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Hugo Moyano y Mauricio Macri: ¿una tensa tregua?

La reinauguración del Sanatorio Antártida encabezada por el líder del sindicato de camioneros, Hugo Moyano, concentro la atención pública. La ausencia de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal fue compensada por la presencia de Jorge Triaca y Diego Santilli.

Miércoles 10 de enero | Edición del día

“Pese a todo lo que se dice de los dirigentes gremiales, no todos somos malos ni todos somos buenos. Hay buenos, malos y regulares”, sostuvo Hugo Moyano en el discurso de inauguración del edificio ubicado de Avenida Rivadavia a metros de Acoyte en el barrio de Caballito. La frase dirigida a los funcionarios del Gobierno presentes, hacía clara referencia a los sindicalistas detenidos, sobre los que pesan procesos judiciales por enriquecimiento ilícito, como Juan Pablo “Pata” Medina, Omar “el Caballo” Suarez y Marcelo Balcedo.

El presidente de Independiente señaló además que la ausencia del primer mandatario se debía a que no había sido invitado porque “a nadie le sumaba, ni a él ni a nosotros”, marcando una diferencia que expresa la tensa relación entre el camionero y Cambiemos. La ausencia de Macri y Vidal, el premio mayor al que aspiraba el exhombre fuerte de la CGT, se explicaría por el intento del Gobierno de mostrase enfrentado a la dirigencia sindical a la que califica de mafia. Las palabras de Moyano son también una advertencia frente al cerco judicial que quieren montar contra Pablo Moyano por su relación con las barras de Independiente.

"No se trata de que el Presidente esté acá o no. Lo que el Presidente y todos tenemos claro es que en la Argentina que viene todos tenemos que aportar y ceder para generar más trabajo, dignidad, inclusión y todo eso debemos hacerlo con mucha austeridad y transparencia", respondió Diego Santilli a Moyano. “Les traslado el saludo del Presidente. Hablé con él a la mañana y pidió seguir con esta conducta de salir de las discusiones en las que nos quedamos entrampados”, dijo por su parte el ministro de Trabajo.

Las palabras de Triaca y del vicejefe de gobierno porteño son un premio menor que habla del intento por parte del oficialismo de pactar una tregua con el patriarca de los Moyano. En ese sentido es una señal también la extensión por treinta días por parte del Enacom de la licencia de del correo privado OCA, en el que Moyano tiene fuertes intereses, además de siete miel afiliados.

Para el macrismo, el moyanismo es un mal necesario y problemático. Por una parte sospechan que las maniobras de Pablo Moyano dentro de la CGT son las que han volteado el acuerdo alcanzado con el triunvirato de la CGT para votar la reforma laboral, proyecto que por el momento ha sido cajoneado.

Señalan como prueba que Hugo Moyano hijo, abogado laboralista, fue parte de la redacción de la letra chica del acuerdo que su hermano Pablo comparo a la “Ley Banelco”, por la flexibilización laboral aprobada durante el mandato de Fernando De la Rua. Por otra parte, reconocen en los hechos el poder de fuego de Hugo Moyano quien ha sido hasta el día de hoy, junto al grueso de la dirigencia sindical, el garante de que los sindicatos no pusieran en pie una oposición obrera que deje en la nada el programa ajustador de la derecha local.

El macrismo utiliza la política de la extorsión frente a la burocracia sindical. Los amenaza con causas judiciales usando los casos de Medina, Suarez, Balcedo y Víctor Santamaría como un cuchillo afilado frente a sus rostros. Ellos son la representación de una casta podrida que ha lucrado con los sindicatos, montado empresas para beneficio personal exclusivo de sus camarillas y que además ahoga la vida interna de los sindicatos mediante el fraude, el matonaje y la connivencia con las patronales. Los burócratas temen a las amenazas judiciales que pueden destapar sus negocios sucios y sus vidas de millonarios ajenos a toda realidad que puedan sufrir los trabajadores de a pie.

Los burócratas sindicales también se sienten incómodos por el papel nulo que jugaron el 14D y el 18D en las históricas y multitudinarias movilizaciones contra la reforma previsional. La burocracia sindical responde cobardemente a la amenaza oficial, retirando su apoyo al proyecto de reforma laboral, pero predispuestos quizás a negociar las condiciones que quiera imponer Cambiemos en las discusiones paritarias y boicoteando la movilización y lucha de los trabajadores. Defendiendo sus privilegios de casta, hunden a los sindicatos en el desprestigio y permiten la ofensiva derechista.







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