Política

OPINIÓN

Hilda Kogan: presidenta de la Suprema Corte descuenta el paro de mujeres del 8M

Es la primera ministra mujer de la Suprema Corte. El 8 de marzo daba una charla sobre la legislación de género en la agenda judicial, mientras descontaba el día del paro internacional de mujeres a miles de trabajadoras judiciales.

Martes 10 de abril | 00:42

La jueza Hilda Kogan es la primera mujer en la historia en integrar el máximo tribunal provincial desde el año 2002. Una interna entre el PJ que quería avanzar en el peso del poder judicial, y la concrecación de un acuerdo entre Storani (radicales) y Felipe Solá, le brindó un cargo vitalicio.

Los ministros todos los años rotan la presidencia de la Suprema Corte. La ministra Kogan asumió por segunda vez la presidencia bajo el macrismo. Distintos medios planteaban que era la primera vez que dos de los tres poderes serían dirigidos por mujeres. Se presentaba esto como un supuesto avance "de género" en las instituciones.

Pero Hilda, al igual que María Eugenia Vidal, no dudó un segundo en mostrar del lado de quién estaba: en su primera asunción a la presidencia quiso cerrar el jardín maternal utilizado por las trabajadoras, atacó sistemáticamente el derecho a huelga descontando en cada presidencia los paros. Es parte de la corte que permitió que jueces como Piombo, que liberó a un violador de niñas justificándolo en el hecho de que eran pobres, se jubilará con total impunidad. Una jueza fiel reflejo de los acuerdos del Peronismo y el radicalismo.

La ministra se negó a implementar el proyecto de protocolo y licencia por violencia de género que la AJB le presentó hace dos años, una reivindicación de gran importancia para las trabajadoras que atraviesan una situación de violencia en sus relaciones laborales o personales.

Todos los ministros, mantienen la precarización de los trabajadores de limpieza, donde son la mayoría mujeres, que cobran la mitad de lo que cobra un ingresante y sin estabilidad laboral, pueden ser trasladados y despedidos al antojo de la empresa tercerizada: Pero Hilda este 8 de marzo posó de “progresista”.

Para muestras hace falta un botón

El 8 de marzo, día internacional de las mujeres, donde centenares de miles fuimos parte del paro y movilización por todos nuestros derechos, la ministra dio una charla sobre la inclusión de la legislación de género en el Poder Judicial. Con el poco agrado de realizarlo junto con Rodrigo Cataldo, quien fue denunciado por la AJB por violencia laboral, en su mayoría dirigida a mujeres.

Pero esto no bastó, la presidenta no dudó en firmar el descuento a quienes paramos por la conquista de nuestros derechos. Hoy miles de trabajadores nos encontramos con nuestro salario ya mermado por la inflación, ahora cercenado por quien no quiere que peleemos por los derechos de las mujeres, por las que están, por las que ya no, y por una vida y un futuro diferente.

El género nos une, la clase nos separa

El ajuste que estamos sufriendo tiene cara de mujer. Gran parte de quienes cobran la jubilación mínima atacada en diciembre son mujeres. De los docentes que están enfrentando el techo a las paritarias que quiere imponer Vidal, el 80 por ciento son mujeres. Gran parte de los despedidos del Hospital Posadas son mujeres. Somos las mujeres que en momentos de crisis sostenemos los hogares, con trabajados precarios, haciendo la doble jornada.

El 8 de marzo, frente a un gobierno como el de Macri, de Vidal, y también al cinismo de la corte, lejos de buscar tal o cual pincelada de decoración a las viejas prácticas de la sociedad, miles de mujeres junto a trabajadores, estudiantes, organizaciones políticas y sociales, profundizamos el camino de pelear por nuestros derechos.
Conquistar otra vida, donde no seamos ni explotadas ni oprimidas, va de la mano de parar, luchar, y organizarnos contra mujeres como Hilda Kogan, como María Eugenia Vidal. Ellas son garantes de los empresarios, de los ricos y poderosos, ya sea en el poder político, o en judicial, y la opresión de la mayoría del pueblo pobre, de las mujeres, les es totalmente funcional.

Si paramos en varios países por millones, es porque estamos logrando organizarnos ya no sólo para decir “no nos maten”, sino porque también queremos otra vida. Queremos frenar el ajuste, defender nuestro salario, mejores condiciones de vida, decidir sobre nuestro propio cuerpo exigiendo educación sexual, anticonceptivos para no abortar, y aborto legal para que miles de mujeres no mueran por el aborto clandestino. Peleamos para poder conquistar tiempo para poder desarrollar nuestro potencial a través del arte, la ciencia, el estudio y para cultivar nuestras relaciones con los seres queridos, y también, como venimos diciendo, terminar con la violencia machista y lograr realmente el Ni Una Menos.

Lo hacemos, objetivamente, enfrentándonos contra la clase que nos explota y recicla cada día un sistema tan retrógrado como el Patriarcado. El pelear conscientemente desde una perspectiva de género pero también de clase, es lo que nos permite armarnos para conquistar nuestras demandas.

En ese sentido, como exigimos desde la agrupación Pan y Rosas y de la Marrón Judicial de la que soy parte, era clave que la AJB llame a un paro total de mujeres y también de todos los hombres para pelear por nuestros derechos. Para que el Paro por los derechos de las mujeres nos encuentre a las y los trabajadores unidos peleando en esta perspectiva. Porque no queremos hombres haciendo nuestro trabajo en las oficinas, los queremos parando y marchando por todas nuestras demandas, haciéndonos más fuertes. Porque las y los trabajadores no sólo debemos organizarnos para pelear por salario, u otras condiciones, debemos pelear por conquistar una vida que día a día nos quieren robar. Porque el paro por nuestros derechos no debe ser sólo “cosa de mujeres”.

Cada vez somos más las que le exigimos a los sindicatos que el próximo paro sea total, de todos los gremios, de todas y todos los trabajadores.
Cada vez somos más las que queremos organizarnos. Aunque existan “Hildas” que pretendan frenarnos, somos miles las que ganamos las calles y las que vamos a seguir haciéndolo.







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