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PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Habla el testigo de Olmos: “Vi al cura Lorenzo abusar de chicos en campamentos y reuniones”

Su testimonio ya se volcó dos veces en la causa que tramita la fiscal Ana Medina de La Plata. Otro relato contundente sobre hechos sucedidos en la parroquia San Benito que pone en jaque al excapellán del Servicio Penitenciario Bonaerense.

Daniel Satur

@saturnetroc

Estefanía Velo

@Stefania_ev

Martes 30 de julio | 20:30

Foto La Izquierda Diario | Pulso Noticias

En una nota del 9 de julio, este medio difundió algunos detalles de nuevas denuncias por abusos sexuales y demás delitos contra el sacerdote Eduardo Lorenzo, donde se mencionaban a las víctimas como “B” y “C” por respeto de sus tiempos y para no entorpecer el desarrollo de la causa. Esas denuncias ya se investigan en la UFI 1 de La Plata, a cargo de la fiscal Ana Medina.

A la semana siguiente, se conoció públicamente la identidad de “C”. Se trata del empresario platense de 32 años Julián Bartoli, quien en una conferencia de prensa, rodeado de su familia, de los otros denunciantes de Lorenzo y con todos los medios locales y nacionales enfrente, dio todos los detalles de su experiencia con el cura y de su denuncia penal.

Esa visibilización de un nuevo caso que compromete aún más la situación de Lorenzo, motivó que el cura rompiera el silencio mantenido durante más de una década y en los últimos días diera diversas entrevistas periodísticas en las que solo se encargó de negar todo y acusar de fabuladores a sus denunciantes.

Para B, el otro denunciante, aún no es tiempo de dar nombre y apellido a nivel mediático, aunque todos sus datos filiales ya fueron volcados al expediente judicial en dos oportunidades, una por escrito el 18 de junio y otra presencial en la fiscalía el 10 de julio, una semana después de que Bartoli hiciera lo propio en la misma sede judicial.

B aceptó que este medio reproduzca su denuncia en detalle (preservando algunos datos sensibles) para que quienes aún dudan de la gravedad de los hechos que se le imputan a Lorenzo tengan más herramientas de juicio.

“Siempre fue un manipulador”

Hace 39 años B nació en La Plata. Siempre vivió en el barrio de Olmos. Conoce a Lorenzo desde el año 1993 cuando el cura desembarcó en la parroquia San Benito de la calle 200 entre 43 y 44. “Mi familia siempre formó parte de la parroquia, colaborando”, recuerda.

El hombre cuenta que el cura siempre hizo uso de “su personalidad seductora”, que le permitió en poco tiempo armar “un grupo de jóvenes en la parroquia”, ganándose el apoyo de la feligresía. “Pero al poco tiempo empecé a ver actitudes de él que no me cerraban, no me gustaban”, remarca.

Para B el mejor calificativo que describe a Lorenzo es el de “manipulador”, que con sus artimañas logró organizar un sistema de captación de jóvenes para luego realizar sus deseos de dominación.

“Empezó a organizar convivencias, campamentos, y bueno ahí empecé a ver cosas un poco más graves. Empecé a notar que con uno de los chicos de la comunidad de la parroquia tenía una relación muy rara, porque no era con todos igual, era solamente con él, de pasarlo a buscar por la escuela, llevarlo a tae kwon do, esperarlo a que salga y llevarlo a sus actividades, invitarlo a dormir a la casa parroquial”. Así, tal cuál como lo cuenta, lo dijo B en sede judicial.

Lorenzo hizo muchas de las cosas que denuncia B “delante de todos los chicos del grupo, no era algo que él ocultara, todos veíamos todo esto”. El hombre dio muchos de esos nombres ante la fiscalía. “Eso lo vimos todos los que formábamos parte del grupo, incluido el hermano mayor” del joven al que B considera el más victimizado.

Hubo dos escenarios que B recuerda como los habituales para los abusos de Lorenzo sobre adolescentes: un campamento en Necochea y fiestas a puertas cerradas en la casa parroquial de Olmos.

