Internacional

CRISIS EUROPEA

Grexit: ¿se va Grecia del euro?

A veintiún días de las elecciones, Syriza lleva la delantera en las encuestas. Sus promesas de renegociar parte de la deuda y terminar con la austeridad provocaron la respuesta de Alemania y el establishment europeo. Si Grecia no cumple sus compromisos con la Troika, ¿se irá del euro? ¿Cuáles serían las consecuencias para Grecia y Europa?

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Martes 6 de enero de 2015 | Edición del día

Fotografía:EFE-Jens Buettner

Las últimas encuestas reafirman una ventaja estrecha, por casi 3 puntos, de Syriza sobre el partido gobernante, Nueva Democracia. El triunfo de Syriza no está asegurado, y si ganara lo más probable es que deba pactar con otras fuerzas políticas para formar gobierno.

Aun así, la posibilidad de un gobierno de Syriza genera gran incertidumbre política. No se ha hecho esperar la campaña del “miedo” por parte de los principales líderes europeos y los mercados financieros.

A las declaraciones del Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, asegurando que “no hay alternativa a las reformas estructurales” se sumaron el ministro de Economía, Hacienda y Comercio de la Unión Europea, Pierre Moscovici, y el presidente de Francia, advirtiendo que el gobierno griego deberá “cumplir con sus compromisos”.

Aunque Hollande quiso diferenciarse de Alemania, asegurando que “Europa no debe ser identificada con austeridad”, y que “España y Grecia han pagado un alto tributo para preservar la zona euro y seguir en ella”, lo que dio lugar a la emergencia de «fuerzas de izquierda, a veces radicales».

Sin dudas lo que más repercusión tuvo el último fin de semana fue el artículo del semanario alemán, Der Spiegel, afirmando que «El Gobierno federal considera asumible una salida de Grecia del euro».

¿Estamos ante un “cambio de táctica” para el caso griego, aceptando la posibilidad de que se vaya del euro? Con estas declaraciones “filtradas” a los medios, Alemania parece apuntar a varios frentes al mismo tiempo.

En primer lugar, mostrar firmeza a los mercados globales, asegurando que la eurozona ha generado un “firewall” suficiente para protegerse de una eventual salida de Grecia, manteniendo la estabilidad interna.

Pero, al mismo tiempo, quitarle una carta de negociación a Syriza, que pretende forzar un nuevo acuerdo con los acreedores para que “perdonen” una parte de la deuda griega y que Bruselas “flexibilice” sus exigencias. Si Syriza ya no puede “amenazar” con la crisis que generaría en el resto de Europa su salida del Euro, sus posibilidades de “forzar” esta negociación estarán más limitadas.

¿Alemania dejará a Grecia fuera del Euro, o se trata, como en un juego de póker, de un “farol” germano, para mostrarse en mejor posición de la que se encuentra?

Hace unos días el columnista del periódico británico The Telegraph, Ambrose Evans-Pritchard, aseguraba que si bien Tsipras “ya no puede ser caricaturizado” como un “extremista”, ha prometido que sus primeras medidas serán establecer una renegociación de la deuda y terminar con las medidas de austeridad, lo que llevará a un choque con Berlín.
Pritchard sostiene que Alemania “no podía dejar ir" a Grecia en 2012, y que “para salvar la alianza”, Europa sacrificó a Grecia. Que hoy, en cambio, una salida de Grecia del Euro no sería tan mala para la eurozona como en 2012, cuando España e Italia estaban también en llamas.

Cierra su artículo argumentando que los grandes partidos de la socialdemocracia europea se han transformado en “severos defensores de políticas reaccionaras, apologistas del desempleo de masas”, por lo que queda en manos de los “rebeldes” catalizar la “rabia latente” (en referencia a Tsipras).

Neil Irwin, en su columna en The New York Times, recuerda que en el 2012 se acuñó el término "Grexit" (Grecia + exit), en referencia a la posibilidad de que Grecia quebrara por completo y tuviera que salir del Euro. Durante el verano europeo del 2012, la mirada de todos los mercados estaba puesta en Grecia, mientras subían a niveles record las tasas de riesgo española e italiana.

Irwin opina que ahora también hay posibilidades de que se repita el "grexit", pero lo nuevo es que no hay un estado de "pánico" ante esa posibilidad, como si lo hubo en 2012.

Dice que cualquier analista que cubrió la crisis en 2010-2012 hoy puede tener "flashbacks" de aquella situación, pero que en realidad no es la misma. Lo que sucedía en Grecia en 2012 podía hundir al conjunto del sistema global, cuestión que hoy no sucede, asegura, y sostiene que los mercados hoy ven los “problemas griegos” como algo importante sobre todo para Grecia. Sin embargo, advierte, los mercados podrían equivocarse.

El riesgo ya no es que los problemas económicos griegos “infecten” al resto de Europa, sostiene Irwin, sino que la misma dinámica de políticas económicas que llevaron a un estado de rebelión y descontento generalizado se repita en sus vecinos mayores.

Varios analistas coinciden en que si bien la situación económica ya no es la del 2012, cuando la Unión europea estuvo al borde del colapso, la posibilidad de que un gobierno se resista a las medidas de austeridad más duras de Bruselas puede tener un “efecto contagio” a nivel político en otros países.

A pesar de la moderación creciente del programa y el discurso de Syriza, la incertidumbre política irá creciendo en los próximos 20 días.

Los mercados y la Troika se preparan para “ahogar” la economía griega si Syriza se sale mínimamente del “guion” trazado por Bruselas. La política de “acuerdos”, “pactos” y “negociación” con los banqueros y los poderes reales de la Unión Europea, que pretende Tsipras, se muestra por lo tanto como utópica, y llevará a nuevas y profundas desilusiones.

La cuestión es quien “catalizará la rabia” cuando esto se produzca. Si bien la extrema derecha neonazi de Aurora Dorada en Grecia tiene menos apoyo (medido en intención de voto) que hace unos años, no sucede lo mismo con otras variantes derechistas y xenófobas en el resto de Europa.

La izquierda europea tiene un “exceso” de euforia e ilusiones por la posible llegada de Syriza al gobierno, sin considerar la paradoja de que Syriza y Podemos tienen programas mucho menos radicales que la extrema derecha y los peligros que esto conlleva.

Lo que suceda en Grecia afectará al conjunto de Europa, de eso no hay dudas. La necesidad de fortalecer una alternativa anticapitalista y de clase se torna más urgente que nunca.







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