Economía

ECONOMÍA

IPC, coyuntura económica y emergencia social

Subida del IPC, coyuntura económica e incertidumbre. Frente a la pérdida de poder adquisitivo, la necesidad de un programa para los trabajadores.

Carlos Muro

Zaragoza | @muro_87

Martes 28 de febrero | 21:04

Foto: Getty

La inflación, medida en el Índice de Precios de Consumo (IPC), se situó en febrero en el 3%, marcando el sexto mes consecutivo de tasas positivas. Como adelantábamos en Izquierda Diario a principios de enero, esta situación se da después de una tendencia general a la baja de precios desde finales de 2013. El último tramo de 2016 marca ahora una tendencia al alza, en comparación con el mismo tramo de 2011 -que llegó a situarse al 3,8%, 2012 -3,5%- y 2013 -llegando al 2,1%-. Años donde la economía europea, y en particular la española, se tambaleaba.

En los grandes medios de comunicación la principal explicación sobre la subida de precios se debe a la elevación del valor de la energía. Coyunturalmente podemos afirmar que es así. Según La Vanguardia, la subida de los precios de la energía ha repercutido sobre el resto de componentes, elevando el coste de vida de la población. Por un lado, se ha producido un repunte de los carburantes -el barril de Brent se sitúa entre los 55 y los 60 dólares-, y por otro lado, ha habido un aumento en los precios de la electricidad.

Las previsiones, según Funcas, son que los precios se mantendrán elevados hasta mayo para luego ir disminuyendo, situándose los precios entre el 1 y el 2%.

El alza en el valor general de los productos coincide a su vez con signos de desaceleración de la economía española, que durante los últimos dos años venía evitando la recesión, pero manteniendo desequilibrios internos en un contexto internacional muy cambiante. El “por qué” de esta coincidencia aún está por determinar.

Una primera hipótesis sobre el alza de precios es que, efectivamente, la subida del precio de las energías ha repercutido en el alza del resto de mercancías. Más aún cuando la economía española es muy dependiente energéticamente. Pero esto es una situación coyuntural, como reconocen varios medios económicos, ya que en los próximos meses los precios tenderán a “equilibrarse”. Ahora bien, no volveremos a un IPC en negativo sino a un IPC que podría situarse entre el 1 y el 2%, como decíamos anteriormente.

Según el BBVA Research, la demanda interna viene desacelerando el consumo de las familias y la inversión de las empresas en maquinaria y equipo. Además “los siguientes meses darán una idea de qué tanto de la fijación de precios en la economía española continúa reflejando la evolución del índice general y qué tanto atiende a la situación particular de las empresas, consumidores o del mercado laboral”. Esto puede adelantar que sectores capitalistas dedicados al mercado interno se vean con la “necesidad” de aumentar los precios para mantener u obtener mayores ganancias, incluso a pesar de la devaluación salarial.

No hay que confundir lo “coyuntural” con la dinámica general

¿En qué contexto económico se encuentra la subida del IPC? La coyuntura actual de la economía española viene marcada por la salida de la recesión y de los momentos más críticos de la crisis capitalista internacional.

Hasta ahora el pequeño y frágil crecimiento económico español es ayudado por las enormes ganancias del sector del turismo y las exportaciones. En particular, las exportaciones han mantenido su crecimiento amortiguando, a su vez, las dificultades del sector industrial durante la crisis.

Ahora bien, a pesar de la salida de la recesión hay serios riesgos económicos y políticos que hacen incierto el panorama de aquí en adelante. Desde un punto de vista estatal, la economía española cerró 2016 con un crecimiento del 3%, pero para 2017 se prevé una caída hasta el 2,7%. Ya el consumo interno y las exportaciones han caído respecto 2015, aunque estas últimas mantienen un fuerte crecimiento.

Si dibujásemos una curva de la coyuntura capitalista del Estado español pareciera indicar alzas en estos dos últimos años -por motivos que ahora no podemos desarrollar- pero la dinámica general pareciera indicar que no es una recuperación a niveles previos de la crisis -con elementos de desaceleración- ni que sea recuperación “vigorosa”. Más aún cuando los factores políticos internacionales son un factor clave y de riesgo que “podrían estar limitando el alcance y la velocidad de la recuperación”, según el BBVA. Como lo son también la persistente incertidumbre relacionada con el resultado final del brexit y el cambio de administración en los EE.UU. sobre el diseño de las políticas públicas, particularmente la comercial.

Frente al aumento del IPC, el paro y la precariedad: un programa para los trabajadores

El aumento de la desigualdad viene aumentando en el Estado español desde el estallido de la crisis en 2008. La devaluación salarial y las políticas de ajuste están provocando un incremento vertiginoso de la precariedad laboral, mientras más de 4 millones de personas subsisten a duras penas condenados al paro.

Esta realidad choca, a vista de miles de asalariados, con el enriquecimiento de la patronal, iniciándose 2017 con una pérdida de poder adquisitivo general para los trabajadores unido a los bajísimos pactos salariales acordados entre las patronales y las burocracias sindicales.

Frente a esta situación es necesario defender un programa de defensa de las condiciones de vida elementales de la clase trabajadora. Un programa que debería tener, para empezar, tres consignas básicas: el reparto de horas entre todas las manos disponibles, reduciendo el tiempo de trabajo sin reducción salarial: el establecimiento de una escala móvil de los salarios ligado a un IPC real, elaborado por los propios trabajadores y costeado por los capitalistas; y la defensa de un subsidio de desempleo indefinido hasta encontrar trabajo y ligado a la escala móvil de salarios.

Un programa así es inaceptable para los capitalistas, porque se opone frontalmente a sus intereses. Como decía Marx, derecho contra derecho, prima la fuerza. La clase trabajadora junto con sus familias es la amplia mayoría de la población. Allí radica su fuerza social para imponer sus reivindicaciones mediante la lucha de clases.






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