Internacional

CRISIS GRECIA

Grecia coquetea con Rusia y China

Las tensiones entre la Troika y Grecia llevan al acercamiento de Grecia con Rusia y China. ¿Giro geoestratégico o carta de negociación? El crecimiento del euroescepticismo en Europa. Los “peligros” de la radicalización ante un fracaso de las vías reformistas en Europa.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Martes 7 de abril de 2015 | Edición del día

En las últimas semanas aumentaron los desencuentros y tensiones entre los acreedores y Grecia alrededor de las reformas que el gobierno de Tsipras debe llevar adelante a cambio de financiación.

En este marco, el gobierno heleno juega la carta del acercamiento con Rusia y China. ¿Cómo puede cambiar el tablero político europeo esta jugada?

En un artículo publicado en The Telegraph el 6 de abril, la periodista Mehreen Khan afirma que una Grecia “aislada”, cambia de rumbo hacia Rusia y China. “Pero, ¿funcionará?”, se pregunta.

Poco después de su primer visita a Berlín, Tsipras saldrá otra vez de viaje, esta vez hacia oriente. Es que este miércoles Tsipras tiene su primera reunión oficial con Putin en el Kremlin. Un encuentro que llega en un momento justo. Inicialmente programada para mayo, Tsipras adelantó la cita, que se producirá tan solo un día antes de la fecha en que su gobierno tiene que hacer frente a un pago de 450 millones de euros al FMI. No puede ser casual.

Después de repetidos cuestionamientos por parte de la UE a su programa de reformas, el gobierno de Grecia tendió lazos hacia Rusia y China. ¿Se trata de un giro estratégico o de una carta más para la negociación con Europa?

De la intromisión de Rusia y China en las relaciones griego-europeas también se ocupa The Economist el 1 de abril.

El temor en Europa a una alianza de Grecia con Rusia apareció poco después de las elecciones del 25 de enero. En cuanto se formó el nuevo gobierno de Syriza-Anel, varios ministros hicieron declaraciones contra las sanciones a Rusia y a favor de un acercamiento. El líder de Griegos Independientes, el mismo día de su nombramiento, destacó la relación con Rusia como un factor clave, tanto en lo comercial como en el área de defensa.

Hace unos días, antes de la visita de Tsipras a Moscú, desde el gobierno volvieron a hacer declaraciones contra la política de sanciones europeas a Rusia.

A su vez, el ministro de Reconstrucción Productiva, Medio Ambiente y Energía, Panagiotis Lafazanis pasó por Rusia en marzo, donde tuvo reuniones con directivos de Gazprom e invitó a empresas rusas a invertir en exploración de petróleo y gas en el mar griego.

Lafazanis, quien es también el principal portavoz de la Plataforma de Izquierda dentro de Syriza, aseguró: "Los dos países no tenemos problemas, pero sí tenemos unos sólidos lazos históricos que muy pronto servirán de ejemplo y favorecerán a toda nuestra región y a Europa"

"En ciertas condiciones Grecia y Rusia podrían abrir un nuevo capítulo en su cooperación energética" dijo el ministro.

Todos estos gestos de acercamiento podrían llevar a pensar que Grecia busca su “plan B” en Rusia. Es decir, encontrar en Moscú la financiación necesaria para seguir adelante, con o sin la Unión Europea. Sin embargo, varios analistas sostienen que Rusia no podría financiar a Grecia con las cantidades que necesitaría para mantenerse en la eurozona, ni para salir de ella.

La combinación de las sanciones impuestas a la economía rusa, junto a la caída de los precios del petróleo han dañado la economía rusa lo suficiente como para que esta jugada se vuelva muy difícil.

Pero aun cuando la visita de Tsipras a Rusia no pueda garantizarle un “plan B” frente a las exigencias de la UE, es un gesto político altamente irritante para Berlín y Bruselas.

A esto se suma la sombra chinesca en las islas griegas. En 2009 la firma china Cosco tomó el control de un tercio del puerto más importante de Grecia, el del Pireo. El nuevo gobierno prometió revisar las privatizaciones realizadas en pésimas condiciones para Grecia por el anterior gobierno. Esto preocupó a los chinos, que pidieron aclaraciones. Pero rápidamente se tranquilizaron, ya que el ministro de exteriores griego viajó a china el mes pasado, garantizando a Cosco sus inversiones actuales y abriendo la posibilidad de que se haga con el control de la parte restante del puerto. Ante esto, Beijing respondió muy favorablemente, invirtiendo 100 millones de euros en bonos griegos, una cantidad que no es tanto en los mercados mundiales, pero que significa un gesto de buenas relaciones muy estimado por el gobierno de Tispras.

