Cultura

CINE // BAFICI 2016

Gyula Kosice: creador del arte con los ojos del porvenir

Se estrenó en el BAFICI ‘Kosice Hidroespacial’, documental de Gabriel Saie sobre el arte, la tecnología y la ciudad, según el genial creador madí.

Demian Paredes

@demian_paredes

Lunes 18 de abril de 2016 | Edición del día

Se realizó el estreno mundial de Kosice Hidroespacial, documental del joven realizador Gabriel Saie, presentado en la edición número 18 del BAFICI. La película es un recorrido por la obra y vida del artista (poeta, escultor, inventor, artista plástico y visual, teórico) fundador de los movimientos Arte concreto-Invención y Madí, vanguardias de proyección internacional en las décadas de 1940, 50, 60... También, se desarrolla lo que es la concepción kosiceana de la “Ciudad Hidroespacial”, en su filosofía, y en las obras y modelos a escala que informan e ilustran la misma.

Kosice, con 91 años, muy pronto a llegar a los 92, participó del proyecto del director, en una obra que fue concebida a lo largo de tres años.

En Kosice Hidroespacial aparecen Vivian Luz e Irina Sol, sus hijas (también artistas), quienes dan su testimonio y lo valoran como creador, comentan su trabajo y narran episodios biográficos, al igual que su hermano, Oreste Fallik. Otras intervenciones tendrán Ladislao Gyori, Raúl Santana, Adrián Barcesat, Andrea Giunta y Rodrigo Alonso, artistas y estudiosos del arte, quienes leen, analizan y proponen interpretaciones de la obra de Kosice (ahí se ve durante una lectura un tomo, de la década de 1980, rosa y rojo, publicado por Sudamericana, que compila décadas de su poesía, buscando conectar escritura y obra –tal como ocurre con la gota de agua mecida a velocidad, veloz y permanentemente–). Y más testimonios de colaboradores, amigos y discípulos. Otra presencia –por fotos, y la vía del recuerdo– es la de Diyi Laañ, esposa de Kosice.

Una de las líneas narrativas del film es la propia vida de Kosice, sus orígenes familiares (quienes vienen de Europa a la Argentina, humildes), y, por medio de jóvenes actores que lo representan en algunas escenas (de niño y adolescente), mostrar el comienzo de su interés por las artes, y el elemento agua como algo primordial. Así, un niño accede a una vasta biblioteca, donde encontrará los dibujos y esquemas de Leonardo Da Vinci, primera y principal influencia (como impulso y “modelo”, pero no para copiar o imitar). La otra línea serán las concepciones que tiene el artista (se oyen fragmentos de los manifiestos, se ven obras de Madí), su búsqueda por concretar el proyecto de la Ciudad Hidroespacial, y el reconocimiento que ansía (y merece plenamente), tras siete décadas de dedicación full a su arte (hay fotos y filmaciones con Kosice en la Bienal de Venecia de 1961, y décadas después, explicando a cámara su “filosofía” y concepciones porveniristas, entre otras). Allí, como “broche de oro”, está la exposición que se concreta en el Centro Pompidou de París.

Entre otras perlas que tiene el documental, un momento emotivo será el que muestre a un grupo niños escolares visitando el taller (y “museo-expositor”) de Kosice, asombrados por sus obras –en una visita guiada– y en diálogo con él. Lo que cuenta Gyula, a modo de anécdota, es parte de un tratamiento más amplio, casi permanente, sobre el tema del arte, que tiene todo el film: qué es, para qué “sirve”, cómo lo “usamos”. Comenta Kosice que un niño preguntaba insistentemente señalando una obra “Eso ¿para qué sirve?”. Y Gyula le responde: “A vos eso que está ahí y lo ves, ¿te hace bien?”. Y el niño: “La verdad que sí, me hace bastante bien”. Y Kosice: “Bueno: la obra entonces está hecha para que vos te sientas bien”. Un ejemplo sencillo del gran objetivo de Kosice: que el arte se “diluya” (o se integre) a la vida, y forme parte de ella, inescindible. ¿Utopía... sí o no? Y si es así ¿de qué clase de “utopía” hablamos? ¿Vanguardia?...