Parroquia San Benito de Olmos
Parroquia San Benito de Olmos

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En la carpa

En los campamentos, cuenta B, “ya no teniendo la mirada de los familiares y gente grande”, Lorenzo “se sintió con más libertad para moverse”. Lorenzo se encargaba de ganarse la confianza de padres y madres que permitían que él fuera el único adulto responsable en esos viajes.

Sobre el campamento de Necochea, B afirma que eran “unos veintipico de chicos. El cura organizó una carpa con más o menos unos veinte y en otra carpa, más chica, estaban él, dos chicos más y yo”.

Durante varias de esas noches él pudo ver “movimientos debajo de la bolsa de dormir de Lorenzo y este chico, tocamientos”. Además, relata, Lorenzo esperaba al chico “que salga de la playa y ponerle bronceador, tocarle el pelo, irse a bañar ellos juntos a un baño y todos los demás a otro baño”.

Cuando B vio esas secuencias, decidió cambiarse de carpa, junto al resto de los chicos. “Eso lo enfureció y fue la primera vez que yo lo vi enojado”, recuerda. Y detalla que el cura lo obligó “a poner de nuevo la bolsa de dormir en esa carpa chiquita y a ser partícipe de todo eso”.

Al otro día, asegura B, “la represalia fue enojarse, putearme, denigrarme adelante de todos los demás. Me hizo lavar ollas durante los quince días que estuvimos ahí. Claramente la actitud era muy agresivo conmigo a diferencia del resto de los chicos”.

Cuando declaró el 10 de julio, a B le preguntaron en la fiscalía si podía especificar qué tipo de movimientos vio dentro de las bolsas de dormir de Lorenzo y del otro chico. “Yo veía en la oscuridad, movimiento por dentro de la ropa. Imaginate que todo oscuro, lo que se podía ver”, respondió.

Y dijo que esos episodios también los vio luego “en campamentos y convivencias que realizo acá en La Plata” durante los años 1993 y 1994.

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En la casa parroquial

Sobre las “fiestas” o encuentros privados que organizaba Lorenzo, B afirma que eran “reuniones nocturnas en la casa parroquial, donde había alcohol, a él (el cura) le gustaba tomar whisky”. Y agrega que “era habitual que este pibe”, hablando del mismo chico de las carpas, “se quedara a dormir en la casa parroquial”.

Los recuerdos de B son demasiado claros. “Todo eso lo vi yo, que formaba parte de ese grupo. Todas las veces que se reunía él con los chicos en la casa parroquial tenía una connotación sexual, joda tipo sexual, toqueteos. No nos juntábamos a rezar el rosario. Todos temas de índole sexual, preguntas como ‘¿cuánto te mide?’ Y las juntadas eran siempre de varones, nunca mujeres”.

En la Fiscalía le preguntaron a B “en qué consistían las reuniones con Lorenzo”, a lo que respondió que “era después de la misa, se quedaba comer el grupito de varones en la casa parroquial. A mí me pasaban a buscar temprano, pero sí sabía que se quedaban a dormir. Algunos se quedaban”.

B asegura haber visto muchas cosas feas y graves. “Me acuerdo de una discusión que tuvo con una chica de la Parroquia, de mi misma edad, a quien le contestó en un ataque de ira ‘¡chúpame la pija!’. Era notoria la manipulación que ejercía en todo el grupo, nadie se animaba a contradecirlo, ni a oponerse”. Ahí B decidió abandonar al grupo y no volver a la parroquia.

También recuerda el ensañamiento de Lorenzo maltratando verbal y psicológicamente a las mujeres de la comunidad.

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Salir a tiempo

Cuando B abandonó el entorno de Lorenzo, sus padres le preguntaron las razones. “Les conté como pude, porque me daba vergüenza. Que había visto actitudes del Padre que no me gustaban, no con tanto detalle porque no lo pude decir en ese momento. A mí a los quince años me perturbó bastante esto. Traté de ocultarlo hasta que con los años de a poco lo fui diciendo”, confiesa.

