Sociedad

CONTRA-REFORMA PREVISIONAL

Imaginate que sos jubilado

Imaginate que sos jubilado. Puede ser cualquier día. Puede ser hoy.

Viernes 1ro de diciembre | Edición del día

Imaginate que sos jubilado. Puede ser cualquier día. Puede ser hoy. Vos, jubilado, vas al médico. El médico te receta un estudio urgente. Para poder hacerte el estudio lo tenés que autorizar. Para autorizarlo tenés que ir a la otra punta de la ciudad. En realidad, hay una delegación más cerca de tu casa, pero a vos te toca la otra, la más lejana y no se sabe por qué. Te duele todo, pero no tenés para taxi y ninguno de tus hijos te puede acompañar, porque están trabajando. Vas en colectivo.

Llegás, esperás una hora hasta que te atienden. Te dicen que te falta sacarle fotocopias a la receta, te dicen que tenés que cruzar la calle, hacer tres cuadras hasta la fotocopiadora y volver a hacer la cola de vuelta. ¿No tienen para sacar una fotocopia en el Pami? No, no tienen. Haces todo mientras te duele todo: no te queda otra, sos jubilado.

Mientras esperás, de vuelta, con la fotocopia sacada, pensás que así te pasas la vida, esperando, haciendo cola. Cola para hacer trámites, cola para conseguir las verduras o el queso más baratos, cola de tres horas bajo el sol para cobrar… y encima ahora te dicen que vas a cobrar menos. Todas esas horas, esperando y esperando, ahora valen menos. Reforma previsional, le dicen, pero suena más a Recorte previsional, suena más a “hola señor, que viejo que está, ¿por qué no se muere más rápido?”… si, suena más a eso. Pero le dicen “reforma previsional”.

La votaron los senadores del gobierno y también los peronistas. La votaron casi todos. La acordaron los gobernadores y los dirigentes sindicales. Algunos dirigentes ahora dicen que no están de acuerdo pero vos los viste por la tele haciendo un paro medio flojo, haciendo una marcha que se levantó enseguida y los dejó a los del Senado votar tranquilos. Y ahora vos estás ahí, esperando en el Pami que esos senadores y esos dirigentes nunca van a pisar, con tu fotocopia recién sacada y pagada de tu bolsillo, esperando y esperando, y pensás que no solo las horas sino los años, los treinta años que aportaste, valen menos, valen casi nada. Pero ¿cuánto valieron esos treinta años en cada uno de los lugares en los que trabajaste? ¿Cuántos impuestos, servicios y alquileres pagaste con tu trabajo, durante treinta años? ¿cuántas ganancias se hicieron con tu trabajo? ¿Cuánta gente se llevó esas ganancias? ¿una? ¿dos? ¿cuántos dirigentes sindicales se hicieron ricos gracias a tu trabajo? ¿Cuántos pedazos de tu cuerpo, de tu salud, de tu mente, dejaste mientras trabajabas o mientras ibas a trabajar? ¿Cuántos hijos no criaste? ¿Cuántas horas al año no pasaste con ellos? ¿Cuántas cosas no viste, no leíste, no estudiaste? ¿Alguien se encarga de contar esas cosas? No. Esas cuentas no valen. En cambio, sí cuentan hasta el último centavo de la jubilación que te dan, como si te hicieran un favor. ¡Treinta años! ¿Cuánto valen ahora? Un poco más de siete mil pesos. Siete mil mugrosos pesos. Tres ceros, nada más. Treinta años, tres ceros. ¿Cuántos ceros tiene la jubilación de privilegio de Rodriguez Saa por solo dos días de “aportes” como presidente? ¿Cuántos ceros tendrá la jubilación de Cristina Kirchner? ¿Cuántos ceros tiene la de Menem? ¿Y la de los jueces? No sabés, pero estás seguro de que son más de tres: por algo le dicen “de privilegio”.

Imaginate, imaginate que sos jubilado. Imaginate que se aprobó la (contra) reforma previsional con los votos de macristas y peronistas. Ahora imaginate que sos vos, la persona que está leyendo esto: ¿qué opinás? ¿qué vas a hacer?








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