Cultura

PRÓXIMO LIBRO DE EDICIONES IPS-CEIP

Huelgas y organización docente en los orígenes del movimiento obrero argentino

El equipo de edición del libro Historia del movimiento obrero argentino desde sus orígenes hasta la Resistencia reflexiona, en esta entrega, sobre las primeras huelgas y organizaciones docentes.

Domingo 22 de mayo de 2016 | Edición del día

Historia del Movimiento Obrero argentino desde sus orígenes hasta la Resistencia es una obra que, desde Ediciones IPS-CEIP, un equipo de militantes del PTS estamos preparando a cargo de Alicia Rojo quien es una de sus autoras. Trabajadores, mujeres y estudiantes podrán recrear en su lectura la historia de la clase obrera argentina de esos años, desde una perspectiva marxista. El caudal de sus experiencias políticas y de lucha, la influencia de las corrientes anarquistas, socialista y posteriormente comunista, que dejaron impronta en sus primeras tradiciones. A su vez, realiza un balance histórico y un debate con estos grupos acerca de las posibilidades que tuvo el movimiento obrero de abrirse un camino de independencia política, además de un profundo análisis del peronismo hasta 1955 y el posterior proceso de la Resistencia.

En esta entrega nos detenemos en los orígenes y presentamos algunas reflexiones acerca de las primeras luchas y organizaciones docentes cruzadas por importantes debates ideológicos. Las traemos al presente en momentos donde la Argentina está atravesando un intento de avanzada sobre la educación pública y un debate sobre qué educación queremos.

Orígenes

En los orígenes del movimiento obrero los trabajadores fundan sus primeros sindicatos y federaciones nacionales, ponen en práctica sus métodos de clase –movilizaciones, asambleas, huelgas generales– e inauguran sus enfrentamientos con carneros y la policía. Los orígenes llevan la marca indeleble de la inmigración masiva y de las corrientes anarquistas y socialista que vinieron con ella desde el viejo continente.

En el capítulo dedicado a esta etapa nos vamos a topar con el momento en el que las docentes dieron sus primeras peleas y pusieron en pie sus primeros sindicatos. Decimos “las” docentes pues el sistema educativo obligatorio que comenzaba a ponerse en pie hacia fines del siglo XIX era, desde el punto de vista de quienes ejercían la enseñanza, un espacio casi estrictamente femenino, el de las educadoras “naturales”, la “segunda madre”, pero solteras, las “señoritas”.

En el trazado de las primeras luchas dadas por las maestras nos enteramos en el libro que la huelga que abre la historia se remonta al 20 de noviembre de 1881, que ocurre en San Luis por la falta de cobro de los salarios durante ocho meses.

Estas primeras luchas estuvieron cruzadas por grandes debates ideológicos. El de la laicidad y gratuidad es el más recordado.

Un año más tarde, en 1882, dicen que fueron las maestras delegadas las que se quedaron y garantizaron el debate acerca de la educación laica cuando la Iglesia quiso levantar el primer Congreso Pedagógico. Por su parte, Sarmiento se había negado a presidirlo y desde el diario El Nacional despotricaba contra la participación de las maestras.

También encontramos que diez años después, en 1892, surge la primera organización gremial, esta vez en San Juan. Hacia 1910 –contemporáneos al primer ascenso de la lucha de clases que vivió la Argentina en la década del Centenario– tienen lugar los primeros intentos de constituir federaciones nacionales. Ya en 1912 se produce la primera huelga en Buenos Aires.

Como señalamos, la impronta de los anarquistas, socialistas y –desde 1921 que es cuando se funda el PC argentino– de los comunistas, fue de un peso considerable en estas primeras experiencias. Como en la huelga mendocina de principios del siglo XX, que es considerada la primera de alcance nacional en la que interviene la FORA (la central sindical que era dirigida por los anarquistas).

