Internacional

MARCHAS DE LA OPOSICIÓN Y EL CHAVISMO

Gobierno y oposición hablan de golpe, pero golpes son los que sufre el pueblo trabajador

Este jueves, una vez más, en Caracas y otras ciudades del país, hubo marchas tanto de la oposición como del chavismo, en el marco de la acelerada crisis política.

Viernes 7 de abril | Edición del día

Cada uno de los sectores se acusa. De golpe de Estado por parte del gobierno vía el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), y otros, de golpe Parlamentario por parte de la oposición vía la Asamblea Nacional.

Ambas marchas se caracterizaron por la poca masividad, siendo que la de la oposición, si bien fue mayor que la del martes pasado, estuvo muy lejos de las multitudinarias concentraciones del año pasado que exigían la realización de un referéndum revocatorio para acortar el mandato de Maduro, cuando la tensión política de ese momento era menor a la actual. La del chavismo, en medio de su debacle y decadencia política, y con un gobierno con bajo apoyo popular, si bien juntó varios miles, lejos está de tener la vieja presencia en las calles de Caracas cuando se hablaba de “marea roja”.

Pero el tono de la jornada lo puso la marcha convocada por la oposición de derecha que terminó con focos de enfrentamientos en el punto de acceso al municipio Libertador, particularmente sobre la avenida Libertador. De acuerdo a sus organizadores, el objetivo era llegar hasta la Defensoría del Pueblo, ubicada en el centro de Caracas, pero fueron contenidos a medio camino por equipos antimotines fuertemente resguardados con gases lacrimógenos, tanquetas y camiones hidrantes, que tras la tentativa de sobrepasarlos se desató la represión, que fue difundida sobre todo por medios que transmitían por internet como Vivo Play o TNT24.

Como es obvio, lejos de este panorama estuvo la movilización del chavismo que, como ya es costumbre, cada vez que la oposición convoca a marchar, también llama a movilizarse en el centro de Caracas, convocando a marchas y actos en defensa del gobierno de Maduro. Por eso miles de simpatizantes del gobierno se movilizaron hacia la Asamblea Nacional, en rechazo a lo que consideran un "golpe Parlamentario" por parte de la Asamblea Nacional.

Como vemos, en esta abierta confrontación de poderes, cada uno se acusa de golpes. A finales del año pasado la Asamblea Nacional declaró el abandono de cargo del Presidente Maduro, y por lo tanto llamaba a la realización de elecciones presidenciales lo que fue interpretado por el chavismo como un intento de golpe Parlamentario al estilo del llevado a cabo por la oposición contra Dilma Rousseff en Brasil, y es lo que sostiene nuevamente el gobierno por la tentativa de la oposición de remover a los magistrados del TSJ.

Lo mismo es lo que hace la oposición, cuando arguye golpe de Estado por parte del TSJ a instancias del gobierno, luego que este emitiera sentencias en las que se les sacaba la inmunidad a los parlamentarios y el mismo TSJ se atribuía competencias de la Asamblea Nacional, que luego el propio tribunal echara para atrás, por indicación del chavismo.

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Aprovechando la crisis política y la del chavismo la oposición apuesta a una escalada mayor

En este marco de la crisis política más abierta en el país, y la del propio chavismo, la oposición burguesa continúa ejerciendo una presión cada vez mayor con marchas que, aunque no masivas, buscan escalar el conflicto político en el enfrentamiento con el gobierno de Maduro. Para ello es respaldada por todo el derechismo continental, que en el último año ha reforzado su accionar político luego que Temer llegara al gobierno vía un golpe institucional y Macri mediante elecciones que le ganara al kirchnerismo.

Buscan forzar una salida a la crisis imperante, mediante la salida inmediata de Maduro, acorde a sus intereses patronales y sus planes, que no son otra cosa que descargar la crisis sobre el pueblo tal como al final de cuentas hace Maduro hoy, más allá de los discursos políticos. El bonapartismo del gobierno y las medidas económicas, en medio de la agobiante crisis, que acentúan las penurias del pueblo, es lo que le permite a esta oposición cargarse de toda una demagogia para su accionar político.

Los discursos de “democracia” de todo este sector de la oposición burguesa no es más que una impostura por su cinismo, pues como ya hemos visto no tuvo ningún problema en descargarse con un golpe de estado en el año 2002 contra el entonces presidente Chávez, y acto seguido disolver automáticamente la Asamblea Nacional mediante decretos fácticos, pues si de “soberanía popular del voto” hablamos, tal como se refieren ahora, no tuvieron ningún problema en burlarse del mismo de un plumazo.

Esto hablando en términos políticos, pero si nos referimos a sus planes económicos la demagogia es del mismo calibre y envergadura, pues no son otros que calco y copia de los planes neoliberales y de los intereses patronales tal como se aprecia hoy en día en los gobiernos del gorilaje latinoamericano con Macri en Argentina o Temer en Brasil, para no hablar de los ya tradicionales planes antiobreros de gobiernos como los de Perú, México, Colombia y Paraguay, entre otros, que hoy son los que más se activan internacionalmente para respaldar su proyecto político.

Pero Maduro, en una creciente bonapartización, gobernando de hecho mediante decretos amparado bajo un Estado de excepción que continuamente se renueva, no hace más que cercenar permanentemente los más elementales derechos democráticos, al mismo tiempo que aplica ajustes económicos que recaen sobre el pueblo y dejar correr una crisis que aceleran sus padecimientos.

Su apertura al capital transnacional se viene dando aceleradamente, tal como vemos en el sector petrolero –justamente uno de los puntos en conflicto que llevó a la sentencia 156 del TSJ-, y en minería con grandes concesiones como en el Arco Minero del Orinoco. Esta apertura y concesiones son apenas una expresión de cómo, en su desesperada búsqueda de “inversiones internacionales”, no hace más que hacer más y más entregas al capital imperialista.

Lo mismo vemos con la sangría que realiza con el pago de miles de millones de dólares por deuda externa, que podrían ser destinados para evitar los padecimientos del pueblo trabajador; sin dejar de hablar en todo esto de los grandes acuerdos con sectores empresariales a los que también se les hace mayores concesiones.

Es por eso que hemos venido sosteniendo que en esta crisis creciente, y en la pugna del conflicto de poderes, ni el gobierno ni la oposición representa los intereses de los trabajadores y el pueblo pobre, todo lo contrario, se trata de una confrontación de dos proyectos políticos, donde uno busca una supervivencia política que en medio de su debacle que día a día muestra cada vez más se le cae la careta, más allá del discurso político, y otro, como hemos dicho, bajo toda una demagogia política, encarna también todo un proyecto antiobrero y antipopular.

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