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Fútbol argentino: del deporte de elite al surgimiento de un fútbol criollo

¿En qué contexto cultural surgió el fútbol en nuestro país? Los prejuicios que se desprenden de los paradigmas de la época y los cambios que se desarrollaron para dar origen a un fútbol autóctono.

Jueves 13 de septiembre | Edición del día

Durante el siglo XIX la Argentina libra luchas por la independencia y se va constituyendo lentamente como nación. La población experimenta fuertes cambios y se van imponiendo políticas vinculadas con el desenlace de las pujas internas de las que resulta triunfante un nuevo modelo económico y social.

El hecho más trascendente se da en el plano de las políticas de población y fue la inmigración extracontinental, que empieza a efectivizarse en las últimas décadas del siglo, como resultado de ideas explicitas acerca del tipo de poblador que se desea. Tales ideas estaban fuertemente impregnadas por la valorización del europeo como modelo no solo en el plano de la cultura, la economía o la política sino también en lo referido al cuerpo, a la presunta superioridad racial atribuida a los hombres de origen europeo, la blancura de la piel, el color de los ojos o de los cabellos, la altura, la contextura física y los modelos de belleza centrado en tales rasgos.

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Algunos medios de comunicación como el diario La Nación, reforzaban en sus informaciones y análisis esta mirada prejuiciosa sobre los nuevos inmigrantes que llegaban al país. Y el futbol no estuvo ajeno a ese contexto, ya que inicialmente era un deporte elitista.

Un punto de inflexión para analizar los comienzos de la discriminación en el fútbol argentino y que significó un cambio cultural muy fuerte fue cuando en 1914, Racing Club, un club nacido de las clases populares en Argentina, alcanzó el campeonato del torneo de primera división, organizado por la Asociación Argentina de Football. En realidad, el nombre se lo copia a un club francés, el Racing de París. Los grandes clubes argentinos se fundaron entre 1890-1910. Ahí están todos, y ellos dicen mucho de la Argentina de entonces, desde el inglés trucho de River Plate —que se usa queriendo decir Río de la Plata pero sin que signifique eso—, hasta Boca Juniors, que combina el origen genovés con el juniors inglés, pasando por Mártires de Chicago, que era el nombre original de Argentinos Juniors, o Chacarita, que se funda en una biblioteca obrera un 1° de Mayo. En aquel entonces se estaban formando las nuevas clases populares por la inmigración, y ellas construyen identidades nuevas, sin que perduren, como en Estados Unidos, las comunidades originarias. El lugar central para alcanzar una identidad será el barrio, donde se crean una cooperativa, una biblioteca obrera y un club.

Racing en 1914
Racing en 1914

Este cambio ocasionó que los medios de comunicación que estuvieron ligados a los sectores más altos de la sociedad trataran con desdén o con desprecio a buenos jugadores que sobresalían de las clases populares en Argentina.

En un excelente trabajo realizado por el Sociólogo Roberto Di Siano, Futbol y Discriminación Social se analizó en el diario La Nación, la significación de la figura del “crack” en los jugadores nacidos en los barrios porteños o bonaerenses, llevando las mismas discusiones de ese momento sobre civilización y barbarie a los ámbitos futbolísticos: “Intentando resolver esa misma tensión La Nación levantará altares a Jorge Brown, baluarte del equipo de Alumni que se conformó con ex alumnos de uno de los colegios británicos instalados en el país… en cambio cuando describe al “crack” (…) lo hace de una manera despectiva tratando de despojarlo de todo valor: ‘no es un excelente jugador. No es un Rithner o un Jorge Brown, (…) que además de su juego, en su espíritu deportivo están colocados en el plano superior’”. Pero también, sostiene Di Siano, “en este mismo matutino se apelaba a los estereotipos negativos del crack indagando en su vida privada en relación a su pereza para entrenar o la irresponsabilidad propia de ese tipo de personalidades que con semejantes rasgos amenazan la vida en sociedad. Para el matutino el jugador de ascendencia anglosajona era el modelo a seguir”.

Las tensiones y el discurso positivista, por lo menos en el futbol, menguó en la medida que los éxitos futbolísticos a nivel nacional se fueron consagrando. Así fue que para las primeras décadas del siglo XX la selección nacional se alzó con cuatro torneos sudamericanos y obtuvo un muy buen desempeño en los Juegos Olímpicos de Amsterdam en 1928 obteniendo la medalla de plata.

Selección de Uruguay 1930
Selección de Uruguay 1930

Para ese mismo periodo otra selección que estaba en auge fue la uruguaya. Este aspecto es muy importante a tener en cuenta ya que en este país, en la medida que se iban dando los éxitos futbolísticos, se reforzaba una identidad colectiva y aprendía a diferenciarse de los vecinos de Sudamérica con todo tipo de manifestaciones xenófobas, dentro de las cuales el fútbol tendrá un papel importante.

