Cultura

HISTORIA Y LUCHA

Historia del movimiento estudiantil español: los orígenes

La protesta estudiantil ha tenido un papel protagonista en buena parte de los momentos históricos revolucionarios o contestatarios de la época contemporánea española. Hoy nos retrotraemos al siglo XIX, a los orígenes.

Martes 3 de abril | 19:13

Estamos a 50 años del Mayo del 68 francés, un momento histórico en el que la protesta estudiantil se unió en la lucha con el movimiento obrero, protagonizando ocupaciones de facultades y fábricas, huelgas masivas y protestas en la calle que pusieron en jaque al gobierno de De Gaulle. Todo ello a pesar de la política conservadora y timorata del Partido Comunista Francés (PCF) y de la Confederación General del Trabajo (CGT). Un momento histórico que más allá del simbolismo que lo rodea, supuso una experiencia histórica fundamental para la clase obrera en el pasado siglo.

El Mayo francés, pero también el movimiento de 1968 en México, así como el Otoño caliente italiano, la lucha antifranquista en España o el Cordobazo argentino, son ejemplos históricos de la importancia y repercusión política que adquiere el movimiento estudiantil cuando se une a la clase obrera y a otros sectores en lucha. Por eso mismo, en la actualidad, se hace tan necesaria la reactivación de un movimiento estudiantil combativo y su alianza con el movimiento de mujeres, de los pensionistas y especialmente con la clase obrera en lucha (como en pequeña escala ha sido el caso reciente de Amazon o con movimientos democráticos como el catalán por el derecho a decidir.

Esta conclusión es la que ha planteado precisamente el historiador Eduardo González Calleja en su análisis de las movilizaciones estudiantiles en España de 1865 a 1968:

«La movilización escolar tiene como característica específica su carácter fragmentario, debido a factores como el carácter estacional de las actividades académicas, los límites temporales de la vida escolar (con la evidencia de un acelerado relevo generacional) o la diversidad de intereses confluyentes en la comunidad universitaria. Sólo cuando logra converger estratégicamente con otros movimientos disidentes, la protesta estudiantil tiene repercusiones políticas». (1)

El marxismo clásico ya analizó muy bien el rol del movimiento estudiantil definiéndolo a modo de una caja de resonancia del descontento social, ahora bien, amplificando las contradicciones e intereses de los distintos sectores sociales de los que provenía. Tal y como señalo Trotsky en 1910 en su discusión con Max Adler:

«…en el estudiantado se reflejan a toda potencia, exactamente como en una cámara de resonancia, los intereses y aspiraciones sociales generales de las clases en que es reclutado. En el curso de toda su historia –tanto en sus momentos heroicos, como en los períodos de atonía moral- el estudiantado europeo fue más que el barómetro sensible de las clases burguesas. Se hizo ultrarrevolucionario, fraternizó sincera y honradamente con el pueblo, cuando la sociedad burguesa no tenía otra salida que la revolución. Sustituyó de hecho a la democracia burguesa cuando la mezquindad política de ésta última no le permitió ponerse al frente de la revolución, como sucedió en Viena en 1848. Pero el estudiantado ametralló a los obreros en junio del mismo ‘48, en París, cuando la burguesía y el proletariado se encontraron en lados opuestos de la barricada. […] En todas estas metamorfosis históricas, incluyendo las más repelentes, el estudiantado reveló sentido político, capacidad de sacrificio e idealismo combativo […] El contenido político de ese idealismo viene determinado íntegramente por el genio de las clases de que procede el estudiantado y a las cuales retorna». (2)

En este sentido, como veremos más adelante en el análisis de la protesta estudiantil del siglo XIX, el carácter clasista de la universidad condiciona en gran medida la naturaleza del movimiento estudiantil. La composición de clase del estudiantado es heterogénea por su propio origen social, tradicionalmente proveniente de sectores de la burguesía o pequeña burguesía. Sin embargo, el mayor acceso de estudiantes de origen obrero y de otros sectores populares a la educación superior, con los cambios sociales producidos en occidente tras la Segunda Guerra Mundial, la composición del estudiantado se hizo todavía más heterogénea.

En la época de la universidad “de masas” y por los propios límites que imponía la burguesía a amplios sectores sociales, el movimiento estudiantil empezó a representar cada vez más no sólo las contradicciones de las clases de donde provenía, sino las contradicciones de la sociedad de conjunto. Además, por la radicalización e implicación ideológica tan características de la juventud, el movimiento estudiantil ha anticipado muchas de las conductas sociales y políticas que luego toman otros sectores sociales. En el Mayo francés fue el movimiento estudiantil el que desató la protesta, pero después fue su unión con el movimiento obrero lo que dio peso político y revolucionario a la lucha.

