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EE.UU. CON LA INTENCIÓN DE RECOMPONER SU HEGEMONÍA EN LA REGIÓN

Gobierno de Ecuador avanza hacia un TLC con Estados Unidos

El presidente y su equipo económico quieren acercarse al gigante del Norte para paliar la crisis. Empresarios buscan reducir costos y el Estado mejorar sus arcas. Para la administración de Trump es otra oportunidad para fortalecerse en la región a partir de exigencias comerciales y políticas, donde la situación en Venezuela no queda a un lado.

Viernes 23 de febrero | 01:28

(Foto: Vistazo.com)

Tras la victoria que Lenin Moreno se anotó en el referéndum, el ministerio de Comercio Exterior presentó una agenda marcada por el aperturismo económico, ratificando el interés del gobierno en firmar un tratado comercial con Estados Unidos, analizar el ingreso de Ecuador a la Alianza del Pacífico, y signar acuerdos parciales con China.

“Queremos recuperar el tiempo perdido en materia de intercambio durante el gobierno anterior”, indicó el ministro Pablo Campana ante el Foro de Comercio e Inversiones Ecuador-Estados Unidos. En esta reunión, realizada en Guayaquil un día después de la consulta popular, el funcionario igualmente destacó que en 2014 se logró un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea, exponiendo la continuidad entre la política de la administración actual y aquella ejecutada bajo el mandato de Rafael Correa.

El titular de la cartera de Comercio Exterior especificó que pretenden un tratado con Estado Unidos en los mismos términos alcanzados con el bloque europeo. Esto significa que Ecuador liberaría el 60% de los aranceles de importación con su principal socio comercial y obligado a alcanzar el 99% en 10 años, según el convenio con Europa.

El rechazo al TLC con Estados Unidos y a la base militar en la ciudad de Manta fueron ejes que fortalecieron el discurso correista en los inicios de la “revolución ciudadana”. Una década después es el propio Alianza País quien busca un acercamiento con el gigante del Norte, continuando la capitulación ante los intereses imperialistas.

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Dilma Rousseff, Angela Merkel y Rafael Correa en 2015, poco después de la firma del TLC con la Unión Europea. (Foto: El Comercio)

Necesidades locales

El viceministro Humberto Jiménez viajó a Washington pocos días después para discutir las exigencias, y logró empujar la extensión hasta 2020 del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) en la cámara baja del Congreso. Aunque espera la decisión del Senado, el acuerdo luce insuficiente para los grandes empresarios ecuatorianos, importadores de bienes de capital y de consumo, y los latifundistas agroexportadores.

En primer lugar, el SGP comprende la oferta de productos ya comercializados con Estados Unidos y no permite incluir nuevas partidas. Por otro lado, al tratarse de un mecanismo “unilateral” -y no “bilateral”, eufemismo usado para revestir tratados con semicolonias como si fuesen signados en estricta “igualdad de condiciones”- son los norteamericanos los que finalmente deciden qué bienes serán gravados y cuáles no.

La burguesía local sabe que con la firma de un TLC podrá reducir sus costos productivos, incluso los salariales. Para pulverizar el poder adquisitivo de los trabajadores, profundizar la flexibilización de los contratos es otra de las exigencias que el presidente Lenin Moreno convino durante sus aplaudidas Mesas de Diálogo Nacional.

Por su parte, el Primer Mandatario y su equipos esperan que el aperturismo mejore la crisis en las reservas del Estado. La escasa entrada de divisas y la necesidad de financiamiento aumentan gravemente la deuda. En enero, el gobierno colocó bonos por USD 3.000 millones. Los analistas estiman que necesitará otros USD 5.200 millones sólo para el déficit de este año, y más de USD 32.000 millones en los próximos cuatro.

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Todd Chapman es embajador de Estados Unidos en Ecuador desde 2016. (Foto: El Comercio)

La “mesa de diálogo” con el imperialismo

Esta semana, el embajador norteamericano en Quito, Todd Chapman, afirmó que Ecuador debe “entender su situación actual e identificar cuáles son los temas irritantes que necesitan ser trabajados para mejorar la relación”. Como puntos de conflicto mencionó la actual tasa aduanera, la posible creación de nuevas barreras, juicios contra empresas de Estados Unidos, patentes, y hasta la propiedad intelectual del software.

La política comercial hacia los Estados de América Latina no contradice el proteccionismo impulsado por Donald Trump, ya que estos no rivalizan con los bienes que ellos sí exportan. Precisamente se trata de lo contrario: países semicoloniales como Ecuador son el complemento que les provee bienes primarios e intermedios.

La reciente visita a los vecinos Perú y Colombia por parte del Secretario de Estado Rex Tillerson no incluyó un paso por las “mesas de diálogo” de Moreno. El pedido para aumentar la injerencia imperialista en Venezuela ya tiene eco en la derecha local, expresada en las críticas dirigidas al manejo de la Cancillería. Dos semanas después de las felicitaciones de Tillerson al Grupo de Lima, la vicepresidenta María Alejandra Vicuña aseguró que Ecuador pretende que el país caribeño esté presente en la Cumbre de las Américas de abril.

Como la intención de Washington es recomponer su hegemonía en la región, las exigencias para aprobar un TLC serán también políticas, no sólo comerciales. Es imposible esperar que la postura del gobierno de Moreno se sostenga en el tiempo cuando los objetivos económicos de los empresarios nacionales son más apremiantes.

La “lucha contra la corrupción” guía la “descorreización” del Estado, y la colaboración de la Justicia norteamericana fue vital en la trama Odebrecht, que destituyó al vicepresidente. Luego de los ataques con bombas a poblados de la frontera norte, la preocupación por el narcotráfico es la bandera de Moreno para pedir el auxilio de Trump.

Estos atentados fueron supuestamente perpetrados por disidentes de las FARC. Por ello, el Ministerio de Defensa anunció la “colaboración” de Ecuador en la “lucha contra el narcotráfico y la delincuencia transnacional”, más la participación de las Fuerzas Armadas en operaciones de Colombia. Precisamente, un país de estrechos vínculos militares con Estados Unidos, cuyo objetivo de la militarización regional apunta hacia Venezuela. Otro fraternal acercamiento del gobierno de Moreno a la política imperialista norteamericana.







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