Géneros y Sexualidades

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Gays, lesbianas y transexuales pueden donar sangre

Según lo anunció el ministro de Salud Daniel Gollán, a partir de hoy será quitada la medida que restringe la donación de sangre por orientación sexual e identidad de género, entre otras modificaciones, como terminar con la exigencia de reposición de donantes para acceder a un tratamiento quirúrgico.

Ailén Morales

Estudiante Sociología UBA

Jueves 17 de septiembre de 2015 | Edición del día

Bajo el lema “Por un Sistema Nacional de sangre solidario, seguro e inclusivo”, la cartera de Salud anuncia la molificación a la Ley 22.990, el cual estipula un cuestionario inicial (anamnesis) a donantes de sangre que, entre preguntas sobre el consumo de drogas, o sobre “la cantidad de personas con quien se mantuvo relaciones sexuales en los últimos tiempos", se preguntaban sobre las prácticas sexuales e identidad de género a personas LGBTIQ con la negativa de poder ser donantes e inhabilitar por un periodo de 12 meses a quien hubiera mantenido relaciones sexuales con varones homosexuales, y a las mujeres que tuvieron sexo con hombres que a su vez mantienen o mantuvieron sexo con otros hombres, por ser consideradxs “un grupo de riesgo”.

Desde la asociación que agrupa a los médicos que se especializan en hemoterapia, el presidente Oscar Torres manifestó su desagrado con la medida. Declaró: “No estamos de acuerdo con discriminar a nadie, pero en base a datos epidemiológicos del Centro Nacional de Referencia para el Sida, la infección con el VIH es mayor en la población de hombres que tienen sexo con hombres”.

El “No quiero discriminar a nadie, pero…” referencia el atraso en cuanto a la implementación de una política gubernamental anti discriminatoria general debido a que solo contempla la quita de una categoría en un formulario, que de un modo pasó de ser una categoría de “grupo de riesgo” a “práctica de riesgo”

“El fantasma del SIDA”

Corrian los primeros años de la década del ’80, mientras se expandia la pandemia del HIV por todo el mundo, sin que la comunidad científica pudiera encontrarle una explicación concreta. En Estados Unidos, específicamente en San francisco, cinco hombres fueron diagnosticados con una especie extraña de “cáncer de piel”; al mismo tiempo, en otras zonas del país se conocían 26 nuevos infectados, la mayor parte de ellos homosexuales.

Eran años gloriosos para Wall Street, nada podía perturbar el asentamiento del neoliberalismo ni el conservadurismo episcopal que preanunciaba que el VIH era “una plaga divina contra los homosexuales”. El presidente Ronald Reagan, durante los seis años de su mandato, no osó siquiera en nombrar la palabra sida: “Mientras el político ultraconservador leía en un discurso ante los asistentes de la III Conferencia Mundial sobre el Sida, que incluía el término que hasta entonces había evitado, el computo de fallecidos era de dimensiones trágicas: 36.058 diagnosticados en EE.UU, 20.849 muertos y 50.000 nuevos casos en 113 países.

Basta de estigmatización

Hoy en día, siendo que se desarrollaron diversas campañas de concientización, de prevención y se desmitificaron ciertas cuestiones alrededor del VIH, la modificación de esta Ley (de carácter progresivo) sigue siendo discriminatoria por lo bajo, que como se ha señalado al inicio, las prácticas de sexo no heterosexual siguen siendo consideradas “de riesgo”, e inclusive en el momento en que unx quiera completar el formulario seguirá existiendo la pregunta sobre sexo no monógamo, al tal punto de considerar que una persona que no tenga sexo exclusivamente con su pareja tiene menos posibilidades de ser donante.

Una de las tantas formas en las que el Estado, con la creciente presión clerical enlazada, supone una categorización moral y disciplinadora sobre las diferentes formas de libertades sexuales y expresiones corpóreas. ”El desvío de la homosexualidad” en mayor o menor expresión después del Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género, sigue siendo un discurso resabido en la sociedad y en el Estado, expresada en la mayor injerencia de la Iglesia Católica, con medidas como la reciente reforma del Código Civil o la enseñanza católica dentro de las escuelas públicas.







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