En el análisis del movimiento estudiantil del siglo XIX vamos a poder observar estas cuestiones precisamente cómo la protesta estudiantil anticipó muchos procesos de descontento social y, al mismo tiempo, los límites políticos de la misma por la propia composición social del estudiantado.

Las primeras protestas estudiantiles contemporáneas

Entrando ya propiamente en la historia del movimiento de protesta estudiantil, debemos situarnos en la segunda mitad del siglo XIX, momento en que la juventud estudiante empezó a cobrar y a tener participación política, en el marco del desarrollo del capitalismo y la consolidación del Estado liberal en España.

En este contexto la protesta estudiantil tomaría en sus primeras manifestaciones la forma de algaradas o motines, a modo de explosiones violentas, motivadas por alguna cuestión académica o algún enfrentamiento con los profesores, con escaso o nulo contenido político. Sin embargo, ya en 1852 se produjeron las primeras movilizaciones universitarias, a raíz de un aumento de las tasas, lo que se vio como un ataque del Estado, revindicando además cuestiones como el fuero universitario o la libertad de cátedra.

Estas protestas que surgían de incidentes no demasiado transcendentes, podían terminar en un cuestionamiento u hostilidad al gobierno y al régimen establecido en el momento. Así, la primera gran protesta política movilizada en la universidad fue la conocida como la “Noche de San Daniel” de 10 de abril de 1865, cuyo origen estuvo en la prohibición ministerial de expresión de ideas contrarias a la Monarquía y al Concordato firmado con la Iglesia católica en 1851. Tras tres días de alborotos 2.000 manifestantes se enfrentaron a la Guardia Civil Veterana en la Puerta del Sol de Madrid, con un saldo de 14 muertos, 74 heridos y 114.

Este suceso juvenil sería el anticipo de movilizaciones revolucionarias más serias, como la rebelión del Cuartel de San Gil de 22 de junio de 1866 contra la reina Isabel II, apoyada por el partido progresista y el democrático con la intención de echar abajo la monarquía. Durante estos sucesos grupos de estudiantes apoyaron a los militares rebeldes saliendo a la calle y formando barricadas.

Otro momento histórico a destacar fueron los alborotos de la «Santa Isabel», acaecidos del 17 al 22 de noviembre de 1884, generados a partir de una crítica lanzada por la jerarquía eclesiástica, y apoyada por algunos estudiantes carlistas e integristas, contra las ideas racionalistas y secularizadoras que se propagaban en la universidad. Ante esta situación, los estudiantes se movilizaron en defensa de la libertad de cátedra, para finalmente cuestionar también el régimen de la restauración borbónica.

Con la llegada del siglo XX, tras el “Desastre del 98” y en una situación de malestar social e incertidumbre económica, la universidad era un hervidero de conflictividad. Sin embargo, en pocas ocasiones las protestas adquieren tintes políticos, salvo las motivadas por pequeños grupos políticos (desde los carlistas, hasta los republicanos o “libre pensadores”). Y en ningún caso se vivieron en estos primeros años del siglo movilizaciones generales y de un carácter realmente subversivo o revolucionario.

Hay que tener en cuenta en estos primeros momentos, desde la segunda mitad del siglo XIX a los primeros años del siglo XX, la universidad era un espacio cerrado y elitista y la extracción social del estudiantado por lo tanto restringida. Es una época en que la protesta estudiantil empezó a cobrar protagonismo, pero debido a que con el desarrollo del Estado liberal comenzaron a acceder a la educación superior no sólo los hijos de la alta sociedad, sino también algunos sectores intermedios o de clases medias. Pero desde luego estamos todavía muy lejos de la universidad “de masas” que mencionábamos anteriormente. La clase obrera y los sectores populares estaban totalmente excluidos, así como las mujeres, con unas pocas excepciones como Concepción Arenal, Elena Maseras o Dolores Aleu.

Finalmente, de este tipo de universidad y de la composición social del estudiantado también surgieron unas marcadas limitaciones políticas del movimiento estudiantil. La lucha estudiantil podía posicionarse en el ala izquierda del liberalismo o en el republicanismo, pero poco más allá. Influenciada por ideas racionalistas, securalizadoras o krausistas, pero lejos de solidarizarse con los sectores populares y el movimiento obrero en un cuestionamiento radical de la sociedad liberal. De hecho, a pesar de que los estudiantes mantuvieron algunas protestas realmente significativas, no debemos perder de vista que eran los futuros cuadros y dirigentes del Estado burgués. Habrá que esperar varias décadas para llegar a una universidad combativa en confluencia con el movimiento obrero, pero eso lo veremos en próximas notas.

REFERENCIAS:
1. Eduardo GONZÁLEZ CALLEJA, “Rebelión en las aulas: un siglo de movilizaciones estudiantiles en España (1865-1968)”, Ayer, 59/2005, pp. 21-49.
2. León TROTSKY, “La intelligentsia y el socialismo”, publicado en la revista Sovremienni Mir, 1910.






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