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UNA SEMANA DEL LEVANTAMIENTO CATALÁN

¡Impulsemos asambleas en todos los centros de estudio, trabajo y barrios! Por la amnistía, contra la represión y por procesos constituyentes para decidirlo todo

Tras una semana de históricas movilizaciones, con una vanguardia juvenil combativa y una gran huelga general ¿Cómo seguimos? Es hora de fortalecer la autoorganización, definir desde las bases un plan de lucha y pelear por procesos constituyentes impuestos desde la movilización social.

Martes 22 de octubre | 19:28

EFE/Alejandro García

Una movilización que ya es histórica

Este lunes se cumplirá la primera semana del levantamiento catalán. Las movilizaciones contra la sentencia del procés han reabierto de forma aguda la principal brecha del Régimen del 78. Cientos de cortes de vías de comunicación, el bloqueo de los accesos del aeropuerto, decenas de manifestaciones en ciudades y pueblos, huelgas estudiantiles y una gran huelga general el pasado viernes, que culminó con una masiva manifestación en Barcelona donde confluyeron las cinco “Marxes per la Llibertat”. Esta inmensa movilización demuestra que el pueblo catalán mantiene firme su voluntad de defensa de los derechos democráticos aplastados por el bloque monárquico, la libertad de todos los presos y presas políticas y retomar la lucha por el derecho de autodeterminación.

Marlaska y Buch encabezan la represión

La reacción del Estado ha sido la de redoblar la represión del derecho de manifestación y asociación. Miles de policías nacionales y guardias civiles han sido trasladados, para junto a los Mossos d’Esquadra reprimir brutalmente y de forma generalizada las manifestaciones y protestas. El saldo es de más de 600 heridos, 194 detenidos y 18 personas en prisión preventiva. También en Madrid la UIP cargó contra las dos movilizaciones de apoyo a Catalunya de esta semana, deteniendo a 15 personas. Además, la Judicatura ha continuado su ofensiva abriendo una investigación, a instancias del ministerio del Interior, contra Tsunami Democràtic por el delito de terrorismo.

En esta escalada represiva, el Govern, con su conseller d’Interior Miquel Buch, ha estado a la cabeza. Tanto JxCat como ERC se han sumado a la campaña de criminalización de los miles de jóvenes que han resistido a la represión policial durante horas en estas jornadas. El Govern ha solicitado junto a la Fiscalía prisión provisional para 18 de ellos y han coordinado junto a las fuerzas del Estado todos los operativos represivos. Demuestran así que han decidido ser un engranaje más del nuevo marco autoritario que impone el bloque monárquico y la sentencia, en la que los derechos democráticos fundamentales quedan aplastados a golpe de porras, pelotazos y gases.

Una juventud que rompe con el viejo “procesisme”

A la cabeza de estas jornadas han estado decenas de miles de jóvenes. Han vaciado las aulas, bajado de sus barrios y llenado las calles. Han resistido a la violencia policial como nadie se esperaba. Los antidisturbios pensaban que venían a pegar abuelas y abuelos como el 1-O y se encontraron con sus nietos y nietas. Una nueva generación que en una parte importante nació a la vida política en el otoño de 2017 y que ha hecho una experiencia con la dirección del procés en la que no confía. Ni en sus métodos, ni en su retorno al autonomismo, ni mucho menos visto el rol de represores que están jugando ahora.

Un fenómeno que empalma con el malestar de aquellos a los que la crisis social y el régimen no les ofrece nada más que precariedad y represión cotidiana, y que empalma con otros similares que estamos viendo en otros lugares del mundo como la juventud que lucha por el clima, la ecuatoriana que estuvo a la cabeza en la revuelta contra los ajustes neoliberales o ahora la chilena en pleno levantamiento contra el gobierno derechista de Piñera.

La huelga del 18-O: la clase obrera quiere ser parte de esta lucha democrática

El otro gran hecho fue la jornada de huelga del viernes 18, a pesar de la negativa de CCOO y UGT a convocarla, y lamentablemente también incluso de la CGT. Con un nivel de acatamiento más alto que el 3 de octubre y realizada no como un paro acordado con la patronal y el Govern. El puerto estuvo cerrado todo el día por los estibadores, se cancelaron más de 60 vuelos, el metro funcionó a la mitad, el sector público quedó semiparalizado -en especial la educación- y la industria del interior. Asimismo, los cortes de carretera impidieron que MercaBarna o la misma SEAT pudieran operar. Una demostración de que sectores significativos de la clase trabajadora quieren ser parte de esta lucha con sus propios métodos.

