Cultura

CRÍTICA DE CINE

Historia de “Tarde de perros”: realidad, mito y cine

“Podéis llamarme El perro. Ese es mi apodo”. Así se presentaba siempre John S. Wojtowicz, el hombre que el 22 de agosto de 1972 entró armado en una sucursal del Chase Manhattan Bank en Brooklyn con la compañía de dos cómplices.

Martes 16 de mayo | 19:56

El atraco fue un fracaso. La policía rodeó inmediatamente la oficina bancaria y la zona se llenó de curiosos y de medios de comunicación ávidos de noticias sensacionales. Fue entonces cuando Wojtowicz hizo una sorprendente revelación: necesitaba el dinero para que su pareja, Ernest Aron, se sometiera a una operación de cambio de sexo. Tres años después se estrenaba Tarde de perros, la película dirigida por Sidney Lumet y protagonizada por un joven y entonado Al Pacino, que contaba aquellos acontecimientos. “Nadie había hecho nunca nada parecido. Nadie había atracado un banco para que se la cortaran a alguien y le cambiaran el sexo. Por eso hicieron la película”, explicaba el propio Wojtowicz. Allison Berg y Frank Keraudren se interesaron por este personaje después de verla. Localizaron a Wojtowicz en 2002, cuando ya había cumplido la pena de cárcel por el atraco, y decidieron rodar un documental sobre su historia. En aquellos años, sus amigos y conocidos le llamaban, The Dog, el perro, en homenaje al título original del film que había recreado su intento de robo, Dog Day Afternoon.

A lo largo del documental, gracias a testimonios de amigos y familiares como su primera esposa Carmen Bifulco, de su madre y de la que fue su pareja, Ernest Aron, vamos descubriendo la compleja personalidad de este hombre que fue compromisario del Partido Republicano, soldado en Vietnam y, más tarde, activista en defensa de los derechos de gays y lesbianas. En un momento de la película él mismo se define como un adicto al sexo. “No fumo ni bebo. Tampoco tomo drogas ni soy un jugador. Soy un ángel. Me considero un romántico. Cuando conocí a Ernie fue un auténtico flechazo. Y por eso, como la quería tanto, hice lo que hice aquel 22 de agosto de 1972”.

También recordaba los entresijos y preparativos del robo. “Antes de ir al banco, fuimos a la calle 42 a ver El Padrino. La acababan de estrenar y dije a los chicos: ‘Vamos, nos inspiraremos’, como cuando un entrenador jalea al equipo para salir a ganar”. “Es imposible intentar explicar a John. Hace poco nos preguntaban en una entrevista que destacaríamos de él y lo primero que nos venía a la mente era su amor / obsesión por la comida. Durante el secuestro y cuando estaban en el aeropuerto JFK el tipo se escabulló un momento a comprar hamburguesas”, dice Berg. “Yo recuerdo sus ganas de tener sexo con cualquiera, con todo el que conociera, y —sobre todo— la inmensa experiencia humana que suponía estar con él, y la capacidad para ser intenso 24 horas al día. Hablar con él era meterse en una montaña rusa emocional de la que era difícil salir, pero esa misma experiencia es la que le hacía único”, recuerda Keraudren.

Mientras se rodaba The Dog, John Wojtowicz enfermó de cáncer y finalmente falleció en 2006. Es la amarga crónica de un personaje inclasificable, a veces tierno, otras divertido y en ocasiones patético, que saltó a la fama por un frustrado atraco y que se convirtió en carne fresca para la prensa más sensacionalista. Es la historia de The Dog, el hombre que inspiró el personaje de Al Pacino en Tarde de perros.

En su película “Dog Day Afternoon”, Lumet no solo consigue que nos identifiquemos con los atracadores (algo no tan nuevo en el cine negro en su vertiente nihilista y anti-sistema) sino que el espectador desarrolle un odio visceral a la policía, al FBI e incluso, al principio, a los propios rehenes, que se comportan, en ocasiones, de forma mucho más vulgar y trapacera que el protagonista, aquí llamado Sonny (un joven y vigoroso Al Pacino, en el papel de su vida). Lumet sorprendió con una película realista y dinámica – a pesar de cierto regusto teatral en la segunda parte del filme- sobre el episodio de un atraco perpetrado por un “no profesional” a la sucursal de un banco cuyo fin era, entre otros, pagar la operación de cambio de sexo de su amante masculino y salir de otros apuros junto a sus compinches. La masculinidad a la vez educada y agresiva de Al Pacino- cuyos movimientos están coreografiados de forma a la vez elegante, divertida y patética- será reconsiderada por el espectador cuando hacia la mitad del filme se revele su bisexualidad provocando que su doble performance de “atracador” resulte doblemente desestabilizadora y el público se replantee lo que ha visto. En cierto sentido muchos consideran hoy que Pacino compone todo un personaje “proto-queer” mezclando dulzura y virilidad, masculinidad y ternura, juego de identidades contrapuestas, exclusión social y secretos que van saliendo a la luz.

El acontecimiento se convierte en un pequeño episodio sociológico, o así lo muestran el realizador y su guionista, Frank Pierson, ganador de un Òscar por su excelente trabajo. Separado de su esposa, salido de varios trabajos precarios, entre ellos el de “empleado bancario”, la historia de “Sonny”, lo convirtió en uno de los anti-héroes de la pantalla mas populares del cine los setenta y aún “Tarde de perros” sigue siendo, sino la mejor, gracias al dinamismo de su puesta en escena y la trágica humanidad que desprenden sus protagonistas, la película de Lumet por la que mejor han pasado los años. En palabras del director en su filme no solo trataba de reconstruir un episodio real o crear un filme de suspense psicológico más o menos trepidante sino también un retrato social acerca del poder mistificador de los medios y la manipulación del público así como lo mucho que nos parecemos a esos seres que aparecen como “peligrosos” o “malditos” en noticiarios y reportajes.






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