Internacional

Israelíes y palestinos acuerdan cese al fuego

Ganadores y perdedores de la operación “Margen Protector” en Gaza

El 26 de agosto, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas anunciaba que los palestinos e israelíes reunidos en El Cairo habían llegado a un acuerdo de cese al fuego permanente en el Cairo. De esta manera llegaba a su fin la operación Margen Protector, la ofensiva militar más prolongada y sangrienta de las cuatro que llevó adelante el estado de Israel desde que se retirara de la Franja de Gaza en 2005.

Jueves 28 de agosto de 2014 | Edición del día

Las cifras muestran el alcance de la masacre: en 50 días de bombardeos el ejército israelí asesinó a 2.100 palestinos, casi todos civiles incluidos 500 niños e hirió a otros 11.000. Destruyó 17.000 casas y transformó a 500.000 gazatíes, casi un tercio de la población de Gaza, en desplazados que sobreviven como pueden en escuelas, hospitales y refugios de las Naciones Unidas, que también han sido blanco de los ataques. Además liquidó a tres importantes jefes militares de Hamas. En contraste Israel sufrió 70 bajas (64 soldados, 6 civiles, entre ellos 1 niño).

Sin embargo, el resultado de la operación Margen Protector demostró una vez más la validez de una vieja máxima del arte de la guerra: que el recuento de bajas y daños materiales no define por sí mismo las victorias o las derrotas. Cuentan también las fuerzas morales y las motivaciones políticas. En última instancia, termina triunfando quien logra sus objetivos, aunque estos sean modestos. Y este round fue para Hamas (“Hamas 1- Israel 0” titula su balance el diario Haaretz).

Por eso, a pesar de haber pagado un alto precio, los palestinos y, en particular Hamas y Jihad Islámica, celebran lo que consideran una victoria de su resistencia frente al poderío israelí, mientras que el gobierno de Netanyahu está sumido en una crisis y no puede vender el resultado a sus aliados/rivales de la extrema derecha como un triunfo, quienes saben que lo que no mata a Hamas lo fortalece.

Vencedores vencidos

Se podría decir que se necesitaron siete semanas de una guerra unilateral y asimétrica de Israel contra Hamas para volver a los términos del último cese del fuego, negociado también por Egipto en 2012 luego de la operación Pilar Defensivo. Efectivamente el acuerdo de 2014 es casi idéntico: relajamiento parcial del bloqueo a la Franja de Gaza que incluye la apertura temporaria de los pasos fronterizos entre Gaza e Israel y entre Gaza y Egipto y extensión de la zona permitida para la pesca, mientras quedan para más adelante otras demandas de Hamas como la reconstrucción del aeropuerto de Gaza destruido por Israel en el año 2000, la liberación de unos 500 prisioneros palestinos y el levantamiento definitivo del bloqueo.
Pero las condiciones son muy distintas, lo que hace más amargo el sabor a derrota que siente gran parte del establishment político israelí.

Entre 2012 y 2014, se pasó de la promesa de la “primavera árabe” al avance de las fuerzas de la reacción –Estados Unidos, la monarquía saudita, los militares egipcios. El peso de esa relación de fuerzas adversa también se sintió en el conflicto palestino-israelí. Antes de la operación Margen Protector, Hamas estaba en una situación de aislamiento y su gobierno en la Franja de Gaza al borde del colapso. Con la caída del gobierno de la Hermandad Musulmana en Egipto y la ruptura de su alianza con Siria (y por transitividad con Irán), había quedado sin aliados regionales. Eso mismo empujó a su dirección a negociar un gobierno de reconciliación con la Autoridad Palestina.
La resistencia armada a la ofensiva israelí le permitió recuperar prestigio y legitimidad y se terminó ubicando como interlocutor privilegiado en la negociación del cese del fuego.

