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47 ASAMBLEA DE LA OEA

Inauguran actividades Videgaray y Almagro: el objetivo, intervención en Venezuela

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, y el canciller mexicano, Luis Videgaray dieron inicio a las actividades de la asamblea. En sus primeras declaraciones, ratificaron su intención de que se vote su documento sobre la crisis venezolana, que propone la injerencia de un grupo de la OEA.

Lunes 19 de junio | 15:22

El 31 de mayo pasado en Washington había quedado sin resolución la Reunión de Consulta de la OEA en torno a la crisis venezolana. Ahora, los peones de la administración Trump en la asamblea buscan imponer el documento elaborado en Washington.

Luis Almagro y su tocayo Videgaray dieron una conferencia de prensa conjunta. Allí el titular de Relaciones Exteriores de México señaló que el objetivo es que “se apruebe un solo documento”. Y admitió que la delegación mexicana ha estado operando para conseguir la mayor cantidad de votos posibles a favor de la propuesta liderada por Estados Unidos, y que promueven México, Canadá y Panamá.

Hasta ahora, de los 35 miembros de la OEA, 14 respaldan el documento que impulsa la injerencia de este organismo en la crisis venezolana y otros 14 promueven el otro, que pone énfasis en el diálogo interno y a soluciones decididas por los venezolanos. Para llegar a una definición, se debería llegar a resolutivo aprobado por 23 gobiernos.

De acuerdo con Videgaray, los tres escenarios posibles para hoy son: que se consiga aprobar un resolutivo por consenso o por mayoría simple; que la reunión de Consulta defina delegar el tema a la Asamblea General o que decida que el tema no está agotado y la Reunión de Consulta –con la que el gobierno de Maduro no está de acuerdo– continúe en otra oportunidad.

Por su parte, Luis Almagro, quien oficia como vocero de los intereses de Washington, declaró que “el abordaje de la OEA va a seguir siendo necesario para resolver los requerimientos de democracia y derechos del pueblo de Venezuela”.

Defendió “En el continente los procesos democráticos se han mantenido con fortaleza y vigencia salvo en un país donde se ha quebrantado la institucionalidad democrática. Esto no es intervención ni injerencia”.

Así expresó el secretario general de la OEA la ofensiva de la administración Trump para imponer una salida a la crisis venezolana que favorezca a los capitales internacionales que codician el petróleo y los recursos naturales de Venezuela. Una política orientada a establecer un gobierno en ese país que esté alineado con Washington al 100%.

Asimismo, Almagro destacó los ejes del documento que promueve la línea de Washington: un cronograma electoral que programe los comicios legislativos que quedaron pendientes; dejar sin efecto el plan de Maduro de convocar a una nueva asamblea constituyente; respeto a la integridad y autonomía de los poderes legislativo y judicial; liberar a los “presos políticos” y facilitar un canal humanitario para hacer llegar a la población medicinas y alimentos. Todas medidas para que, según el secretario general de la OEA, Venezuela recupere “la institucionalidad democrática”.

En apariencia, la posición manifestada por Videgaray, es menos dura que la de Almagro en el discurso. Señaló que la salida de la crisis debe obtenerse mediante el diálogo “en primer lugar entre venezolanos y también con la coadyuvancia de la comunidad internacional”.

No obstante, en lo esencial mantiene alineación con la línea de Washington, algo coherente con la subordinación del gobierno de Peña Nieto a Estados Unidos, una de cuyas principales expresiones es la aplicación de las reformas estructurales para dar marco “legal” al avance en la expoliación de los recursos de México, así como profundizar la precarización laboral de la clase trabajadora.

En este marco, Videgaray, además de respaldar las declaraciones de Almagro, exhortó al gobierno de Maduro a que “reflexione” sobre la pertinencia de la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, que ha generado “mayor polarización” en Venezuela.

Cualquier injerencia estadounidense en la región merece el repudio de la clase trabajadora y los sectores populares de América Latina. El avance de Washington en Venezuela dejará a la administración Trump y a las trasnacionales estadounidenses en mejores condiciones para avanzar en la militarización del continente, en la expoliación y el saqueo de recursos.

A su vez, como se explica acá, es importante señalar que ni el gobierno de Maduro –que está aplicando un ajuste sobre las mayorías– ni la derecha venezolana –alineada con Washington– proponen salidas a la crisis que atiendan las necesidades del pueblo trabajador.

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