Pero hay que señalar que estas experiencias de lucha y organización tenían un carácter más bien aislado en la docencia y que ocurrían allí donde la influencia de las corrientes de izquierda, con sus mujeres militantes anarquistas, socialistas y comunistas, estaba presente. Mujeres como Angélica Mendoza, detenida en esta huelga, o la prestigiosa pedagoga Florencia Fosatti, que sería reincorporada a su cargo recién en los años 70 para su jubilación, fueron militantes de izquierda en esa época. La primera ese mismo año ingresaba al Partido Comunista y la segunda se afiliaba años más tarde.

Angélica Mendoza, detenida en la huelga mendocina de 1912

Se trató de huelgas y procesos de organización que cuestionaron varios aspectos de la situación laboral como los nombramientos a dedo, el sistema disciplinario o los cambios de tareas y que señalaban, a la distancia, una pertenencia al mundo de la clase trabajadora.

Aunque ese (auto) reconocimiento llevará más de medio siglo y llegará con la extensión de la organización sindical en la docencia (como respuesta y a la vez motivo de haber cambiado las condiciones sociales y económicas más generales de los asalariados y las suyas propias) y con el primer paro a escala nacional en 1960.

Traer la historia como herramienta para el presente

En esta actualidad de ajuste y de debate acerca de qué vía necesitamos para resistirlo, tiene mucho valor recuperar las lecciones de nuestra propia historia como clase. De eso se trata el libro en cuestión y también parte de nuestra labor militante en la editorial.

Hablamos de los orígenes y sin embargo mucho se vuelve a repetir. El Estado, administrado por familias que continúan siendo los dueños del país, cambiaron sus “vacas atadas” por “paraísos fiscales”. A más de 100 años persisten muchos debates.

Funcionarias del Estado, profesionales, trabajadoras. Hasta el día de hoy se discute qué somos los docentes como si esos años y la proletarización del maestro, que dista entre un momento y otro, no hubiera existido jamás. La naturalización del rol docente como función de las mujeres; la injerencia de la Iglesia; la represión y persecución en las luchas. Bajo una mirada crítica, aspectos tan progresivos como la laicidad que surgió de las conclusiones del Congreso Pedagógico de 1882 no pueden dejar de insertarse en el marco más general de los límites e intereses con los que convivió: el aval a la influencia de la Iglesia, la legitimidad a una educación en valores conservadores y racistas, la justificación de una educación sexista o la continuidad de la exclusión de la naciente clase obrera ¿Sin embargo hoy se consideran como "cosas del pasado”?

Lo mismo el modelo de escuela. El modelo escolar burgués con sus distintos matices, con sus manuales de historia, de ciudadanía o cívica, sus actos escolares y valores que solo muestran la historia desde la visión de las clases dominantes, de la “nación”, sean éstas más conservadoras, se permitan momentos de mayor progresismo o vuelvan a acariciar el sueño tecnócrata.

No es menor la vigencia de problematizar por qué las clases dominantes no conformes con golpear materialmente a la clase obrera, esconden permanentemente su historia o a lo sumo la presentan de a girones o retazos, y por lo general distorsionados. O dicho de otra manera, ¿por qué buscan borrar de la memoria de los trabajadores toda huella de experiencias pasadas que cifren caminos de independencia de clase de las que poder asirse?

Cuando hay vientos de crisis, éstas necesitan descargarlas (el resto ya lo conocemos, un capitalismo todos los días un poco más salvaje). Cuando esto ocurre puede que con esos vientos y en esos enfrentamientos no siempre los dados caigan hacia el mismo lado.Desafiar el poder de los capitalistas, ellos lo saben, no es cosa ligera. Y los trabajadores lo han hecho una y otra vez.

“Necesitamos de la historia, pero de otra manera de como la necesita el ocioso exquisito en los jardines del saber”, dice Walter Benjamin en sus célebres tesis sobre el concepto de historia, en un epígrafe que no es de su autoría, pero que es suyo también. De lo que se trata es de nutrirnos de experiencias y tradiciones y con una mirada crítica recrearlas en base a nuestra experiencia, para llevarlas más lejos aún, de cara al futuro.







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