Internacional

La sangre, la muerte y el olvido

#FreeShawkan: el fotoperiodista egipcio podría ser condenado a muerte

Fue detenido en 2013 mientras cubría el brutal desalojo de las acampadas islámicas del Cairo. Infinitas iniciativas de firmas en redes sociales y Amnistía Internacional claman por su liberación.

Martes 20 de diciembre de 2016 | Edición del día

Imagen viral que conmemora el tercer aniversario de la masacre de Rabaa (compartida en Facebook por Peter Youssef, editor freelance en Egipto) [izquerda], Mahmud Abud Zeid (Shawkan) [derecha]

El reportero gráfico Mahmud Abud Zeid, de 28 años, conocido como Shawkan, fue detenido "preventivamente" mientras cubría el brutal desalojo de las acampadas islámicas del Cairo, el 14 de agosto de 2013. Desde entonces, con acusaciones sin validez, con causa nula, purga "condena" por su "crimen" en una cárcel cairota de Tora. Esto podría costarle la vida. Durante su encarcelamiento ha sufrido torturas, golpes y continua sin recibir tratamiento por su enfermedad (Hepatitis C).

Irónicamente el joven fotoperiodista ha recibido durante su detención carcelaria el premio a La Libertad de prensa y será galardonado con otro premio internacional 2016, de la misma índole del comité para la protección de los periodistas. "Me hubiera gustado alegrarme, pero no puedo ¡tomen el premio y denme mi libertad!", dijo al respecto. [*]

Su juicio ha sido demorado recurrentemente a lo largo de estos tres años y si fuera declarado culpable podría ser condenado a muerte. Este caso es uno de los miles ejemplos de la impunidad opresora de los Poderes Judiciales del mundo.

Infinitas iniciativas de firmas y otras tantas en redes sociales claman por su liberación. En Twitter usando #FreeShawkan y en el sitio de Amnistía Internacional.

La masacre, la pasividad colectiva

En los años que han pasado ni un solo agente de seguridad ha rendido cuentas por los cientos de muertos. Culparon a los manifestantes y blindaron a las fuerzas de seguridad.

Las medidas represivas recrudecieron desde ese agosto de 2013. Como relata Salma Essam de Global Voices Org: "En la mañana del 14 de agosto de ese año, se declaró el estado de emergencia por todo Egipto, fuerzas de seguridad rompían violentamente la sentada organizada por simpatizantes de la Hermandad Musulmana que protestaban por la destitución de Mohamed Morsi, el primer presidente elegido libremente y ex oficial de alto nivel en la Hermandad, dejando hasta 1.000 personas muertas en un día".

La sentada de la Plaza de Rabaa el Adaweya fue la más grande que haya sido atacada. Perdieron la vida 1.150 manifestantes, 624 siguiendo cifras más conservadoras publicadas por el Consejo Nacional de Derechos Humanos. Los allegados de las víctimas todavía claman contra los responsables.

Defensores de Derechos Humanos, estudiantes, presuntos opositores y diferentes personas que solo estaban allí han sufrido todo tipo de asedio, torturas o han muerto a causa de encarcelamientos masivos en condiciones infrahumanas. Con un sistema judicial que se ha convertido en otro instrumento represivo.

Miles de muertos, cientos de desaparecidos y encarcelamientos masivos. Presos políticos olvidados que claman por su libertad, ante acusaciones falsas, causas nulas. Presos políticos no reconocidos como tales, cualquier parecido con historias nacionales es mera coincidencia.

El pueblo oprimido del mundo clama liberación

Reivindicación de los derechos avasallados. El silencio ensordecedor ante estos hechos es abrumador. Lastima y duele aún más cuando proviene de parte de algunos de nuestros pares aquí y en el mundo. Así, como anestesiados por elección propia, como si la realidad no los alcanzara nunca. Como si el padecimiento del que está al lado reivindicara de algún modo una mejor posición ante la opresión. "La ceguera voluntaria" como la llamara Nadine Haddad, corresponsal de Amnistía Internacional.

* Sección noticias de CDP, 17 de agosto de 2016.






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