Unidas Podemos, CCOO y UGT ¿piensan dejar pasar este ataque a los derechos democráticos?

Unidas Podemos ha optado por dar la espalda a este levantamiento y asumir la sentencia y el nuevo marco represivo que impone. Iglesias llamó a acatarla y Echenique dijo que los antidisturbios estaban solamente haciendo su trabajo. Los Comunes no han llegado tan lejos, pero se han negado a tomar parte de ninguna movilización y Ada Colau ha estado a la cabeza de la criminalización de la resistencia juvenil. Se suman a este nuevo consenso reaccionario y se siguen negando a llamar a ninguna movilización en solidaridad con Catalunya. Hay que exigirles que lo hagan de inmediato, y toda la izquierda del Estado, empezando por los sectores de IU que no comparten esta política y Anticapitalistas, deberían denunciarla, exigir un cambio de rumbo, a la vez que son parte de poner en pie un gran movimiento de apoyo en Catalunya en las universidades, institutos, centros de trabajo y barrios. Y lo mismo con las direcciones sindicales. Debemos exigirles que condenen la sentencia, convoquen actos de protestas en los centros de trabajo -como ya han hecho algunos sindicatos vascos- y se sumen a las movilizaciones que se realicen.

La necesidad de la autoorganización para definir la “hoja de ruta “de la juventud, la clase obrera y los sectores populares

Toda esta energía ha pillado por sorpresa a los agentes del régimen. Que el movimiento democrático catalán retome la lucha, con estos sectores juveniles a la cabeza que despiertan una simpatía en otros mucho más amplios, y con acciones de masas y protagonismo obrero como la huelga general, es un obstáculo para los planes de cierre reaccionario por arriba de su crisis orgánica. Más aún, por la creciente desconfianza en la dirección procesista que abre la posibilidad a que se busquen nuevas “hojas de ruta” más independientes del Govern y sus partidos.

El sector que está a la vanguardia de la lucha, la juventud, es en su mayoría estudiantes de secundaria, FP y universidad. Es clave que toda esa energía se transforme en organización, para lo cual las organizaciones estudiantiles deberían convocar asambleas en todos los centros de estudio y trabajar porque se desarrollen y coordinen. El SE y el SEPC tienen esta responsabilidad, así como el activismo independiente de las facultades, para que el movimiento estudiantil entre en escena como tal, delibere y decida las siguientes acciones.

La izquierda sindical tiene también una gran responsabilidad. La IAC y la CSC hicieron posible la huelga del 18. La ausencia de asambleas y la negativa del resto de sindicatos a convocar hizo que la adhesión a la huelga fuera individual en muchos centros de trabajo. Hay que exigir en primer lugar a toda la izquierda sindical que se sume a esta pelea y prepare una nueva huelga general. La CGT esta vez debería ser parte convocante como en 2017. A la vez hay que exigir a las direcciones de CCOO y UGT que se sumen y no dejen pasar este ataque a los derechos democráticos sin precedentes. Y que todos ellos pongan en pie también asambleas en los centros de trabajo para organizar y discutir un plan de lucha.

Por otro lado, la CUP sigue separándose del Govern y apoya las movilizaciones, proponiendo que se impulsen asambleas populares contra la represión en todo el territorio. Ha llamado a una asamblea de cargos electos democráticos que quieran pelear por la amnistía, las libertades y el derecho a decidir para definir un plan de lucha. Pero ¿no sería más democrático que ese plan fuera definido desde abajo, por medio de la elección de representantes de esas asambleas antirrepresivas en los barrios, pueblos, centros de trabajo y estudio? También está proponiendo una mesa internacional para la resolución del conflicto en base a esos tres ejes democráticos. Una propuesta que no queda definida -¿quién integraría esa mesa?- y deja la puerta abierta a que se recree la ilusión de que la solución puede venir de la mano de la intervención de organismos supranacionales -como la UE o la ONU- o incluso otros gobiernos imperialistas. Si algo demostró 2017 es que solo mediante la autoorganización y movilización independiente de la clase trabajadora y el pueblo se podrán conquistar estas reivindicaciones democráticas.