Kosice, por su parte, sostiene que no es una utopía lo suyo, que el término no le cabe a sus obras y concepciones. Muy por el contrario, con los crecientes avances de la ciencia y la tecnología, y ante las necesidades humanas, tenemos planteado como objetivo lograr acceder a nuevos espacios y ámbitos de vida y reflexión, a nuevas costumbres, a una nueva cultura humana, en contraposición con (o como superación de) el sistema vigente. (Otra anécdota que cuenta Kosice en el documental va en el mismo sentido, cuando visitó la NASA, para explicar su proyecto de Ciudad: le dijeron que era imposible por lo “caro”, quiénes financiarían eso... y el artista les pidió algo simple, sencillo: que se financiara dejando de producir bombas y armamentos, apenas, por un día. Por supuesto que como respuesta sólo obtuvo una sonrisa.) En 1986, en un “Prólogo móvil” para Teoría sobre el arte (un volumen publicado por Eudeba que reúne diversos escritos entre 1944 y 1986), Kosice plantea que todo ya se encontraba en el comienzo, en el Manifiesto Madí de 1946: “ruptura del marco y la ortogonalidad, proposición inventada en la poesía, realizaciones lumínicas y cinéticas, participación del espectador, invención y creación, idea del hábitat móvil y trasladable, nueva concepción espacial, incorporación artística de la tecnología de punta, exploración de nuevos materiales, interdisciplinarismo, etc. Las ideas sobre un nuevo urbanismo ocupando realmente el espacio, sumadas a las críticas a la arquitectura ‘internacional’ y ‘funcionalista’ permiten advertir que ya en esa primera etapa de su elaboración teórica estaban contenidos los supuestos básicos de la ‘Ciudad Hidroespacial’”. Desde ese mismo año 46, con sus manifiestos y proclamas, obras y volantes, “se alza Madí, confirmando el deseo fijo, absorbente del hombre de inventar y construir objetos dentro de los valores absolutos de lo eterno; junto a la humanidad en su lucha por la construcción de una nueva sociedad sin clases que libere la energía y domine el espacio y el tiempo en todos sus sentidos y la materia hasta sus últimas consecuencias”.

Para Kosice el artista debe enfrentarse a la realidad, producir y crear, y plantarse en la ciudad (en diálogo y colaboración con otras disciplinas como la arquitectura y el urbanismo), para que la obra adquiera ahí, allí, su “razón de ser”: valen como ejemplos en el documental algunas de las obras de Kosice instaladas en la ciudad de Buenos Aires: Corazón planetario, en la Fundación Favaloro, y el Monumento a la democracia, en la avenida 9 de julio, y en La Plata: el Faro de la cultura, emplazado con motivo del centenario de la ciudad. (En este faro se encuentra además su texto Mensaje para el año 2082, donde plantea que “el arte debe ser el catalizador y el acelerador de nuestra humana capacidad de sentir, pensar y actuar, porque el acto pulsional entre lo cotidiano, el arte y la vida no tiene en verdad intermediarios. Es un fluir constante”.)

Kosice Hidroespacial realiza su recorrido por la obra del artista: desde los primeros manifiestos, pinturas y esculturas, hasta las asombrosas obras hidrocinéticas, con sus acrílicos transparentes, colores, luces y sistemas/mecanismos, y posa su mirada con delicadeza sobre el artista mismo: sobre su vida, y también sobre él mismo, en diversos momentos. Hay unos primeros planos, directos, cerrados, donde se lo destaca, sin sonido, en una suerte de suspensión, que abre (o permite) el interrogante sobre él mismo, sobre lo hecho y lo recibido. Un enfoque, un lapso poético, una cálida mirada sobre el artista.

Otro grato momento, el último de la jornada en este caso, se dio al finalizar la película, tras los aplausos, con el director Gabriel Saie y Gyula Kosice (además de amigos y familiares) presentes durante esta primera exhibición-estreno. Donde el público –con “micrófono abierto”– pudo opinar y preguntar (hubo una mujer, por ejemplo, que reivindicó la poesía), y donde Kosice y los suyos dieron muestras de alegría por lo visto, y por la entusiasta recepción que hubo. Hicieron chistes, hubo risas y diversión, y, por supuesto, muchos saludos, muestras de afecto, felicitaciones y fotos, a medida que el público se retiraba de la sala.







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