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Indignación de artistas e intelectuales independientes contra el festival Suena Caracas 2016

Es la indignación por "el poco pan y el mucho circo", entendido esto último como el "mucho gasto en baratijas culturales" para desviar el foco de la crisis.

Humberto Zavala

Venezuela | @1987_zavala

Lunes 14 de noviembre | 22:54

Hace una semana circula la noticia de la aprobación de recursos para la realización del festival latinoamericano Suena Caracas 2016, anunciado para el próximo 25 de noviembre al 3 de diciembre, anuncio que desde el primer momento ha venido suscitando fuertes cuestionamientos, ya no tanto con argumentos de derecha (bajo la lógica de que "el Estado debe limitar su gasto en cultura"), sino también "por izquierda". Las críticas se ventilan en las redes sociales, especialmente Facebook y lo expresan artistas e intelectuales independientes y de base.

Desde la página aporrea un articulista se lamenta "Que falta de respeto tan grande. Aunque no tan grande en magnitud como el hecho de pagar USD 60.000 millones en la inmoral deuda externa... Esta burla no tiene nombre".

Otro tanto se cuestiona desde la red social Facebook el artista plástico Orlando Salero, miembro fundador del Colectivo de arte y música Bariquía. "En medio de la situación económica, política, social y cultural que vive el país realizar el Festival Suena Caracas es una burla en la cara de todos los venezolanos. Un evento que es mas circo que pan, un evento de este tipo auspiciado por el gobierno donde paralelo a este espectáculo hay hospitales sin medicinas, colegios sin agua y comidas, desabastecimiento en todas las redes de distribución de alimentos públicos y privados, prisiones en total decadencia y una inseguridad sin precedente... Mira Jorge Rodriguez tu y tu Suena Caracas te los puedes llevar a tu diván".

En un sentido análogo expresa desde su cuenta de Facebook Omar Vázquez Heredia, ex profesor excluido por razones políticas de su cargo en la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV): "Según datos oficiales el ’Suena Caracas’ va tener un costo de 2 millones de dólares, que gastan en espectáculos con bandas extranjeras cuando las clases populares sufren un ’hambre soberana’ como dijo Alí Primera. Una tonelada de arroz tiene un costo aproximado de 384 dólares y una tonelada de trigo tiene un costo aproximado de 123,2 dólares. Con esa cantidad de dólares pudieron comprar 5208 toneladas de arroz o 16233 toneladas de trigo, pero los altos burócratas no tienen problemas para acceder a los alimentos: todos sabemos que la cantidad de bolsas de comida que necesitan y desean les llegan hasta sus oficinas. Por eso su prioridad es el circo para seguir aparentado normalidad, mientras el pueblo trabajador padece la crisis del capitalismo venezolano".

Dichas opiniones y críticas ponen a la defensiva el espectro de artistas alineados al gobierno, que se expresan en los términos: "Yo estoy de acuerdo con ellos en que se hagan críticas, pero estoy en desacuerdo porque nos invisibilizan a nosotros" -dirá a su vez el músico Leonel Ruiz con la cobertura que le da la radio del gobierno, es decir, respondiendo a quienes con sus críticas "invisibilizan" a los artistas nacionales y populares que -como él- sí están dispuestos a participar y legitimar de conjunto, tanto el festival como la decisión del gobierno de desembolsar la millonaria suma.

Es notable que uno de los flancos de fuerte crítica es la cancelación de los altos honorarios que exigirían exponentes de la industria cultural capitalista, como lo serían Prince Royce, Farruko, Sixto Rein, etc., en momentos de aguda crisis económica. Esta lógica se extiende al modo en que con programas radiales de música salsera (como el que acaba de inaugurar el presidente Maduro), entre otras cosas, el gobierno intenta encubrir la profunda gravedad de la crisis.

Controversias como las que vienen levantando algunos intelectuales y artistas independientes frente a la cooptación -por un lado- de artistas y cultores por parte del Gobierno, y -por el otro- contra la industria cultural capitalista y el gasto excesivo del Estado en ellas, son síntomas de esa misma necesidad de que artistas e intelectuales comiencen a ligar su suerte a la de las necesidades más acuciantes del pueblo trabajador y a partir de ella, al desarrollo cultural en un plano muy superior.




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