Israel, Egipto y Estados Unidos intentarán subordinar a Hamas a la Autoridad Palestina (AP), ungiendo a Abbas como el garante de los acuerdos, dándole el control de los pasos fronterizos para no verse en el aprieto de negociar con Hamas. Pero este poder formal de la AP está lejos de la realidad en el terreno. Mientras Abbas permaneció impávido ante la ofensiva israelí, en Cisjordania donde gobierna, miles de jóvenes con piedras hicieron volver el fantasma de la intifada.

Crisis política

Quien aparece como el principal derrotado es el propio Netanyahu, cuestionado por la extrema derecha que le reprocha haberle entregado a Hamas una victoria en bandeja de plata. La prensa israelí ya considera que la operación Margen Protector lanzó a la ultraderecha a la campaña electoral.

El acuerdo, que fue aprobado por Netanyahu de manera unilateral, produjo una fractura política en el gabinete de gobierno. Tres de sus ministros, entre ellos el ultraderechista canciller A. Lieberman, rechazaron el acuerdo. Lo mismo hizo un sector del Likud, el partido del primer ministro. Esta extrema derecha parece estar en sintonía con la opinión mayoritaria de la sociedad israelí. La popularidad de Netanyahu, que había alcanzado cifras exorbitantes de más del 80% cuando se lanzó la invasión terrestre a Gaza, se desplomó tras el acuerdo. Solo un 38% lo considera correcto. Incluso el líder del partido de izquierda Meretz responsabilizó a Netanyahu de haberle permitido a Hamas apoderarse “del triunfo cuando iba a una derrota segura”. Sin embargo, la escala de la masacre también generó polarización: 10.000 israelíes desafiaron este brutal giro a la derecha y se manifestaron la semana pasada contra la ofensiva militar.

Esta crisis del gobierno expresa el dilema que enfrenta el estado sionista. Mientras que la política de Netanyahu es mantener el conflicto bajo control, lo que lleva a operaciones militares recurrentes (2006, 2008-2009, 2012, 2014), la oposición de extrema derecha puja por una suerte de “solución final”, liquidación de Hamas y eventual expulsión de la población palestina, que de todos modos es impracticable en la actual relación de fuerzas.

Cómo terminar con el apartheid

Si bien las masas palestinas en Gaza y también en Cisjordania festejan con alivio el fin del ataque militar y se sienten con la moral que da la resistencia, siguen viviendo y sufriendo la opresión colonial del estado de Israel, sostenido por Estados Unidos y las potencias occidentales. Bajo el acuerdo de cese del fuego, Gaza seguirá siendo una prisión a cielo abierto, sujeta al bloqueo económico y la amenaza de intervención militar israelí. Seguirá la expansión de los asentamientos de colonos en Cisjordania. Es decir, el pueblo palestino continuará viviendo en un régimen de apartheid.

La operación Margen Protector concitó el imponente repudio de centenares de miles que se movilizaron en todo el mundo contra el guerrerismo del estado sionista y expuso como nunca antes la enorme hipocresía de Estados Unidos, la Unión Europea y las Naciones Unidas, que justificaron los crímenes de guerra de Israel. Miles de personas de origen judío dijeron nuevamente “No en nuestro nombre”. Ya está claro que Israel no acepta ni siquiera la “ficción de estado” palestino y que las tendencias fascistizantes que surgen en su interior son el producto de su proyecto colonial. Frente a la política racista del sionismo de bregar por “estado exclusivamente judío”, surgen cada vez más voces disidentes que han llegado a la conclusión de que la alternativa a una nueva limpieza étnica y a la guerra permanente es desmantelar ese aparato estatal racista y colonialista y reemplazarlo por un estado palestino único, no racista, que respete los derechos nacionales de árabes y judíos. Desde nuestro punto de vista, ese resultado no es una utopía, sino la única salida progresiva a esta crisis. Pero solo podrá obtenerse como subproducto de una lucha revolucionaria contra las clases dominantes locales y las potencias imperialistas a quienes sirven, abriendo el camino al socialismo.







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