Sus padres, sin saber la gravedad de los hechos de los que fue testigo, le dijeron que se quedara tranquilo, que se sintiera en libertad y si no quería ir más, que no fuera.

Con el correr de los años, confiando quizás en la posibilidad de que Lorenzo cambie sus conductas, B le contó parte de aquellas funestas vivencias a adultos que conocieron bien al cura. Pero en casi todos los casos solo recibió mensajes de incredulidad y complicidad con el hombre de sotana.

Hasta que en 2008, de casualidad, tomó contacto con Julio Frutos y Adriana Lara justo cuando ellos estaban en proceso de denunciar penalmente a Lorenzo por abusos sexuales y demás maltratos cometidos contra su ahijado cuando éste se encontraba alojado en el hogar Los Leoncitos de Gonnet y participaba de un grupo de jóvenes en la parroquia Inmaculada Madre de Dios (regenteada por Lorenzo hasta el día de hoy).

“Cuando les pasa eso en Gonnet, a través de mi hermana que escuchó su caso por cuestiones de trabajo, tomé contacto con ellos. Les conté mi historia, León me contó la suya y así fue como empezamos a indagar cómo había sido el comportamiento de Lorenzo en otras parroquias”, recuerda B. A partir de allí decidieron avanzar penalmente de manera conjunta.

En aquel momento B no llegó a dar su declaración testimonial ante la fiscal Ana Medina. En realidad ella nunca lo convocó y, por el contrario, en pocos meses terminó archivando el expediente, declarándole la “falta de mérito” a Lorenzo sin siquiera haberle realizado una pericia psicológica ni tomarle declaración indagatoria.

Abusador en jaque

Este año, cuando el abogado Juan Pablo Gallego aceptó patrocinar a León y al matrimonio Frutos, y logró que la misma fiscal desarchivara el expediente para seguir investigando, B se puso nuevamente a disposición de los querellantes para dar su testimonio (que en rigor es una nueva y contundente denuncia por abusos contra Lorenzo).

Primero la fiscal Medina se mostró reticente a tomarle declaración testimonial, por lo que Gallego presentó el relato de B por escrito ante la Fiscalía y exigió que la titular de la UFI 1 ponga fecha para que el hombre ampliara en sede judicial. Finalmente el miércoles 10 de julio B juró decir la verdad y dio todos los detalles de su historia que tanto la querella como la defensa y el Ministerio Público Fiscal quisieron saber.

B espera con tranquilidad el desarrollo del proceso judicial que, en su etapa de instrucción, día a día tiene novedades aunque siente la impunidad con la que se ha manejado Lorenzo en los últimos años. Por caso, se espera que en estos días muchas de las personas a las que B mencionó en sus declaraciones testimoniales concurran a la Fiscalía a dar su versión de los hechos.

Vale decir que ninguna de esas personas declararon aún en sede judicial, aunque sí en sede eclesiástica. Lo hicieron cuando en 2008 la curia armó un “expediente canónico” luego de que los Frutos denunciaran a Lorenzo ante el Arzobispado de La Plata. Aquella “investigación” ordenada por el entonces arzobispo Héctor Aguer dio como resultado, nada menos, que Lorenzo era inocente. ¿Quién no fue convocado a declarar por la jerarquía eclesiástica? León, la víctima.

B tiene la esperanza de que se llegue a la verdad en poco tiempo, por lo menos que alejen al cura de su lugar de párroco lo cual le permite seguir manteniendo vínculos con niños y adolescentes. Aunque también es consciente de que el enemigo a vencer tiene muchos recursos, influencias y una larga historia de mentiras muy bien armadas y sostenidas por los siglos de los siglos. Pero sabe que de su lado están las y los sobrevivientes (a quienes nunca conoció antes de compartir sus experiencias), sus familias y un enorme arco de personas y organizaciones que llevan años denunciando a las autoridades de la Iglesia católica por sus múltiples acompañamientos y hasta participaciones en crímenes, robos, abusos, violaciones, negociados y hasta genocidios.







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