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MUNDIAL RUSIA 2018

Hijos de la Copa: Rusia 2018 y el recuerdo del “baby boom” de los Juegos Olímpicos de Moscú

Los entretelones del Mundial 2018 estuvieron marcados en Rusia por un recuerdo de las Olimpíadas en la vieja URSS: el boom demográfico experimentado tras la competencia. Insólitas discusiones entre funcionarios.

Javier Szlifman

@JavierSzlifman

Miércoles 25 de julio de 2018 | Edición del día

Un tiempo antes de que el arquero francés Hugo Lloris levantara la copa y proclamara a Francia campeón, Rusia vivió una polémica referida al Mundial. En declaraciones a la emisora radial Govorit Moskva, Tamara Pletnyova, jefa del Comité para familias, mujeres y niños del Parlamento, pidió a las mujeres rusas que no mantengan relaciones sexuales con extranjeros de otras razas durante el torneo. Para la dirigente política, se trataba de evitar el llamado “fenómeno de los Juegos Olímpicos de 1980”, cuando tras la gran cita deportiva que tuvo lugar en Moscú se produjo una suerte de “baby boom”, que vio nacer miles de niños con madres nativas y padres extranjeros.

“Estos niños mestizos sufren y han sufrido desde la época Soviética. Una cosa es que sean de la misma raza... y otra muy diferente es si son de razas distintas. No soy nacionalista, pero sé que los niños sufren. Están abandonados... y luego se quedan en Rusia con su mamá”, concluyó Pletnyova.

Los Juegos Olímpicos de 1980 fueron los primeros realizados en un país de la esfera socialista. Se tomaron medidas de seguridad sin precedentes. Los asistentes recuerdan que se veía poca gente en las calles y solo circulaban coches oficiales. Algunos disidentes y opositores al régimen comunista fuero exiliados. Muchos moscovitas fueron invitados a enviar a sus hijos a campamentos de verano o a otros sitios fuera de la ciudad, para evitar que tomen contacto con los visitantes.

Aquellos Juegos quedaron marcados por los conflictos políticos de la Guerra Fría. Un año antes, el ejército soviético había ingresado a Afganistán. El gobierno de Estados Unidos, al mando de Jimmy Carter, lo consideró una invasión y llamó a un boicot a los Juegos, al que se sumaron 63 países que no enviaron deportistas, entre ellos Alemania Occidental, Japón, Kenia, Canadá y muchas naciones de África y Sudamérica, entre ellas Argentina.

La mayoría de los estados europeos participó de la competencia. En ese contexto, la URSS y la RDA se quedaron con el 60 % de las medallas, mientras utilizaban el deporte como una muestra de su poderío. Pese a los controles, poco tiempo después se produjeron miles de nacimientos.

A la llegada de miles de extranjeros y sus vínculos con mujeres rusas se sumaron una serie de medidas gubernamentales. Los nacimientos masivos en la Unión Soviética en la década de 1980 fueron también el resultado de cambios en la política demográfica, materializados en el Decreto del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1981, que proponía una serie de incentivos y ayudas estatales a las familias que tuvieran hijos. El Estado comenzó a pagar prestaciones infantiles para el primer nacimiento y se reglamentó la baja por maternidad pagada, que permitía a la mujer no trabajar durante el embarazo y conservar la antigüedad laboral.

Según el censo de 2010, en Rusia el segundo grupo más numeroso lo ocupaban aquellos que tenían de 25 a 29 años, nacidos a comienzos de la década de 1980. Sumaban 12 millones de personas, solo por detrás de los mayores de 70 años. Hoy, ellos tienen entre 33 y 37 años. Son la última generación nacida bajo el paraguas de las Unión Soviética. Crecieron durante la década de 1990, mientras el país se abría paulatinamente a nuevos productos y servicios. Muchos los llaman los “Hijos de los Juegos Olímpicos”. Un fenómenos similar se había dado en 1957, tras la "Fiesta de la juventud" organizada por el gobierno de Nikita Kruschov, que permitió la llegada de miles de extranjeros.

En Rusia también suele escucharse que aquellos Juegos de 1980, con su invasión de golosinas, Coca Cola, zapatillas deportivas de primeras marcas y ropa importada, fue el comienzo de la Perestroika que tuvo lugar a partir de 1985 y que marcó el final de la Unión Soviética.

Años más tarde, los jóvenes nacidos a comienzos de la década de 1980 comenzaron a tener hijos. Entre 2007 y 2011, la natalidad creció en un 20%. Comenzaron a reclamar por más y mejores derechos. Aquellos que no conseguían vacantes en los jardines públicos se organizaron en grupos para encontrar educación para sus hijos. Otros juntaron firmas para mejorar la alimentación de los niños.

Se calcula que durante el mes de la Copa del Mundo, más de un millón y medio de extranjeros llegaron a Rusia. El gran país europeo se mostró mucho más amable y receptivo de lo que se imaginaba en los días previos al torneo. La policía siguió adelante con sus controles pero fue mucho más laxa de lo previsto. Las calles de las ciudades fueron tomadas por miles de hinchas, que se juntaron a cantar por su equipo, tomar cerveza y disfrutar de su estadía. Muchos jóvenes locales se sumaron a la propuesta.

En los distintos Fans Fest organizados por la FIFA se vio a miles de jóvenes rusos compartiendo momentos con fanáticos llegados para disfrutar de la Copa del Mundo. “Hay muchos extranjeros aquí, todos están contentos, felices, la gente está muy predispuesta a compartir el momento con todos los que estamos aquí. Es muy linda esa sensación” comentaba Kim, una joven rusa, en el Fan Fest de San Petersburgo. En la avenida Nevsky, en el centro de la ciudad de los canales, o en la peatonal Nikolskaya, cerca de la Plaza Roja de Moscú, también fue frecuente ver a jóvenes rusas hablando y tomándose fotos con fanáticos extranjeros.

En respuesta a la diputada Pletnyova, el presidente Vladimir Putin declaró que las mujeres rusas “deberían tener derecho a tomar su decisión” sobre sus vínculos con los extranjeros. Su portavoz, Dmitry Peskov, agregó: “En cuanto a las mujeres rusas, pueden, tal vez, decidir por sí mismas. Son las mejores mujeres del mundo”. En Rusia, dentro del grupo de menores de 40 años, las mujeres son 12 millones más que los hombres. La tasa de natalidad del próximo año indicará si las jóvenes rusas siguieron los consejos de la diputada Pletnyova o si se vivirá un fenómeno similar al de la década de 1980.







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