político por la urgencia de sus problemas económicos y la incidencia de las corporaciones en la política. Clinton puso el acento en “construir sobre lo conquistado” y el “progreso posible”.

La ubicación de los candidatos es clara. Clinton quiere presentarse como la continuidad de los “avances” de los dos gobiernos de Obama, y Sanders se presenta como el cambio, empezando por su propia campaña financiada en gran parte por pequeños donantes y miles de voluntarios. Y el senador de Vermont aprovechó todas las oportunidades para cruzar a Clinton por su relación con Wall Street, uno de los ejes de su ataque.

Clinton defendió con uñas y dientes su trayectoria, y se mostró como la “progresista con resultados concretos” que no hace promesas imposibles de cumplir.

Sanders la describió la como “la candidata del establishment” mientras él se presentó como el “candidato de la gente común”. Insistió en su “revolución política”, que más que medidas revolucionarias consiste en una serie de denuncias correctas de la elite política y económica, y se dirige a los desencantados con la política “oficial” demócrata, especialmente a los jóvenes, muchos de los cuales han vivido gran parte de su vida gobernados por las familias Clinton y Bush.

Cruces similares, aunque menos agitados, se repitieron alrededor de la “guerra contra el terrorismo” o las negociaciones con Irán. Mientras Clinton sacó a relucir su experiencia como secretaria de Estado, Sanders planteó que la experiencia no era suficiente y destacó a ISIS como la amenaza más urgente. Ambos defendieron los marcos del acuerdo con Irán.

Aunque como en otros debates, la retórica encendida de Sanders y las críticas de su campaña pusieron en un lugar incómodo a Clinton, la exsecretaria de Estado aventajó al senador en política exterior.

Hacia el final, la pregunta sobre la pena de muerte puso en un lugar incómodo a Clinton, que la defendió, y le brindó una oportunidad a Sanders para denunciar las ejecuciones de miles de jóvenes afroamericanos, condenados injustamente.

Favoritos, encuestas y apoyos

El senador Sanders es favorito en New Hampshire (por su tradición liberal y su cercanía con Vermont). Y aunque las encuestas ya mostraron sus límites en las primarias de Iowa, varias lo ubican cerca del 60 %.

Lejos de resultar perdedor en Iowa, Bernie Sanders ha cosechado nuevos apoyos como el del expresidente del partido Demócrata en Carolina del Sur Richard Harpootlian. Este apoyo de alguna manera expresa un sentimiento extendido con respecto a Clinton: “Hillary no es un agente de cambio, quiero decir, su eslogan de campaña debería ser ‘Es mi turno’”, según palabras de Harpoolitan. Su apoyo es significativo en un estado donde la comunidad negra posee un gran peso en el electorado demócrata, y la campaña de Clinton apuesta a un triunfo. Según Real Clear Politics, Clinton casi duplica en porcentaje a Sanders (62 % - 32,5 %).

Aunque Clinton se mantiene como favorita, especialmente entre el electorado tradicional demócrata afroamericano, latino y entre las mujeres, Sanders conquistó a la juventud e incluso a sectores de trabajadores.

También se espera que este viernes Sanders reciba el apoyo del expresidente de la NAACP (asociación por los derechos de los afroamericanos) Ben Jealous. Con este respaldo, Sanders busca crecer en un sector clave para la nominación demócrata que hasta ahora le ha sido esquivo. Mientras Clinton recibe el apoyo del 74 % de la comunidad negra en Carolina del Sur, Sanders solo cuenta con el 17 % (NBC News).

A pesar de la ventaja de Clinton entre los votantes negros y latinos en estados clave como Carolina del Sur y Nevada, su pertenencia a la elite política y a una de las familias que se ha alternado con los Bush en el gobierno sigue siendo un pesado lastre. Su candidatura, que parecía segura al lanzarse en abril de 2015, hoy se enfrenta a un competidor que tiene de su lado el descontento que ha motorizado los movimientos sociales del último tiempo (Occupy Wall Street, el salario mínimo, y en menor medida Black Lives Matter).

Entre los republicanos, las encuestas señalan a Trump como ganador en New Hampshire, y a Rubio y Cruz peleando por el segundo lugar. El sábado 6 se espera un nuevo debate republicano.

Queda por definirse el peso que tendrán los factores demográficos en las internas, pero todo indica que en New Hampshire volverán a expresarse, por izquierda y por derecha, el desencanto con las “dinastías” y el apoyo a los “outsiders”.







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