Política México

DEBATE SOBRE MARIHUANA

Iniciativa de Peña Nieto para legalizar uso medicinal de la marihuana y despenalizar el consumo

Contempla legalizar el uso medicinal y científico de la hierba y también aumentar los gramos de posesión para el consumo privado.

Jimena Vergara

@JimenaVergaraO

Jueves 21 de abril de 2016 | Edición del día

Luego de participar en la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Problema Mundial de las Drogas 2016, el presidente de México, Enrique Peña Nieto (EPN), envió al senado una propuesta de ley para legalizar el uso medicinal de la marihuana y aumentar significativamente el gramaje para el consumo privado.

Si bien ya se había permitido la posesión de 5 gramos de cannabis – cantidad excesivamente baja que por la vía de los hechos mantenía en la criminalización a los consumidores- , la iniciativa actual eleva el gramaje a 28 cifras.

Y además se legaliza su uso medicinal y para investigación científica. El anuncio se da a unos días de que el presidente mexicano hiciera inéditas declaraciones ante la ONU desmarcándose del modelo “prohibicionista” impuesto por Estados Unidos que ha primado en la política de seguridad de los gobiernos mexicanos y que EPN respetó “al pie de la letra”.

La estrategia de seguridad del gobierno mexicano en crisis

Dicha iniciativa se da en un contexto de desgaste de la llamada “guerra contra el narcotráfico” en México que ha dejado a su paso más de 200 mil muertos (según cifras de organizaciones sociales y de Derechos Humanos), miles de desaparecidos y de desplazados.

Y también en el marco del fuerte cuestionamiento internacional al gobierno mexicano por la desaparición forzada de 43 normalistas de Ayotzinapa en septiembre del 2014 donde hay evidencia de que participó el ejército, la policía federal y el crimen organizado.

El Ejército mexicano, después de más de diez años de militarización, ha sido de las instituciones estatales más golpeadas por el persistente malestar social por sus perniciosos efectos. Violaciones sistemáticas a Derechos Humanos y denuncias recurrentes de la asociación del Ejército con el narcotráfico han signado la administración de Enrique Peña Nieto y la jefatura de Salvador Cienfuegos en la Secretaría de la Defensa Nacional.

A tal punto ha llegado el descrédito castrense que apenas la semana pasada, el mismo Cienfuegos tuvo que pedir una disculpa pública por un caso brutal de tortura perpetrado por dos militares y un policía federal cuya evidencia en video se hizo viral en redes sociales.

Detrás de la decisión de EPN puede estar por un lado que, en el principal receptor de estupefacientes producidos en México que es Estados Unidos, se ha legalizado el consumo en más de una decenas de estados. Y también la presión imperialista para poner orden en el patio trasero norteamericano que se verificó tanto en el “regaño” del Papa Francisco al poder político en México en su última visita, como en las recientes declaraciones de Hillary Clinton para resolver expeditamente el caso Ayotzinapa.

De fondo está el hecho de que el proyecto estratégico de la burguesía mexicana, llevado hasta sus últimas consecuencias por el PRI en el gobierno y anclado en la subordinación estructural, económica y política a Estados Unidos requiere de mayor estabilidad para seguir ofertando la ultra precaria mano de obra mexicana para las trasnacionales, en particular norteamericanas.

Ha sido por la vía de recibir una masiva Inversión Extranjera Directa (IED) que México se subió al carro de la recuperación norteamericana convirtiéndose en los últimos años en la plataforma de exportación manufacturera e industrial del Tratado de Libre Comercio (TLC).

El saldo para las masas laboriosas del campo y la ciudad de la “guerra contra el narco” es terrible. Con la proliferación del narco, se gestaron fenómenos monstruosos al calor de la penetración imperialista que se extendieron del norte al centro del país como el feminicidio y la trata. El Estado mexicano estableció una asociación directa con el crimen organizado para sostener uno de los negocios capitalistas más rentables del planeta, que genera ganancias millonarias e insólitamente rápidas, actuando en los márgenes de la legalidad pero con la complicidad de las instituciones.

Los 3,200 kilómetros que comparte México con Estados Unidos, se convirtieron en una zona de tráfico sistemático de mercancías, estupefacientes y personas. Mientras México recibe de Estados Unidos una masiva inversión de capitales. No es casual que el rostro más descarnado de esta relación se haya gestado en Ciudad Juárez y las ciudades fronterizas, con grandes concentraciones obreras en las condiciones más precarias y sometidas al flagelo de la descomposición social y estatal: el sicariato, el feminicidio y la trata.

Es prematuro saber si el gobierno mexicano retrocederá en los aspectos más agresivos de su estrategia de seguridad. Pero lo que es cierto es que las principales víctimas de la militarización son los trabajadores, los pobres urbanos, las mujeres y los jóvenes, atrapados en la espiral de violencia que engendra la penetración imperialista y la propia reproducción del capitalismo mexicano.







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