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Ganancias: la gran estafa del Gobierno y la CGT

La CGT salvó al Gobierno de la crisis política que abrió el proyecto votado en Diputados. A pesar del contundente paro del transporte, los dirigentes gremiales ratificaron su compromiso con la tregua.

Juan Manuel Astiazarán

@juanmastiazaran

Martes 20 de diciembre de 2016 | Edición del día

Las dos grandes postales del día de ayer son un fiel reflejo de la situación que se abrió con la derrota del oficialismo en la Cámara de Diputados, tan sólo dos semanas atrás. Por un lado, el paro de transporte reflejó una importante predisposición y voluntad de lucha de los trabajadores para pelear contra el saqueo del impuesto al salario. Por el otro, la reunión que encabezaron los dirigentes de la CGT con el Gobierno mostró la predisposición de mantener antes que nada el compromiso con la gobernabilidad y la tregua frente al ajuste de Cambiemos.

Extraño “vandorismo” el de la cúpula de la CGT, que utilizó la fuerza del paro para negociar con el oficialismo un acuerdo a la baja. El acuerdo plantea la suba del mínimo no imponible a $37.000 brutos para un trabajador casado con hijos, mientras prevé un monto de casi $28 mil para los trabajadores solteros sin hijos. De esta forma, retrocede incluso de los montos fijados por el ya limitado proyecto de Diputados que establecía $44.000 en el primer caso y $33.500 en el segundo. Por otra parte, la exención del proporcional del gravamen por pago de alquileres y la implantación de impuestos a la minería o a la renta financiera quedan directamente descartados.

El golpe que el acuerdo opositor en el Congreso, había dado al oficialismo -tan sólo doce días atrás- abría una crisis para Cambiemos y lo dejaba debilitado de cara al año electoral. Desde ese momento, el macrismo echó mano a todos sus recursos y recurrió a todos sus aliados para tratar de revertir esta situación. Así fue como comenzó la negociación con gobernadores y senadores, donde pudo verse abiertamente la colaboración de los sectores que forman parte del PJ-FpV, como expresaron en sus declaraciones Juan Manuel Abal Medina y Miguel Ángel “Micky” Pichetto.

El gran chantaje que puso en marcha oficialismo, gobernadores y senadores, bregando por una “salida responsable” mientras agitaban el fantasma del desfinanciamiento y una catástrofe fiscal, se transformó finalmente en una gran estafa durante la “mesa de diálogo” que mantuvieron los dirigentes sindicales y los funcionarios del macrismo el día de ayer. Por si quedara alguna duda de esta entrega, fue el mismo Pichetto quien anoche defendió la negociación en los estudios de TN y aseguró que “el acuerdo es razonable”.

El debate continuará ahora en la Comisión de Presupuesto del Senado, que se reunirá este martes a las 16 para tratar el nuevo proyecto. La intención de Cambiemos es debatir el tema en el recinto este miércoles, para poder aprobar la iniciativa y girarla de inmediato a Diputados, que la trataría al día siguiente.

La vuelta del "grupo sushi"

En este giro, Cambiemos contó con el apoyo inestimable del mismo Sergio Massa que, hace pocos días, había sido atacado virulentamente. Quien fue acusado por Macri como un "impostor" se convirtió en un amable anfitrión el domingo por la noche.

En su cómoda residencia de Tigre, el líder del FR recibió a parte de la plana mayor del Gobierno para negociar entre piezas de sushi y buenos vinos. El banquete, borrado en las fotos que la diputada Camaño difundió en redes sociales para bajar el nivel de ostentación, no sólo fue la burla de miles sino que mostró la cocina del acuerdo que se estaba gestando. Las expectativas de los trabajadores que ven su salario sacudido por el impuesto comenzaban a definirse en la mesa de la casta millonaria que nada tiene que ver con esa realidad.

Pilares de la gobernabilidad

El macrismo contó durante todo el año con distintos factores que ayudaron a compensar su debilidad estructural y el hecho de no contar con mayoría parlamentaria. Pero no sólo fueron los otros bloques como el Frente Renovador, el Bloque Justicialista de Bossio o el FpV-PJ quienes a lo largo del año han colaborado con los planes de gobierno del macrismo. Sin dudas, la CGT ha sido una de las principales aliadas para la política de ajuste contra los trabajadores, y ayer volvió a escribir un nuevo capítulo.

En mayo, la fuerza de la masiva movilización del 29 de abril fue puesta sobre la mesa para negociar la millonaria caja de las obras sociales, dejando pasar el veto a la ley antidespidos sin tomar medida alguna.

En esta nueva oportunidad la fuerza del paro de transporte sirvió para negociar algunos puntos como la modificación de las escalas y la exención del impuesto sobre las horas extras y feriados. A cambio, los caciques cegetistas garantizan al Gobierno la tranquilidad de fin de año, prometiendo paz social y ayudando a salir al macrismo del embrollo en el que se había metido por su propia torpeza.

Tanto el acuerdo de la CGT como el acuerdo de los movimientos sociales, encabezados por la CTEP y el Movimiento Evita, con el Gobierno arrojan dos importantes conclusiones. Por un lado, la posibilidad de mayor conflictividad social y medidas de fuerza obliga al macrismo a otorgar concesiones para contener; por el otro, ambas direcciones prefirieron pactar y negociar por debajo de lo que la relación de fuerzas permitía, haciéndole un gran favor al oficialismo y evidenciando su compromiso con la gobernabilidad antes que todo.

El malestar de los trabajadores, tanto los precarios como los efectivos y los que se ven afectados por el robo del impuesto al salario, es la base que existe para impulsar un paro y verdadero plan de lucha en todo el país. Así lo plantean el sindicalismo combativo y el Frente de Izquierda, quienes hoy se movilizarán a Plaza de Mayo en un nuevo aniversario de las jornadas revolucionarias de diciembre de 2001.







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