Internacional

XVI CONGRESO DEL PTS

Hacia una nueva etapa de la situación mundial

En su primera sesión el XVI Congreso del PTS abordó los principales cambios en la situación internacional a partir de la llegada de Donald Trump al gobierno de EEUU, retomando para ello los debates iniciados en la reunión extraordinaria de la Fracción Trotskista por la Cuarta Internacional de marzo de este año.

Jueves 20 de abril | 17:06

El debate se abrió a partir del informe de Emilio Albamonte. Comenzó señalando que la política nacionalista que plantea Trump, aunque aún no está claro en qué magnitud y en qué tiempos, representa una ruptura con los Gobiernos neoliberales y globalizadores -tanto conservadores como socialdemócratas- que predominaron durante todo la etapa anterior de la restauración neoliberal. Esta etapa que tuvo lugar luego de la derrota del ascenso de masas a nivel internacional (1968-1981), comenzó con la derrota de Reagan a la huelga de los controladores aéreos norteamericanos, de Thatcher a los mineros ingleses y la Guerra de Malvinas. Luego se extendió a los países semicoloniales mediante el llamado “Consenso de Washington”, y tuvo su expresión en la restauración capitalista en los ex Estados obreros burocratizados, con diferentes consecuencias en la URSS y en China.

Mientras que en Rusia la restauración llevó al colapso de la economía -cuyos índices fueron comparables al de una gran guerra- en el caso de China, la migración de cientos de millones de campesinos a las ciudades fue utilizada por el capital imperialista para transformar a China en el “taller del mundo” con bajos salarios y peores condiciones de trabajo. Luego del estallido de la crisis mundial en 2008, el crecimiento de China se transformó en un factor clave a partir de 2010 para evitar una depresión de la economía mundial en toda la línea.

Frente al agotamiento de este esquema, y en el marco de la decadencia de su hegemonía mundial, el grueso del establishment norteamericano, representado en la última elección por Hillary Clinton, apostaba a continuar la tarea de aquella restauración neoliberal bajo las banderas de la globalización con una línea más agresiva sobre Rusia, fragmentando su zona de influencia, para así poder dar saltos hacia su semicolonización. Una política que tenía rasgos de aventurismo, en el marco de la propia crisis de hegemonía norteamericana.

En este marco, el Gobierno de Trump representa un intento de ruptura de aquella orientación “globalizadora”, marcando el viraje hacia el nacionalismo económico. Abriendo de conjunto un período caracterizado por las tendencias al nacionalismo económico (que tienden a chocar con la estructura fuertemente globalizada del capitalismo actual), alianzas inestables, mayores disputas y rivalidades entre las grandes potencias, guerras comerciales y también conflictos militares en los que se vean involucradas.

Sobre este punto se desarrolló una parte de la discusión de la primera jornada del Congreso sobre los motores fundamentales de este giro en la política norteamericana: hasta qué punto responde al repudio contra el establishment de amplios sectores perdedores de la “globalización” y no a las necesidades directas de las fracciones hegemónicas del capital. O si efectivamente responde a la división al interior del aparato estatal burocrático militar norteamericano, como expresión de la encrucijada ante la cual se encuentra la burguesía imperialista, que toma por base a aquellos sectores más golpeados por la globalización.

Esta y otras polémicas tuvieron, como marco, el hecho de que aún la orientación de Trump está en plena definición, como lo muestran en relación a su política exterior los recientes bombardeos en Siria y en Afganistán. Lo mismo ocurre en la relación con Rusia.

El Gobierno de Trump como bonapartismo débil

A su vez, el informe abordó la definición del carácter del Gobierno de Trump como bonapartismo débil en los marcos de un régimen democrático burgués. Desde la misma campaña electoral Trump ha hecho alarde de contar con el apoyo de una parte significativa de la comandancia del Ejército. En el Congreso del PTS se discutió cómo este carácter, a su vez, está en la base de las políticas oscilantes que lleva adelante Trump en su intento de arbitrar sobre diferentes fracciones en el marco de un gobierno que aún no está asentado.

Por otro lado, desde el informe y varios delegados, señalaron que lejos de lo que plantean algunos analistas, la política de Trump no es aislacionista. De conjunto, el nacionalismo económico que propugna Trump implica una política imperialista más agresiva en el plano externo, guiada por el unilateralismo militarista, y más reaccionaria en el plano interno, expresada en su política antiinmigrante, antisindical y antidemocrática en general.

Elementos de recomposición política del movimiento obrero

Otra de las discusiones giró en torno a los elementos de recomposición del proletariado en la situación actual.

Desde este ángulo, si bien por derecha vemos sectores de la clase obrera que han votado por Trump en las pasadas elecciones norteamericanas, hay importantes sectores del movimiento obrero que expresan elementos de una recomposición política por izquierda. Fenómenos de primer orden para los revolucionarios en los cuales intervienen, obviamente, direcciones reformistas y centristas.

Por ejemplo, hacia las próximas elecciones ejecutivas en Francia, algunas encuestas muestran la posibilidad de un balotaje entre el Frente Nacional de Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon. En el caso de la derecha nacionalista y xenófoba de Le Pen, cuenta con alrededor del 7 % de intención de voto entre sectores de trabajadores. Pero por otro lado, hacia izquierda, en el caso de Mélenchon, a pesar de que es un viejo miembro del establishment político francés, debe sin embargo su gran popularidad a un discurso basado en la promesa de una “ruptura radical” con el actual sistema de gobierno (“revolución ciudadana”), y a sostener demandas del movimiento obrero como la semana laboral de 32 horas, bajar la edad jubilaría a los 60 años, entre otras medidas.

A su vez, a la izquierda de Mélenchon se ha transformado en un fenómeno político, la candidatura anticapitalista de Philippe Poutou (trabajador de la Ford) por el NPA (Nuevo Partido Anticapitalista). La enorme simpatía que ha despertado su candidatura en los lugares de trabajo y de estudio, así como la popularidad de sus intervenciones, mostraron que era posible un discurso y programa anticapitalista y de clase. La lucha por conquistar esta candidatura de la que formó parte la Courant Communiste Révolutionnaire tuvo que enfrentar la resistencia incluso de sectores del propio NPA que bregaban por no presentar candidatura independiente.

Lo que muestra el caso francés no es solo la existencia de elementos de recomposición política del movimiento obrero (luego de décadas de retroceso subjetivo), sino que es clave la voluntad de los revolucionarios de disputarlo -en lucha contra aquellas variantes reformistas que buscan moldearlo- para que tenga su expresión un sector anticapitalista y de clase. Es un ejemplo de un fenómeno mucho más amplio. Estos elementos de recomposición política del movimiento obrero son parte de los principales fenómenos que atraviesan la situación mundial. El propio Frente de Izquierda en la Argentina es una muestra de ello. Estos y otros debates atravesaron la primera jornada del Congreso del PTS.






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