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Hospital dumping: la sanidad expulsa pacientes pobres en EEUU

Con la “Health Bill” de Trump sobrevolando la política estadounidense, el debate sobre el acceso a la sanidad se recrudece en el país al viralizarse un vídeo en el que una mujer es abandonada en la calle por el personal del hospital.

Lunes 15 de enero | 20:37

Las imágenes grabadas por Imamu Baraka en Baltimore la noche del pasado 9 de enero muestran a una mujer vestida tan solo con una bata y medias, llevada en silla de ruedas hasta ser abandonada en una parada de autobuses por empleados del hospital Maryland Medical Center Midtown Campus a temperaturas invernales.

Baraka intervino preguntando a los empleados “¿Van a dejar aquí a esta mujer aquí?” No me respondieron, y se metieron de vuelta al hospital. Entré y pedí hablar con un encargado, y un miembro del equipo de seguridad me dijo, “soy yo”, para después volver a la calle a grabar la escena. Después de llamar una ambulancia observó como se limitaban a volver a llevar a la mujer al hospital del que había sido expulsada.

Esta práctica, conocida como “hospital dumping” o “patient dumping” (literalmente “echar al paciente”), es una estampa más habitual a lo que acostumbran a mostrar los medios de comunicación. El término existe desde la década de 1870, cuando los hospitales privados de Nueva York abandonaban a pacientes pobres y enfermos cerca del hospital público Bellevue, causando la muerte de algunos de ellos y un fuerte impacto en la prensa, sin embargo su uso se hace conocido desde la década de los 1980.

El “hospital dumping” se observa generalmente en casos en los que el paciente requiere un tratamiento que no puede costear y en los que el programa de aportación estatal al coste del mismo (llamado Medicaid) es considerada insuficiente por la institución médica privada en la que se encuentra. Desde la década de 1980 estos casos se multiplicaron con la privatización de un elevado porcentaje de hospitales en EE.UU., quienes transferían pacientes “no rentables” a hospitales públicos saturados, buena parte provenientes de instituciones psiquiátricas.

La situación acaecida en plena era del neoliberalismo Reagan llegó a tal extremo que en 1986 fue impulsada y aprobada un acta anti-dumping de tratamientos de emergencia, la EMTALA (Emergency Medical Treatment and Active Labor Act), que impide que los hospitales que aceptan Medicaid y Medicare (el seguro de salud estatal) denieguen tratamiento de urgencia vital o deriven pacientes a otros hospitales sin estabilizar su salud.

Sin embargo, esta ley contiene importantes vacíos legales sobre lo que considerar urgencia vital o en qué consiste derivar a otro hospital que han permitido a muchos hospitales privados continuar con estas prácticas. Además, no todos los hospitales aceptan Medicaid y Medicare y por tanto, no todos (aunque sí una amplia mayoría) cumplen este acta.

El paciente es responsable legal de los costes asociados al tratamiento y una gran parte de las condiciones médicas no son cubiertas por EMTALA, como es el caso de un parto o de emergencias vital que se inician durante un ingreso en el hospital por razones menos graves.

Los casos de “hospital dumping” más sonados se han producido en Skid Row, el suburbio de Los Ángeles con la mayor concentración de indigentes de Estados Unidos, lugar en el que un hombre parapléjico fue hallado reptando en 2007 después de ser abandonado por el Hollywood Presbyterian Medical Center y en 2014 otro fue encontrado con una lesión en el pie recién tratada por el Good Samaritan Hospital.

Históricamente, todos los esfuerzos para implementar un plan universal de atención médica en los Estados Unidos han sido descarrilados. Esto hace que Estados Unidos sea un lugar particularmente hostil para cualquier persona que en algún momento de su vida necesite atención médica, es decir, para todos, excepto para aquellos que son demasiado ricos para tener que preocuparse por los costos del cuidado de la salud.

La falta de atención de salud pública y universal hace que Estados Unidos se destaque en relación con todos los demás países de la OCDE, ya que es el país con el mayor gasto de salud per capita, mientras que los resultados, reflejados en la baja esperanza de vida, son notablemente malos.

La expansión de Medicaid (medida conocida como el Obamacare) permitió a aproximadamente 15 millones de personas sin seguro médico, poder obtener cobertura de salud. Actualmente más de 74 millones de personas dependen del Medicaid, uno de cada cinco estadounidenses.

Recientemente el presidente Trump trataba de implementar la “Health Bill”, una nueva reforma sanitaria que incluye recortes de 800.000 millones de dólares al Medicaid durante un período de 10 años, algo que podría privar de cobertura sanitaria mínima a unos 22 millones de personas de bajos ingresos, según la independiente Oficina Presupuestaria del Congreso.

Incluso el Obamacare está pensado como un sistema de salud privado donde los más beneficiados son las grandes aseguradoras y el capital financiero, no la población usuaria. Éstas son las consecuencias de que el capital privado haya destruido toda noción de un sistema de Salud Público en Estados Unidos. En uno de los países más ricos del mundo, la sociedad no pueda brindarse ni siquiera una protección básica en salud.






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