En definitiva, la izquierda sindical, estudiantil y política, empezando por la CUP, tiene hoy una responsabilidad y oportunidad histórica. Es urgente desarrollar asambleas contra la represión en todos los centros de estudio, de trabajo y barrios, que elijan representantes y se coordinen a nivel local, comarcal y de toda Catalunya, y que se convoque una gran asamblea general en la que poder discutir democráticamente los siguientes pasos y objetivos del movimiento.

Conquistemos la amnistía y el derecho a decidir imponiendo con la movilización un proceso constituyente sobre las ruinas del Régimen de 78

Impulsar la autoorganización que describíamos es algo fundamental para que la movilización esté realmente en las manos de los sectores populares, y no teledirigida -convocada o desconvocada- por direcciones a las que nadie ha elegido y quieren llevarnos a un nuevo callejón sin salida como en 2017: la presión para que el Estado se siente a negociar. Pero también porque, si el centro lo ocupa la clase trabajadora y sus métodos, junto al resto de sectores populares y la juventud, se podrían sentar las bases para poder enfrentar la ofensiva del Estado y hacer posible el ejercicio efectivo del derecho a la autodeterminación.

Conquistar la amnistía, las libertades democráticas y el derecho a decidir, solo será posible si imponemos por la más amplia y contundente movilización un proceso constituyente verdaderamente libre y soberano. Donde elijamos a un representante cada 10.000 habitantes, que cobre el sueldo medio de una maestra y que sean totalmente revocables. Una asamblea donde podamos ejercer efectivamente el derecho a decidir, sacar a los presos políticos de las cárceles y acabar con la represión, pero también resolver los grandes problemas sociales. Podamos discutir y tomar medias como la nacionalización de los pisos de los especuladores para acabar con el problema de la vivienda y los desahucios, la nacionalización de la banca y las grandes empresas estratégicas -que además ya demostraron en 2017 que no dudarán en hacernos la guerra económica, la reducción de la jornada laboral hasta acabar con el desempleo, el fin de todas las formas de precariedad y la reversión de todos los ajustes y privatizaciones, entre otras medidas urgentes.

Un proceso de este tipo no va a ser otorgado por el Estado español, ni por la gracia de una mediación internacional. Tampoco por una Generalitat vaciada de soberanía por la ofensiva del 155 y la entrega de la dirección procesista. Solo será posible lograr su convocatoria y defender sus resoluciones desde los organismos de autoorganización que pongamos en pie para conquistarla. Y al mismo tiempo serviría de un gran impulso para que en el resto del Estado se reavivara la lucha contra el Régimen del 78 y la misma pelea por procesos constituyentes de este tipo contra la Monarquía y su democracia para ricos.

Un programa y una estrategia de este tipo es la opuesta a la que proponen desde 2012 los partidos de la burguesía y la pequeñaburguesía del “procesisme”. Contra su “hoja de ruta” de la ley a la ley, o de la desobediencia institucional que demostró toda su impotencia en 2017 cuando se topó nada menos que con el Estado, hay que oponerle otra que haga eje en el desarrollo de la movilización social con la clase trabajadora al frente. Para que esta “hoja de ruta” sea la que oriente este gran movimiento, es imprescindible que la izquierda anticapitalista que compartimos esta perspectiva avancemos en construir una organización revolucionaria que pelee por ella en las empresas, facultades e institutos.

Esta es la única “hoja de ruta” realista para conquistar tanto las demandas democráticas pendientes como todas las demandas sociales urgentes que son el trasfondo del malestar juvenil, obrero y popular que explica las razones de fondo de la crisis del régimen.

La lucha por asambleas constituyentes libres y soberanas, impuestas mediante de la lucha obrera y popular, no sólo harán más conscientes a las mayorías sociales de su poder social, abrirán al mismo tiempo el camino para que se desarrolle una verdadera democracia de las y los trabajadores y la conquista de la república catalana socialista, como parte de la lucha por una libre federación de repúblicas obreras con el resto de pueblos del Estado. Esta es la perspectiva por la que peleamos en la CRT.







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