Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

Hermien, la vaca que logró su libertad y la dignidad humana

Escapó camino al matadero y se escondió durante dos meses en un bosque al norte de Holanda. Conmovió a miles de personas y nos brindó la oportunidad de reflexionar sobre nuestra propia humanidad.

Miércoles 28 de febrero | 13:32

Pocas veces un animal en la vida real se transforma en el protagonista de una historia de aventuras que llega a millones de personas alrededor del mundo. Esta vez fue una vaca que logró evitar su destino de cadáver a la mesa, la que conmovió a miles de personas y nos brindó la oportunidad de reflexionar sobre nuestra propia humanidad.

Hermien es una vaca que se escapó en el camino al matadero y se escondió durante dos meses en un bosque del norte de Holanda. Una vez encontrada, y gracias a la presión social que incluyó una campaña en las redes sociales y una colecta de dinero del Partido Animalista de Holanda que logró juntar casi 50 mil euros, la vaca fue trasladada a la granja de la asociación De Leemweg, en la ciudad de Zandhuizen, que recibe vacas que dejan de ser productivas y funciona solo con donaciones. A raíz de este caso, una columna de Juan Arias en el diario español El País se pregunta si no seremos todos un poco Hermien: “La sociedad se descubre cada día más castrada en su identidad, en su libertad de pensar y de crear, de ser más que un número y una ficha en el ajedrez anónimo de los poderes fácticos que nos vigilan, nos dominan y nos domestican para que seamos un producto que puede ser vendido y consumido”.

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Es cierto que quizá la historia de esta vaca que luchó por su vida y su libertad nos toca algún nervio que permanece un tanto anestesiado pero no muerto, especialmente en estos tiempos difíciles, cuando muchos nos sentimos avasallados por el sentimiento de que lo único que importa en este mundo es hacer dinero, y que la gran mayoría solo somos el instrumento para que algunos pocos consigan más riqueza a costa de nuestras vidas.

Sin embargo, esta reflexión está dejando afuera a la protagonista principal: la vaca. Ya es historia vieja que el pensamiento antropocéntrico niega a los animales cualquier tipo de razón y capacidad de habla. Pero a estas falaces ideas también se les rebela Hermien cuando decide huir del matadero. Tal vez la historia de la vaca luchadora pueda ir más allá de hacernos pensar en nuestra búsqueda de libertad y realización personal, y sirva para poner en cuestión los modos como los seres humanos nos relacionamos con los demás animales que habitan el planeta, especialmente aquellos que fueron creados para satisfacer necesidades (o caprichos) de generaciones pasadas.

Efectos ambientales de la ganadería

La ganadería industrial es responsable de una enorme emisión de gases de efecto invernadero. Según la organización internacional GRAIN, “las veinte principales compañías de carne y lácteos emitieron en 2016 más gases con efecto de invernadero que toda Alemania, el país más contaminante de toda Europa, por mucho”. Mientras que para Greenpeace, “la ganadería es responsable de la emisión del 14,5 % de los gases de efecto invernadero (GEI), superando las emisiones mundiales del tráfico rodado. Entre los gases emitidos se encuentran el CO2, pero especialmente el metano y el óxido nitroso, dos gases de efecto invernadero mucho más potentes que el CO2”. A este respecto también se pronunció la FAO alertando que la producción ganadera amenaza no solo el cumplimiento del Acuerdo de París, sino que esta industria trae consigo problemas graves de acceso al agua, y es una de las principales causas de pérdida de biodiversidad a nivel mundial. Para peor, el acceso a los beneficios de la producción ganadera no es equitativamente distribuido, la producción de carne es exportada desde los países productores a los países ricos y los territorios pobres son quienes pagan los costos ambientales y sociales.

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A consecuencia del modelo ganadero industrial la deforestación y los conflictos territoriales están creciendo en América Latina. Argentina, Paraguay, Colombia y Brasil pierden sus bosques aceleradamente para dar paso a la ganadería y a los cultivos transgénicos de soja y maíz, los cuales a su vez son utilizados en gran parte para alimentar ese ganado. Otro componente más que podemos sumarle al problema es la utilización de todo tipo de antibióticos y químicos en estos animales para engordarlos con mayor rapidez, y también porque el vivir hacinados y en pésimas condiciones los hace vulnerables a las enfermedades, tratándose en consecuencia como un gran riesgo para la salud humana. Según un estudio del Centro para la Dinámica, Economía y Política sobre Enfermedades en Washington DC, publicado en la revista Science, “esta escalada en el uso de antibióticos, principalmente como sustituto de una buena alimentación e higiene en la producción ganadera, es simplemente insostenible y echará por tierra todos los esfuerzos para conservar la eficacia de los actuales antibióticos”, y ven necesaria una reducción de al menos un 80 % en el empleo de antibióticos para engorde de ganado para el año 2030.

Y tampoco podía faltar el daño a la salud mental de los trabajadores de la industria de la carne, algo señalado en el recomendado documental mexicano Matadero, lo que la industria cárnica esconde, del fotoperiodista Aitor Garmendia.

La columna de Juan Arias concluye: “Es como si la sociedad se preguntara a sí misma si, con nuestro conformismo ante los poderes y las ideologías que pretenden decidir autoritariamente nuestro destino, no sería preferible saltar del camión de la muerte para redescubrir nuestra dignidad humana”. Podríamos agregar que saltar del camión para vivir junto a los demás animales sin explotarlos ni condenarlos a una vida miserable de sufrimiento también es parte de nuestra dignidad humana, que respetarlos y cuidarlos es también asegurar una vida digna, tanto para animales no humanos como para animales humanos.







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