Política

TRIBUNA ABIERTA

Frente contra Frente

Reproducimos columna de opinión que llegó a la redacción de este medio.

José “Pepe” Moreira

Trabajador del CDNNYA (CABA)

Lunes 28 de mayo | 10:00

La ilusión de una solución electoral como salida a la crisis que los capitalistas descargan sobre la clase obrera y el pueblo pobre crece al ritmo vertiginoso del ajuste cambiemita.

A medida que se acerque el calendario electoral la fuerza centrípeta de la unidad antimacrista pondrá en tensión a todas las fuerzas políticas del amplio arco opositor. Y de este escenario no escapa la izquierda, claro.

"Los teóricos del Frente Popular no van más allá de la primera regla de la aritmética: la suma. (...) Sin embargo la aritmética no basta, hace falta al menos conocimientos de mecánica. La ley del paralelogramo de fuerzas se verifica incluso en la política. La resultante es, como se sabe, tanto más pequeña cuanto más divergentes sean las fuerzas entre sí. Cuando los aliados políticos tiran en direcciones opuestas, la resultante es cero." Escribe León Trotsky durante la guerra civil española.

No podemos desconocer que la “unidad” tiene un encanto particularmente atractivo para amplias masas afectadas por la política económica del gobierno. No solo de la clase obrera sino también de un importante sector de la pequeñoburguesía urbana, que incluso arrastra a ese espacio siempre oscilante del llamado tercio electoral que, a la postre, define el resultado de una elección presidencial y que hoy se muestra cada vez más desencantado con el macrismo.

¿Hay 2019?

El peronismo en todas sus variantes y el cadáver político del progresismo realmente existente que le hace el coro, ponen sus fichas en las urnas, como buenos y responsables institucionalistas que son. Claramente su pulsión por los cargos públicos bien remunerados y por el control del Estado le marcan un único camino para el retorno al poder. Nunca se han sentido cómodos en la lucha callejera, allí donde los desbordes son posibles y donde la izquierda tiene un poder inversamente proporcional a su representación parlamentaria.

De no repetir un 14 y 18 de diciembre, también van a cuidarse estos sectores.
En aras de la unidad todo sapo es digerible. Y parece que muchos ya preanuncian que la moda de los comesapos se impondrá en el curso de los próximos meses. Así traidores y traicionados dejarán de lado viejas rencillas y todos unidos y reconciliados darán la dura pelea, la madre de todas sus batallas: por los cargos.

La convocatoria de la última marcha auspiciada por los adoradores de la unidad sin programa ni plan de lucha, expresa de manera cristalina esa política de frente policlasista o frente popular que se ofrece como única salida posible, siempre dentro de los márgenes del capitalismo y la democracia burguesa. Es que, en definitiva, para ellos el macrismo no es la expresión política de sus enemigos de clase sino un adversario al que buscan reemplazar en el poder alternando ad infinitum gobiernos “neoliberales” y gobiernos “populares”.

Los salvó la derrota

Durante el período kirchnerista un sector de trabajadores, sobre todo jóvenes, se incorporaron a la política atraídos por la impronta transgresora de Néstor Kirchner y un discurso progresista que los sedujo. Esa politización temprana se consolida bajo el mandato de Cristina Fernández. Pero la experiencia queda inconclusa por la derrota de Daniel Scioli. Esa masa que constituye la base social de apoyo del kirchnerismo no tuvo, todavía, la oportunidad histórica de la decepción. Porque la derrota le impidió al candidato del proyecto convertirse en Dilma, la heredera de Lula que en Brasil aplicó un duro ajuste. Esa historia truncada por el triunfo de Macri es la que hoy abona el sueño de volver a los “años felices”.

Ajuste de clase

El ajuste es una política que impone la burguesía para resolver la crisis capitalista a su favor. Por eso no escapan a ello ni el PT en Brasil, ni Ortega en Nicaragua, ni Syriza en Grecia. Como tampoco habría escapado aquí el FPV. Porque el capitalismo resuelve sus crisis destruyendo fuerzas productivas, concentrando el capital, disciplinado a los trabajadores, sea con ajustes, sea con la represión o sea con la guerra. Y ningún gobierno capitalista quiere, ni puede, recomponer la tasa de ganancia si no es descargando la crisis sobre las clases subalternas de su país o sobre las de otro.

Además, la burguesía argentina carece de toda posibilidad y vocación histórica de desarrollo autónomo. Dependiente y subordinada al capital extranjero desde sus orígenes no tiene otro proyecto de país que no sea esta semi-colonia que hoy es Argentina a pesar de haberse cumplido 208 años del aquel 25 de Mayo de 1810.

La pequeñoburguesía, como clase es, también, incapaz de darse una política independiente. Tributaria histórica de la gran burguesía nacional y extranjera, fue siempre, y sobre todo en momentos de auge de la lucha de clases, adulona de los más poderosos. Su vida material está indisolublemente atada a la burguesía. Su ideología expresa esa realidad material que la determina.

Ellos o nosotros

Solo la clase obrera puede ofrecer una salida acorde a sus intereses y al de las grandes mayorías nacionales. Pero es necesariamente una salida anticapitalista.
Para eso tiene que romper con toda alternativa política que pretenda arrastrarla como furgón de cola de cualquier variante de la burguesía.

Los cantos de sirena del frente antimacrista señalan un camino tramposo. Como la Alianza contra Menem que resultó un estrepitoso fracaso, la unidad sin rumbo ni programa es un engaño que tenemos que denunciar y explicar paciente y perseverantemente.

Pero esta tarea no nos exime de errores ni nos aliviará de tensiones, dentro y fuera del FIT.

Estamos ya inmersos en una batalla política decisiva que marcará la etapa siguiente y de nuestra tarea depende que la fuerza política de los trabajadores salga fortalecida.

Vale la pena entonces preguntarnos como se preguntaba Lenin en las Tesis de Abril: “¿Acaso no es obligatorio saber estar en minoría cierto tiempo contra la embriaguez “en masa”? ¿Acaso no es precisamente el trabajo de los propagandistas en este momento lo más necesario para liberar la línea proletaria de los vapores tóxicos del defensismo “masivo” y pequeñoburgués?”

Explicar pacientemente, una y otra vez. Denunciar y desenmascara a los embaucadores en cada oportunidad. Acompañar la experiencia práctica de la clase obrera y oponer concretamente y en cada lucha: frente antimacrista sin programa o frente único obrero, con el programa y los métodos de la clase obrera, para derrotar a nuestros enemigos de clase y que la crisis la paguen los capitalistas.







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