Volanta: Rosario, la ciudad de los pibes sin calma

IRAR: instituto de pena y homicidios para pibes pobres

Muy lejos de las enormes torres con vista al rio, símbolo y expresión de la “década ganada”, se encuentra el IRAR, el Instituto de Recuperación del Adolescente de Rosario. El inconsciente burgués de la ciudad ampulosa donde se esconden las agudas contradicciones, la precariedad de la vida, el acoso represivo a la juventud, que solo se expresan o se manifiestan en la páginas de la sección de policiales del diario La Capital.

Miércoles 29 de octubre de 2014 | Edición del día

El 24 de octubre de 2012, Fabian Lucero un joven interno del IRAR fue encontrado ahorcado con una sábana atada los barrotes de su celda. Fabian, de 16 años, compartía celda con dos internos, uno de ellos era su cuñado. Lo encontraron los celadores a la madrugada. Se impulsaron movilizaciones y se volvió a rediscutir la cuestión del encierro a los jóvenes, pero el caso todavía no está esclarecido. El 16 de diciembre de 2011, ocurrió lo mismo con Jonatan Retamoso, un joven de 16 años que fue encontrado de la misma manera, colgado con una sábana al cuello. Según la jueza, Retamoso falleció por asfixia, pero su padrastro, Juan Carlos Alonso denunció que el cuerpo de Jonatan estaba todo golpeado. "Estaba desfigurado. El cuerpo tenía los labios pegados con la gotita, el cráneo hundido y el tabique nasal no existía.

Tenía tres tajos en el gemelo de la pierna izquierda, hematomas en la cara, y la rótula de la pierna izquierda no existía".

El IRAR alberga alrededor de 40 chicos, entre 16 y 18 años. Es un espacio en transición, donde los jóvenes cumplen una medida cautelar sin sentencia. La mayoría caen por robo calificado, y algún que otro caso de asesinato .Hay un recambio permanente de los jóvenes, hay pibes que están un día, otros que están un mes o un año. Le pregunté a una trabajadora cuantos chicos volvían a la institución o volvían a reincidir, y me dijo que “más o menos de los 40 chicos que están, el 50% son reingreso”. “Si un pibe egresa de IRAR, ¿cómo lo vas a recuperar si no te dan trabajo, si la escuela te excluye, si el centro de salud no te aloja? Lo único de lo que podes trabajar es de soldadito, porque no hay otra”.

El Instituto está compuesto por una plantilla de civiles, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, acompañantes juveniles, y una plantilla de guardia cárceles. Se llevan a cabo distintos talleres de herrería, de electricidad, de carpintería, de yoga y de serigrafía, incluso hubo un taller literario a cargo del fallecido escritor Fabricio Simeoni. El problema, según los propios trabajadores es que los tallerista “se terminan yendo porque no les pagan”.

En los últimos 4 años, fallecieron 40 jóvenes que pasaron por IRAR, según el “Colectivo de investigación militante sobre los jóvenes y el poder punitivo” compuesto por trabajadores del mismo. El relevamiento fue hecho a partir de las notas de los diarios que van desde el 10 de febrero de 2010 hasta julio del 2014, mirando las noticias de policiales e identificando los nombres, los apodos y barrios. Un trabajo de hormiga porque la justicia no tuvo intención de colaborar.

En agosto pasado, el IRAR volvió a ser noticia, esta vez una orden judicial ordenaba el traslado de los menores a cárceles comunes debido a las condiciones precarias del instituto. Esto derivo en un rechazo de un amplio arco de organizaciones sindicales, sociales y políticas. “Ni siquiera los pibes quieren irse del IRAR, mira si van a querer ir a una cárcel de adultos” me dice otra trabajadora del lugar. “y después empieza todo de vuelta, pintan, limpian y si me preguntas dentro de 4 meses, mandan otra orden igual. El joven es un problema y a la vez es el portador de todos los problemas de la sociedad porque es el blanco más vulnerable. Esto es de ahora y de siempre, también porque los jóvenes son el motor de cambio”.

Los voluntariosos trabajadores del IRAR deben lidiar contra las condiciones que le imponen la provincia y la nación. Precariedad edilicia, suicidios o suicidados por los celadores, precarización laboral y encierro de la juventud de los barrios más azotados por la pobreza, en el contexto de un periodo de ganancias extraordinarias que sólo la vieron los mismo tipos que habitan las torres y los countrys de Rosario y que exigen militarizar más la ciudad. El estado no quiere recuperar a los pibes, solo quiere esconderlos.







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