Cultura

MÚSICA

Goy Karamelo: el rock es música con política

Entrevistamos a Guillermo “Goy” Ogalde y hablamos sobre su momento actual como artista, su trabajo como productor de bandas de pueblos originarios y la relación entre rock y política.

Hernán Pary

@hernanpary - Lic. en Comunicación Social

Domingo 2 de octubre | Edición del día

Video y edición: Jorge Galeano, Iara Rueda

¿En qué momento te encontrás de tu carrera artística?

Uno cree que siempre está en la caída, en el final (risas). Estoy en un momento muy activo, a punto de irme a una gira por el norte, de México para arriba, vamos a estar tocando en muchas localidades del interior de ese país y, obviamente, en las grandes ciudades como Guadalajara, el Distrito Federal.

Hace un tiempo que estaba frenado produciendo bandas con mi sello discográfico y de repente me fui a México y me encontré con mucha gente que me pidió que fuera a tocar. Un productor me llamó y tuve que salir a buscar a los músicos originales de la banda y ensayar muchísimo. Al principio estábamos preparando algo sencillo y al final nos convocaron para tocar en los dos festivales más grandes de México, “Non Stop Ska” y vamos a tocar unas fechas con Los Decadentes por su 30 aniversario allá.

Entre tus últimos trabajos, estuviste produciendo bandas formadas por integrantes de pueblos originarios ¿cómo te fue en ese proceso?

Estos últimos años busqué bandas de pueblos originarios, que usaran el rock para transmitir su mensaje y si es en su idioma mejor. Así que trabajé con La Yugular, una banda de Jujuy que cantan en Aymará y Quechua, junto al español. También trabajé con Makurka una banda de Bolivia - La Paz, que interpretan muchos de sus temas en Quechua y ahora estoy trabajando con el segundo disco de Puel Kona que es una banda Mapuche de Neuquén, de Temuco, que forman parte de la Confederación Hue Mapu y hablan en mapuzungun.
En Mendoza hice un laburo con un artista que se llama Marcelino Azaguateque es huarpe y él canta algunas canciones en Millcayac, lengua de ese pueblo originario.

Entonces todo lo que hago está orientado a apoyar a los pueblos originarios, porque no es como dicen Susana Giménez o Mirtha Legrand “los pueblos originarios preguntan…” como si fueran un invento de ahora y nosotros venimos de toda su historia. Si la educación no se orienta a respetar todas sus enseñanzas, el cuidado y respeto por la naturaleza, “estamos en el horno”.

En relación a esto ¿qué reflexión podés hacer acerca del sistema de explotación que tenemos de la tierra?
Es desagradable, los políticos regalan todo. La Corte ha pedido que muestren los contratos de Chevron y en ese acuerdo el PRO y el kirchnerismo están totalmente unidos, en hacerse los reales pelotudos y no mostrar los contratos que ya fueron exigidos hace 4 meses por una sentencia. Acá tiene que ir gente presa por no mostrar ese contrato y cuando lo leamos nos ponemos todos a llorar. Ni hablar de Monsanto, las mineras.
Todos los pueblos originarios de cada región nos están pidiendo que no los molestemos, que no jodamos la naturaleza, porque vivimos de ella.

¿Qué relación ves entre arte y política o música y política?

La música quizás no es necesario que tenga una conexión con la política, pero yo hago rock y el rock es música con política. El rock no es la remera de Los Redondos o de La Renga, o de cualquier banda que uno se pone o le pone al hijo, al hermano. El rock es eso que te pasa a los 12 años y decís “esto no está bien ¿qué está pasando? y te despertás, te pasa el famoso wake up del que hablan los punkies”.

Mis 12 años los pasé, desgraciadamente, con el golpe militar, dos o tres años después del mundial, en los años 80 no me dejaban tener el pelo largo, no podía tener una carpeta con una imagen de Kiss o de una banda de rock que me gustara. Tenía que usar una corbata, el uniforme y había que tener cuidado con lo que hablabas, sobre lo que opinabas. En ese momento tuve mi primer reacción de rock y no porque ví una banda, sino porque dije “¿qué pasa que el profesor, el director hacen todo esto?” y me encontraba con otro amigo que cuando iba bajo el brazo con un disco de Led Zeppelin me decía “¿vos escuchás esa música?” y lo decía “sí, mirá tengo este otro disco de The Clash, de Bob Marley” y él me contestó “yo también”. Ahí encontrás una tribu y ahí se define el rock, cuando uno se diferencia.

Cuando el rock, como pasa ahora, es un folklore, que está todo el día en la radio, cuando escuchás “esta es la radio del rock argentino, del rock nacional”, es horrible eso, porque ahora vas a Bolivia, a Chile y todos tienen su rock nacional, saquemos el adjetivo nacional y hagamos rock sin fronteras. La malvinización del rock es desastrosa.

Por suerte en la actualidad cambiaron los paradigmas, yo tenía un tema que decía “la policía no baila, el profesor no baila” y hoy el profesor ya no te enseña las cosas que se enseñaban en la época de Videla.

¿El rock puede ocupar cierto espacio dentro de un proceso de transformación social? o ¿la transformación viene primero y el rock viene después?

Si uno tiene intuición, uno puede preparar el terreno para la transformación social. Para algunas cosas le agradezco a la naturaleza que me dio intuición, para estar cantándole a la Pacha Mama que hace 15 o 20 años sabíamos lo que iba a pasar.

A partir de las primeras lecturas que advertíamos sobre esta problemática, se dieron diversos sucesos como los zapatistas en México, la lucha de los pueblos originarios en Argentina que vienen dando hace 20, 30 años.

Creo que Argentina necesita un cambio espiritual y la música debería estar destinada en hacerla sentir bien a la gente, que se siente muy fracasada en ese momento.

Hace años que venís haciendo lo mismo, expresás lo que sentís sin querer caerle bien a nadie y no ocupás espacios donde no te sentís cómodo ¿qué opinás de aquellos músicos que ocupan ciertos espacios con los que quizás no están del todo de acuerdo, pero por figurar más los ocupan igual?

Eso es un tema muy subjetivo de cada uno. A veces hay gente que participa de ciertos eventos de manera engañada. Por ejemplo, yo toqué para los festejos del Bicentenario, donde fueron 2 millones de personas y tocamos en un horario que le hubiera gustado tocar hasta Charly García. Ese día tocamos un tema que se llama Mamina que habla de la Pacha Mama y de los pueblos originarios, y cuando sacamos las banderas Wipala nos querían matar los del gobierno, porque estaban en pleno conflicto con Felix Díaz. A partir de esa situación no nos llamaron más.

Nosotros no nos sumamos al Bicentenario para apoyar ninguna cuestión política, sino que pensamos “200 años de historia” y en realidad, yo nunca estuve de acuerdo en pensar que se tenían que festejar 200 años, en nuestro territorio vive gente hace mucho más tiempo. Todo ese evento me pareció una farsa política que a mí no me sirvió y eso me costó mucho, pero hay muchos que querían seguir bancando su chequera, tocar en Tecnópolis, apoyar a la chequera de turno y yo no estaba de acuerdo con eso. Por suerte me quedé contento con mi decisión, aunque eso desintegró mi propio grupo, porque había gente que necesitaba esa chequera y gente que no.

Le agradezco a bandas como Las Manos de Filippi y otras bandas no tan conocidas, que me dieron el ejemplo de que no es necesario hacer música pensando en un fin comercial, en esa chequera oficial.

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