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ELECCIONES BRASIL

Haddad y un acuerdo con la Iglesia católica contra la legalización del aborto

El jueves, el candidato a presidente del PT, Fernando Haddad fue recibido por Leonardo Steiner de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), para discutir los 5 puntos prioritarios de la Iglesia Católica en Brasil. Entre los puntos, figura la negativa a la legalización del aborto en el país.

Martes 16 de octubre | 06:13

Haddad afirmó estar de acuerdo con todos los puntos de la Iglesia Católica, incluso el mantenimiento de la prohibición del aborto. Esto durante una reunión que tuvo el jueves pasado en marco de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil.

Así mismo, Manuela D’Ávila -diputada de PCdoB- abandonó la pauta histórica del movimiento de mujeres de Brasil. En el programa de gobierno de ambos, no hay ninguna línea en defensa de las casi un millón de mujeres que abortan todos los años sólo en Brasil, desencadenando en miles de muertes al año por abortos clandestinos.

El Papa Francisco ya comparó a las mujeres que abortan con los nazis y, más recientemente, a los sicarios. La hipocresía sin fin de la Iglesia Católica la hace “olvidar” los miles de casos de pedofilia y violaciones en que sus miembros, varios de alto rango, practican. Por otro lado, la supuesta defensa de la vida no incluye la vida de las miles de mujeres que mueren cada año por abortos clandestinos.

Bolsonaro y su corte reaccionaria de ministros conservadores y militares ya afirmaron que van a abolir incluso la autorización del aborto para los tres casos permitidos (violación, riesgo de muerte de la madre, inviabilidad del feto).

Así mismo, enormes sectores de las iglesias evangélicas comulgan de ese programa bolsonarista: son enemigos odiosos de las mujeres, especialmente de las negras y pobres. Esto exige que cualquier programa que se proponga enfrentar a la extrema derecha levante la necesidad incondicional de la legalización del aborto para las mujeres.

Por otro lado, el PT de Haddad una vez más muestra los límites de su política de conciliación. Al reafirmar ser contrario a la legalización, Haddad deja claro que en nombre de la lógica electoral, ningún derecho de las mujeres va a ser concedido. Lo anterior, en un país donde el déficit de guarderías es altísimo -casi el 70% de los niños están esperando guarderías-. Donde cerca de un tercio de los bebés no pasan por prenatal adecuado. En el país donde el derecho a decidir es negado y que, además, recaen casi todas las obligaciones sobre las mujeres en relación al cuidado de los hijos y del hogar.

La prohibición del aborto es muestra de la profunda hipocresía de los gobiernos y de la Iglesia. Esta prohibición mata a más de 1.200 mujeres cada año, más un sin fin de daños y problemas en los órganos reproductivos. Las estimaciones del propio ministerio de salud es que se realizan en Brasil entre 850 mil a un millón de abortos, la mayoría con métodos poco seguros y precarios.

Cada 4 muertes 3 son de mujeres negras y pobres. La prohibición del aborto no hace que deje de ocurrir. Al mismo tiempo, la ausencia de políticas de educación sexual y amplia divulgación y distribución de métodos anticonceptivos seguros a la salud refuerza el abismo entre el gobierno y las mujeres.

No es novedad la postura de Haddad y del PT. Fueron más de 13 años de gobierno del PT donde no se avanzó en nada por la legalización del aborto. Por el contrario, el PT hizo alianzas con la bancada evangélica y concesiones a la Iglesia. No sólo mantuvo la prohibición del aborto, sino que, también, se adaptó a la presión de los grupos conservadores contra el debate de género y sexualidad en las escuelas.

El discurso conservador, que hoy sostiene a los partidarios de Bolsonaro, no fue combatido por el PT. Al contrario, fueron 13 años de concesión mientras miles de mujeres siguieron muriendo víctimas de la clandestinidad del aborto.

Es un absurdo no levantar la bandera de legalización del aborto en Brasil. No es posible seguir conciliando con bancadas conservadoras y religiosas en nombre de gobernabilidad, mientras se mantienen los altos índices de muertes por abortos, las violencias contra las mujeres negros, indígenas y LGBT.

La lucha por la legalización del aborto se mantiene urgente. Es necesario luchar por un estado laico que garantice la libertad religiosa, por un lado, y la absoluta separación de la Iglesia y del Estado. La vida de las mujeres no puede ser moneda de cambio en ninguna elección.

El discurso de odio, machista y misoginio de Bolsonaro necesita ser combatido por la izquierda, levantando un programa que garantice educación sexual en las escuelas y el aborto legalizado y garantizado por el Sistema Único de Salud (SUS).

Sólo en un enfrentamiento frontal con el conservadurismo y con el patriarcado se puede derrotar a Bolsonaro y luchar por la vida de las mujeres.

El odio de Bolsonaro a las mujeres, a los negros y LGBTs se expresa, también, en el sometimiento a peores condiciones de trabajo y de salarios. En el marco de la reforma de la seguridad social, contra la PEC de las domésticas quiere avanzar contra el activismo en Brasil, que incluye los movimientos sindicales, de mujeres y el movimiento negro y LGBT.

El combate con la extrema derecha debe darse con la organización de comités de bases en las escuelas, universidades y en cada lugar de trabajo y estudio. CUT, CTB y las entidades estudiantiles como la UNE, necesitan convocar asambleas y organizar los comités.

La lucha por la legalización del aborto debe ser parte de esa lucha contra la extrema derecha, junto a la batalla contra los ataques del golpismo, como la reforma laboral.

Ante la absurda manipulación de este proceso electoral, que denunciamos a través de la Izquierda Diario, acompañamos a aquellos que quieren derrotar a Bolsonaro en las urnas, y lanzamos el voto crítico a Haddad. Pero no apoyamos políticamente al PT, ni su programa de conciliación de clases con la derecha y la Iglesia, que ya se mostró absolutamente insuficiente para enfrentarse a la extrema derecha durante años en el gobierno.

No hemos abandonado las demandas urgentes e históricas de las mujeres, y no podemos tener ningún compromiso con el PT o Haddad. Necesitamos construir una fuerza material en las calles, en las huelgas, en las luchas que pueda derrotar a la extrema derecha y el golpismo y hacer que sean los capitalistas que paguen por la crisis.







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