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Hillary Clinton lanza su campaña presidencial

El domingo 12, Hillary Clinton lanzó su campaña presidencial para 2016 en la televisión y las redes sociales. Es su segundo intento por llegar a la Casa Blanca.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Martes 14 de abril de 2015 | Edición del día

Con un spot lleno de sonrisas y tono motivacional, la campaña de Hillary Clinton eligió el clima poscrisis para intentar revivir el entusiasmo demócrata. El video muestra historias de “gente común”, la debilidad de los políticos en campaña: madres solteras, latinos, afroamericanos, jóvenes, personas cerca de la jubilación, parejas homosexuales, trabajadores, todos protagonistas del “sueño americano”, que vuelve después de la crisis. Y Hillary intenta mezclarse y ser una de ellos.

Esa imagen de “una más” responde acertadamente, aunque no le garantiza éxito, a uno de los principales problemas que enfrenta Clinton. Su familia y la del expresidente Bill Clinton es parte del 1 %, que hoy se encuentra en el centro del descontento social en Estados Unidos. Los Clinton poseen una fortuna millonaria, y son una de las dos familias que ha gobernado Estados Unidos durante dos décadas en alternancia con los Bush (Bush padre 1989-1993, Clinton 1993-2001 y Bush hijo 2001-20009). La generación de los millenials ha vivido casi toda su vida gobernada por esas familias, y son a la vez los protagonistas de los movimientos de protesta en curso (Occupy Wall Street, Fight15, Black Lives Matter).

Clinton fue secretaria de Estado del gobierno de Barack Obama hasta febrero de 2013. Aunque su gestión fue considerada como positiva, estuvo marcada por la muerte de los cuatro diplomáticos (incluido el embajador) en Libia. Recientemente, se vio involucrada en una controversia por haber utilizado su correo personal para discutir asuntos oficiales (prohibido por la legislación estadounidense). Hasta el momento, ha sorteado con elegancia las consecuencias pero el asunto no está cerrado.

La apuesta de la “máquina Clinton” (como se conoce su campaña) parece ser reinventar un entusiasmo similar al que generó Obama en 2008, tras derrotar en las primarias a la propia Clinton. Hoy, con los peores momentos de recesión y desempleo detrás, Hillary propone ser la “defensora” del pueblo que trabaja y se esfuerza, y que su candidatura acompañe el “renacer” después de la crisis.

“Los estadounidenses han luchado para superar las dificultades económicas pero la balanza todavía está inclinada a favor de los que están arriba”, dice Hillary a la cámara. El partido Demócrata quiere volver a ganar el apoyo de los sectores que lo han votado tradicionalmente. Obama llegó a la Casa Blanca con las expectativas de esos sectores, pero la decepción ya se hizo notar en la reelección de 2012.

Entre los desafíos que deberá superar Clinton estará despegarse cuanto sea posible del desgaste del gobierno de Obama, que ya cuenta con varias promesas incumplidas, como el cierre de Guantánamo o el fin de la guerra y la ocupación. En el plano nacional, una de las grandes deudas demócratas es la reforma migratoria, a la que se suman nuevos problemas y demandas, como el salario mínimo y las protesta contra el racismo.

El presidente Obama anticipó su apoyo durante la reciente Cumbre de las Américas, lo cual confirma el respaldo del establishment a la campaña de Clinton. Asimismo, plantea una suerte de continuidad, y un pase del legado que Obama quiere dejar como sello de su administración: la recuperación del empleo y cierta reactivación económica en el plano doméstico, y la recomposición de las relaciones diplomáticas con Irán y con Cuba rotas hace décadas, en política exterior, un legado nada despreciable para una administración entrante (más teniendo en cuenta las amenazas republicanas de revertir esta política exterior en caso de que sea un republicano el que llegue a la Casa Blanca).

Uno de los interrogantes más interesantes será cómo pesará en la carrera la crisis abierta en dos de los actores que juegan fuerte para los demócratas: la burocracia sindical y los líderes del movimiento negro. Ambas direcciones enfrentan desafíos, cada una a su medida: en el movimiento obrero, la crisis de los sindicatos y la emergencia del movimiento por el salario mínimo y en el movimiento negro, las protestas contra el racismo y las fricciones que surgieron con las figuras tradicionales como Al Sharpton o Jesse Jackson (ambos demócratas).

Aunque el sistema político garantiza una carrera presidencial solo entre los dos partidos que gobiernan el país desde su fundación, Clinton se prepara para una campaña donde no jugarán solamente los candidatos en pugna.

Aun sin posibilidad de candidaturas presidenciales, resta ver qué papel jugarán en la discusión los movimientos, o los intentos de sectores de la izquierda que apuestan con algo de ambición ocupar cargos locales (con un poco de oportunismo, pero también como expresión de movimientos reales, como mostró el triunfo de la izquierda en Seattle 2014, preparan un foro de la izquierda discutir posibilidades).

Ya en 2013, las elecciones locales en varias ciudades mostraron expresiones de un giro a izquierda, en todo el espectro político (en el partido Republicano eligiendo un moderado, en la elección de De Blasio –hijo político de los Clinton– y el más claro, el triunfo de una candidata abiertamente socialista en Seattle). El partido Demócrata tomó nota de ese giro, y el spot de campaña de Clinton es una muestra de que no resignarán el voto progresista y descontento, sino que aspiran a ganarlo.


Campañas colaterales

Organizaciones partidarios de Hillary lanzaron la campaña “Bill para Primera Dama 2016”, donde una caricatura del expresidente Bill Clinton asegura que Hillary siempre fue quien “llevó los pantalones”. Con esta campaña, además de sumar la popular figura de Bill Clinton (unos de los expresidentes más populares), también buscan destacar el perfil “feminista” de la campaña. Ya en las primarias de 2008, Clinton al retirarse había mencionado este aspecto: "Aunque no fuimos capaces de atravesar ese alto y duro techo de vidrio esta vez, gracias a ustedes logramos hacerle unos 18 millones de fisuras".

Por su parte, sectores republicanos ya lanzaron la campaña “Stop Hillary" (Paren a Hillary), contra Clinton. En las redes sociales, llaman a juntar 100 mil firmas para frenar su candidatura. Buscan activar de esta forma la bronca contra los Clinton, que se encuentran entre las figuras menos toleradas por los sectores conservadores.







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