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OPINIÓN

Insólito: la CGT quiere frenar la reforma laboral de la mano de Pichetto

La dirigencia cegetista se reunió con el jefe de los senadores del PJ-FPV, votador serial de leyes macristas y operador de la reforma laboral de Menem. ¿Nace la CGT pichettista?

Viernes 6 de octubre | Edición del día

Estaban un poco apretados, es cierto, pero no había caso. Había varios que querían salir en la foto. Y el despacho de Miguel Angel Pichetto era el lugar elegido para esa postal que pinta hacia dónde va el peronismo, político y sindical.

Allí se reunieron, en la tarde de este jueves, el jefe del bloque y varios senadores del PJ, junto a los miembros del triunvirato y varios popes de la CGT.

Hay que hacer, por lo menos, dos lecturas. Una sobre cómo se acomodan los distintos sectores del peronismo a casi dos semanas de la elección. Otra, sobre la “estrategia del movimiento obrero organizado” para enfrentar las reformas y ajustes que se vienen.

Dónde acomodarse en la crisis peronista

La reunión fue la primera “acción directa” del triunvirato después del confederal del martes pasado.

Aunque no tenía “mandato” para la tertulia con Pichetto, la CGT llevó una delegación representativa. Daer, Acuña, Schmid, Gutiérrez, Martínez. Gordos, independientes, barrionuevistas y moyanistas. Votantes de Massa, Randazzo y Cristina.

Del lado de los senadores, junto a Pichetto, también estaban los distintos tonos. “Traidores” como Bossio y Urtubey, randazzistas como Abal Medina y Aguirre, y senadoras hasta hace poco alineadas con el kirchnerismo, como Riofrío.

En ese escenario, lo principal no era discutir “la situación del movimiento obrero” sino dar un mensaje político. Y los popes del sindicalismo peronista no solo se sacaron la foto sino que ellos mismos le pusieron epígrafe: "reconocemos al Senado como una de las instancias institucionales fundamentales que tiene el peronismo para su reconstrucción" (Héctor Daer).

El día anterior, recordemos, ya habían estado en el mismo despacho, también para la foto, tres intendentes de Unidad Ciudadana (Menéndez, Nardini y Magiotti).

Entonces, ante la crisis del peronismo y la desdibujada candidatura de Cristina, las imágenes de estos días hablan más que las palabras. Si la foto de los intendentes kirchneristas era un anticipo de que las listas de UC están llenas de futuros “traidores”, la de la CGT confirma cómo ya se tejen las alianzas entre los poderes “reales” del PJ-FPV: senadores, gobernadores y sindicalistas.

Justo las “instituciones” que han sido los pilares del pacto de gobernabilidad con Cambiemos.

Pichetto conducción: agarrate el bolsillo

Pero en la reunión se discutió de la futura reforma laboral. No se puede ocultar. De hecho, Héctor Daer llevó una serie de consignas que serían parte del programa “inclaudicable” de la CGT ante los planes de Macri. La vigencia de la ultraactividad y la integridad territorial de los convenios colectivos, también de la ley de Contrato de Trabajo y de los convenios, el rechazo a modificaciones en el sistema de salud y la defensa del modelo sindical argentino.

El programa es casi una contradicción en sus términos. En los últimos años la mayoría de los sindicatos ya han entregado sus convenios, con cláusulas flexibles, “desintegrándolos” no solo por región sino hasta por empresa, y entregando las obras sociales y la salud obrera al lucro privado.

Pero eso no quita que Cambiemos quiere lanzar un ataque mayor aún a la condición obrera. Ya lo adelantó. Y de hecho lo está aplicando, como lo ha hecho en Petroleros el amigo de Pichetto, Guillermo Pereyra.

Por eso, para entender cuál es la estrategia de la CGT “pichetista”, más vale: saber leer sus palabras y conocer sus antecedentes.

Al salir de la reunión, el jefe del bloque de senadores del Frente Para la Victoria resumió el contenido: "no vamos a votar normas que afecten al mundo de los trabajadores, pero sí aquellas en las que el sindicalismo acuerde con el Gobierno". O sea, abrió el “período de sesiones ordinarias”, en las que el sindicalismo peronista va a negociar cuánto está dispuesto a entregar de las conquistas obreras. Y a cambio de qué. Ya el gobierno adelantó que su objetivo no será necesariamente presentará una ley sino que es posible que impulse acuerdos sectoriales.

Si es así, la diatriba de la CGT se parece a aquel perro que ladra furioso en la puerta de entrada mientras deja libre la del fondo.

Y por sus antecedentes, es mucho más preocupante. Pichetto y su bloque han sido uno de los mejores aliados del Gobierno para negociar y aprobar decenas de leyes de ajuste y entrega. Ojo: para esa estrategia quieren más diputados en octubre las distintas variantes del peronismo.

Pero además, fue el gran operador de Carlos Menem en la reforma laboral de 1998. Pichetto fue uno de los senadores que negoció durante agosto de ese año con – que casualidad – Daer, Martínez, Lingieri y otros eternos burócratas sindicales, la 25.013. Es más, Pichetto fue quien amenazó por esos días que si no salía por votación lo haría por decreto. Todavía peor, después que la CGT entregó la ley, Menem les vetó los pocos artículos que habían mendigado.

Pasaron casi 20 años, pero los protagonistas y sus estrategias no han cambiado. La “oposición” peronista y sus hombres en los sindicatos se preparan para traicionar otra vez al movimiento obrero.








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