Juventud

PRECARIZACIÓN

Fue a una entrevista laboral y le ofrecieron trabajar gratis

Relato en primera persona de lo que vive la juventud cuando sale a buscar trabajo

Luna Bellavita

Estudiante | UBA

Viernes 5 de octubre | 13:21

La chica de Recursos Humanos nos dirigió hacia su oficina, nos hizo sentar y contarle cómo nos habían contactado. Nos explicó que, si aceptabamos, durante un mes íbamos a trabajar sin contrato… Y sin sueldo.

Busco trabajo hace un mes. Estoy registrada en todos los portales de búsquedas laborales, a los que ingreso de lunes a viernes religiosamente para enviar “postulaciones”. Diseñé y modifiqué mi currículum más de una vez.

Me cansé de leer en numerosos anuncios los famosos requisitos excluyentes: ser varón, tener más de tres años de experiencia, ser estudiante avanzado o graduado y estar dispuesto a dejar la vida en el trabajo. Eso sí, siempre con una sonrisa, proactividad y disposición a trabajar bajo presión. Todo por dos pesos.

Buceando en el mar de anuncios basura, uno llamó mi atención:

“¡Trabaja por la educación!

¿Te interesan las causas sociales? ¿Te gustaría trabajar por los derechos del niño? Si estás buscando trabajo y pensás que todos los niños y jóvenes deberían tener las mismas oportunidades y todos sus derechos asegurados, entonces esta es tu oportunidad!”

Me postulé. Dos semanas después me llama una piba desde un call center. Me cuenta que la consultora “Ser Humano” quería contratar sensibilizadores que recauden fondos para distintas ONG’s en la vía pública. Me dijo que les interesaba en particular mi perfil: soy estudiante de Sociología y, por ende, seguramente estaría interesada en las causas sociales.

Era la primera vez que me ofrecían una entrevista laboral desde que me despidieron. Busqué mi mejor camisa. Lustre mis zapatos de vestir. Le pedí prestada una cartera a mi mejor amiga. Gasté $12,50 en el subte y $55 entre la compra de una carpetita con dos solapas e imprimir mi CV. Llegué puntual, conocí a mis pares, y como manda la costumbre de Recursos Humanos, nos hicieron aguardar en un pasillo durante 45 minutos.

Finalmente, la chica de Recursos Humanos nos dirigió hacia su oficina, nos hizo sentar y contarle cómo nos habían contactado. Todas hablamos al mismo tiempo. Nos habían sugerido que vayamos “con ganas de conversar y sin timidez”. Ella fue al grano. “El trabajo consiste en recaudar fondos en la vía pública. Por eso buscamos personas extrovertidas, con onda, que no tengan vergüenza y puedan hablar con desconocidos durante cuatro horas por día en la calle. Trabajamos para distintas ONG’s y la modalidad de trabajo es la siguiente: ponemos en situación al cliente, lo convencemos de que existe un problema, y le vendemos una solución: donar mensualmente dinero para distintos proyectos de las ONG’s, desde su tarjeta de crédito”.

Nos pidió que nos presentemos y digamos por qué nos interesaba el trabajo. Hice de cuenta que no opino que las ONG’s lavan dinero, y hablé de lo importancia que tienen en momentos como el actual. Dije que cuando los problemas de las denominadas “causas sociales” se agudizan las ONG’s aportan su granito de arena. Por dentro pensaba “Y si, tengo que pagar el alquiler”.

Hasta ahí todo iba “bien”. Pero como si no fuese suficiente la humillación de tener que hacer de las sensibilidades propias una suerte de aptitud comercial, la chica de Recursos Humanos nos explicó que, si aceptabamos, durante un mes íbamos a trabajar sin contrato... ¡Y sin sueldo! Sólo cobrariamos el 100% de las donaciones que archivemos, y nos ofrecìan un “plus” de $25 por día a razón de viáticos (Si, sé lo que están pensando, el bondi volvió a aumentar y $25 no alcanza ni para un ida y vuelta).

¿Dónde quedó ese discurso de contribuir a las causas sociales? ¿No aspiraban a que todos los niños y jóvenes tengan las mismas oportunidades y derechos asegurados?. Enfurecida, fui la primera en decir “No, gracias. No voy a trabajar gratis, sin salario ni contrato durante un mes”. Y me fui frustrada, masticando la bronca de que a mis pares no les quedara otra que aceptar.

En Argentina, todo sube menos el salario. Sube el desempleo y las mujeres jóvenes somos las más afectadas. Suben en el ranking las empresas que sólo tienen para ofrecernos precarización laboral, detrás de sus sonrisas negreras. ¿Pero saben que sube también? Nuestra bronca. Porque nos cansamos de ser quienes paguemos los platos rotos de las crisis que producen los empresarios, los distintos gobiernos, y sus amigos imperialistas.

Sigo sin trabajo, pero no me voy a quedar de brazos cruzados. Éste sábado voy al Acto anticapitalista en Argentinos Juniors, porque tenemos que pelear por un mundo en el que estos lacras no tengan más poder. Un mundo en el que nuestras capacidades estén al servicio de las necesidades sociales. No hay más tiempo que perder. No podemos esperar. Ellos conspiran todos los días para pisotearnos un poco más. Necesitamos construir la organización de quienes conspiremos contra su sistema, que está en decadencia.
Tenemos la fuerza de la marea verde, de los estudiantes que nos rebelamos en todo el país y de los trabajadores que heroicamente enfrentan la represión, como los astilleros.

Nos vemos ahí.







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