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Hospital Durand: crónica de un día agitado

Compartimos la crónica enviada por Christian Marcel Guiñez, Secretario del Servicio de Endocrinología del hospital.

Sábado 7 de mayo de 2016 | 14:16

El viernes amaneció gris y lluvioso; comenzamos el segundo día de paro que se votara en la asamblea del último miércoles. Tuvimos una adhesión que fue incrementándose con el transcurrir de los turnos cada día, y con esto también crecieron las presiones de las instancias de supervisión y jefaturas, respondiendo a las jerarquías gubernamentales. Por esa razón, marchamos a la Supervisión de Enfermería y a la Dirección misma del Hospital el día jueves para evitar que se cursaran las sanciones disciplinarias que circularon con sus rúbricas. Al ritmo de la percusión, las palmas y las aclamaciones, conseguimos la promesa de la Dra. Alicia Fernández Alonso, Directora de la institución, que iban a respetarse los días de paro sin ningún descuento salarial.

Entrando al día 21 de las medidas de fuerza y la instalación de nuestra carpa en el corazón de la comunidad, nuestras fuerzas estaban algo reducidas por el lógico desgaste de tantos días transcurridos y el cansancio (que en algunos medró las defensas hasta una contagiosa gripe) de sostener turnos día y noche en estas semanas de lucha. Eso no nos acobardó en lo más mínimo y tras una prudente espera decidimos emprender la marcha. Durante el día anterior se habían hecho carteles con consignas muy claras (El 14% es una vergüenza, reapertura de paritarias ya, sueldo igual a canasta familiar básica, queremos el 45% de aumento, basta de gremialistas empresarios que transan con el gobierno, etc.), todos prolijamente enmarcados y listos para llevar. Con las fuerzas renovadas de unos buenos mates, salimos encolumnados al canto ya clásico de: Unidad de los trabajadores y al que no le gusta, se jode. Así ganamos Acoyte y fuimos cortando uno de los carriles en dirección a la Avenida Rivadavia.Al compás de bombos, platillos y redoblantes, haciendo palmas y recibiendo no pocos bocinazos de adhesión y el acompañamiento de los transeúntes que nos animaban a seguir sin claudicar en esta batalla. Nos seguían y precedían cuatro motos policiales que iban controlando el tránsito. También a nosotros, por cierto. Esto intranquilizaba a algunos compañeros. Finalmente, fijamos el corte de una de las manos de la avenida y desplegamos nuestras banderas y estandartes mientras preparábamos las intervenciones de los compañeros en un sencillo acto. Así se sucedieron representantes de los médicos del hospital, de la Agrupación Carlos Fuentealba de Promoción Social, Marcelo Gómez de la junta interna ATE del Anfiteatro del Parque Centenario y de la Agrupación Marrón Clasista, de la Agrupación Tribuna Municipal y una delegada de ATE del Hospital del Quemado, además de quienes participamos de esta organización.

El retorno al hospital fue jubiloso, una sincera alegría se había apoderado de toda la columna, aún sabiendo que esto todavía está lejos de tener una definición beneficiosa para todos y todas. Este sentimiento contagioso postergó la reunión en torno a la Carpa para más tarde y nos llevó a reforzar la advertencia hacia los directivos. De modo que el bullicio se prolongó por todo el pasillo que lleva a los despachos y desembocó nuevamente en el hall central, haciendo ronda en la entrada y la rampa de acceso. Cuando se atemperaron los ánimos nos fuimos instalando en los bancos y sendas que bordean la Carpa para ir armando el Festival.

En eso, llegaron dos grandes ollas con guiso de lentejas, que esmeradamente se quedó preparando un grupito en la cocina de la delegación gremial, mientras se agregaban a nuestro grupo trayendo adhesiones, la delegada del Ramos Mejía, delegados de ATE Capital, el comunero del FPV, Gustavo Lerer, de la comisión interna del Hospital Garrahan, Norberto Ducasse representante gremial de los Visitadores Médicos y Luis Zamora, de AyL, quedándose estos últimos a almorzar con los laburantes. Se repartieron las porciones y ahí nomás largó el festival, con la presencia de un dúo que nos trajo temas del rock nacional, el compañero Mario Acosta y un representante de la comunidad wichi, Oscar Maiza, trayendo su solidaridad y nos contó la lucha que llevan adelante los pueblos originarios.

La música estimuló a la participación en las canciones por parte de la concurrencia (las enfermeras cantaron juntas La marcha de la bronca) y hubiéramos seguido si no fuera por la aparición de una patrulla con cuatro uniformados que vino a cancelar la alegría alegando ruidos molestos. Lejos de amedrentarnos nos mantenemos firmes en la Carpa y seguimos adelante con esta lucha a la que en breve se unirán los residentes y médicos municipales en una probable marcha conjunta a la Jefatura de Gobierno.

Christian Marcel Guiñez , Secretario del Servicio de Endocrinología.







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