En el marco de este “giro hacia el este”, Antonis Samaras de Nueva Democracia acusó al gobierno de haber enviado un negociador a Irán, con el objetivo de pedirle al gobierno iraní que también compre bonos griegos. Esto no se ha confirmado, pero el “rumor” circula con fuerza, reforzando el “fantasma” de oriente sobre las islas griegas.

Finalmente, Tsipras volverá a Moscú en mayo, para acompañar las celebraciones del día de la victoria de Rusia, cuando los nazis capitularon frente a la URSS en la segunda guerra mundial. Todo un acto simbólico.

En otro artículo en The Telegraph, el 1 de abril, Ambrose Evans-Pritchard sostiene que los países acreedores europeos no comprendieron la naturaleza de la crisis griega.

Por un lado, cualquier concesión aumentaría el “desafío populista” desde los países del sur, así como el desafío euroescéptico en el norte, dice.

El periodista hace referencia a la sonada renuncia de Peter Gauweiler, vicepresidente de la Unión Socialcristiana (CSU), el 31 de marzo. Gauweiler, político del ala más conservadora del partido de Merkel, anunció que dejaba su escaño en el Bundestag (Cámara Baja alemana) y en el partido, por oponerse a la política de “rescates” en la zona euro. El político alemán ocupaba la vicepresidencia de la CSU desde noviembre de 2013. Su nombramiento respondía a un intento de frenar el ascenso de los euroescépticos de Alternativa para Alemania (AfD), algo que Merkel está lejos de haber logrado.

Pero, si continúan presionando a Grecia, afirma el editorialista británico, pueden desencadenar una cadena de acontecimientos imprevisibles, incluyendo la salida de Grecia del euro, lo que dañaría en sus fundamentos la ideología europeísta.

El citado artículo establece una analogía histórica interesante para reflexionar sobre las posibles consecuencias de un fracaso en las negociaciones entre la Troika y Grecia. Compara las expectativas e ilusiones depositadas en Syriza con las abiertas en Guatemala bajo el gobierno de Jacobo Arbenz, y dice que cuando su experimento de reforma agraria fue coartado por un golpe de estado de la CIA en 1954, esto generó un giro a izquierda ideológico en toda una generación de jóvenes, entre los que se encontraba el Che Guevara. Una generación de estudiantes, de Cuba a la Argentina, advierte Evans-Pritchard, que sacaron la conclusión de que no era posible una “vía democrática” para que la izquierda llegara al poder, y que se hacía necesaria una fuerza revolucionaria. Aunque vivimos tiempos distintos, dice el editorialista, hay que tener presente que el fracaso del gobierno griego y su salida obligada del euro puede llevar a un desencanto generalizado con el “proyecto europeo” originado en la posguerra.

Su artículo concluye asegurando que Tsipras juega la “carta” de Rusia y china como presión en las negociaciones, porque sabe que la UE no puede permitirse una salida de Grecia del Euro.

Más allá de cómo continúen las negociaciones de Grecia con Rusia y China, es un hecho que la crisis en la Eurozona y la cuestión griega abren el juego a la acción de nuevos actores mundiales, con consecuencias todavía impredecibles a largo plazo.

Por otro lado, lo que el editorialista del Telegraph señala como “peligro” -desde la óptica de defensa del “europeísmo” y las instituciones del capitalismo europeo-, puede ser un pronóstico alentador para el desarrollo de la lucha de clases.

Una nueva generación es testigo de cuáles son los intereses de la Troika y hasta donde están dispuestos los capitalistas a hundir al pueblo griego. Aunque la mayoría de la juventud y los trabajadores todavía depositen mucha confianza en las salidas reformistas que proponen Syriza y Podemos, en el futuro pueden desencantarse y sacar “peligrosas” conclusiones para la Europa del capital. Aunque este desencanto también puede motorizar el crecimiento de fuerzas de la extrema derecha, por lo que sería necesario fortalecer una perspectiva anticapitalista y de clase desde ahora.







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