Cuando en 1930 se jugó la primer Copa del Mundo en Uruguay, las fobias y los recelos y el sentimiento antiargentino se evidenciaron cuando ambos equipos tuvieron que jugar la final del torneo. El recorrido de nuestra selección fue exitoso en materia deportiva derrotando holgadamente a selecciones como Francia, Chile, Estados Unidos, México. Esta performance creaban recelos en otras parcialidades y los partidos eran caldo de cultivo de expresiones xenófobas que estuvieron basadas en percibir al otro como una suerte de contrincante desleal en procura de alcanzar el éxito deportivo a cualquier precio.

Los años 30 -que estuvieron signados por el fraude patriótico- se caracterizó por migraciones internas que se desplazaron del campo a una ciudad como Buenos Aires. Este fenómeno sirvió para que años más tarde aumentara significativamente la cantidad de público en los estadios de fútbol. De más está decir que si bien estos nuevos migrantes contaron inicialmente con el desprecio sociocultural de los habitantes urbanos, el fútbol les brindó algunas herramientas para interactuar con los actores locales de una manera no tan conflictiva y disfrutar al menos de una pertenencia común.

Con el advenimiento del peronismo a través de un fuerte apoyo popular se produce una fuerte tensión en lo futbolístico entre el modelo anglosajón imperante y lo nuevo que venía más de los sectores populares.

Para el Sociólogo Roberto Di Giano “en esa etapa básicamente, se modificó el perfil elitista de muchas instituciones, entre ellas los clubes de fútbol, abriéndolas a los sectores populares, quienes amparados por el Estado vencerían muchos obstáculos sociales y culturales que le impidieron en el pasado adquirir menor grado de subordinación”, escribe en Fútbol, poder y discriminación social (Editorial Leviatán).

Di Giano toma en su investigación a la revista Mundo Deportivo, de fuerte impronta peronista y la revista El Gráfico más independiente en su discurso. En el mismo trabajo se tomó el partido que jugó la selección nacional contra la inglesa. Y en como en todo espíritu de época los dos medios resaltaron el juego argentino a diferencia de lo que sucedió a principio de siglo cuando algunos diarios discriminaban el juego argentino y la figura del crack: “Ni el mejor estado atlético puede resistir sin inconvenientes un trabajo exigido por las sutilezas criollas. Los movimientos de cuerpo de los locales contrastaban con la escasa habilidad de las mullidas piernas de los extranjeros (…) más sin ningún recurso para recomponerse en cada ocasión de ser burlados”, describe Mundo Deportivo (número del 21/05/1953). “Colegas ingleses con los que hemos conversado (…) nos han expresado su admiración por el juego criollo, tan pleno de sutilezas y lo que más admiraron fue la elasticidad y velocidad mental que permite a los nuestros captar, concebir y hasta producir las para ellos más impensadas variantes”, asegura El Grafico (número del 22/05/1953).

1955: Fútbol, poder y cambio cultural

Con el golpe de Estado de 1955 los sectores ligados a la ideología liberal, que habían visto recortados sus ámbitos de influencia durante el peronismo, pusieron en marcha un proceso de desvalorización cultural de lo nacional; el fútbol no estuvo exento de esa política. La mirada eurocentrista de muchos dirigentes políticos en general -y del fútbol en particular- de ese momento, llevó a consagrar nuevamente al fútbol inglés como el nuevo modelo a seguir. Esto dentro de un contexto universal dominante que tenía que ver con la modernización occidental. Había que “desperonizar” rápidamente al país.

Las primeras medidas que se tomaron en este deporte fue la contratación de árbitros ingleses para mejorar los espectáculos deportivos. Así mismo, ante cualquier crisis organizativa, en lugar de buscar soluciones propias se proponía imitar el orden institucional inglés visto por mera definición como superior.

Este modelo vio el fracaso en 1958, en el mundial de Suecia, cuando la selección argentina fracasó con un juego que no estaba relacionado con su tradición futbolística. Ante ese episodio, el veterano jugador y luego técnico Angel Labruna -mirando con desdén el fracaso en el mundial- fue una de las figuras que sirvió de excusa para que clubes importantes de la Argentina se desligaran de los futbolistas de mayor edad porque tenían hábitos deportivos y sociales que pretendían dejar definitivamente el pasado.

En las décadas siguientes el fútbol cambió radicalmente: si bien no hubo árbitros extranjeros, los técnicos y jugadores trataban de imitar el juego europeo buscando más la eficiencia futbolística que el buen juego. Un hecho que sigue hasta hoy.







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