Política Chile

OPINIÓN

Francisco y el nudo estratégico de una Iglesia en crisis

Se ha marcado mucho el contraste entre la visita de Juan Pablo II en 1987, y Francisco en la actualidad. Una situación de crisis e impotencia de la iglesia, y de escepticismo en la sociedad, ha cruzado el viaje del Papa. Algunas consideraciones estratégicas.

Pablo Torres

Comité de Redacción / Partido de Trabajadores Revolucionarios

Jueves 18 de enero | Edición del día

Es difícil determinar aún un balance de lo que ha significado la venida del Papa Francisco a Chile, la segunda en la historia de un Papa del Estado Vaticano. La primera fue Juan Pablo II (Karol Wojtyła) en 1987, aquel Jefe de Estado que –entre otras cosas- predicó y practicó la estrategia de las “transiciones a la democracia” (del pacto entre genocidas y derechistas, con “demócratas” opositores), para lo cual fue servil su visita en aquellos años, en el marco de grandes expectativas de la población y crisis de la dictadura, y una gran influencia de la Iglesia en el país.

Esta visita sin embargo, ha sido recibida con escepticismo. Y en el marco de una abierta crisis de la Iglesia Católica, de sus altas esferas (su burocracia), sus instituciones y su influencia sobre la población. Acá observamos algunos apuntes sobre las contradicciones estratégicas de la Iglesia Católica en el país, y su significado político:

1) Estado de crisis y una primera contradicción

Si una primera diferencia con 1987 era la agitación del momento y las enormes expectativas en la visita del Papa, en el marco de una gran influencia de la Iglesia, el contraste objetivo y subjetivo no puede ser más distinto. La Iglesia Católica viene hace algunos años, en un lento y prolongado proceso de decadencia de su influencia. Mas no su poder económico y político (su relación con el Estado), que más bien ha ido aumentando. Este contraste o contradicción se ve claramente en la influencia frente a la sociedad.

Si bien las encuestas no dicen “la verdad” (y siempre operan políticamente), pueden mostrar –distorsionadamente- algunos elementos políticos importantes. Según Latinobarómetro, la sociedad chilena pasó a desplomar su confianza en la iglesia de un 80% en 1995 a un ¡36% en 2017! Esto también se expresa en que actualmente el 45% se considera católico, cuando una gran mayoría se consideraba así en los inicios de la transición, y uno de los datos más interesantes, que “la cantidad de personas sin religión, agnósticos y ateos, llega al 25%”. Según Cadem, el 50% de las personas encuestadas en Enero considera "poco o nada importante” la visita del Papa, expresando el clima de más escepticismo sobre su venida.

No es menor en esta ecuación, los casi 100 casos de abuso sexual y pedofilia de altos clérigos, obispos y sacerdotes, muchos de ellos ligados al gran capital y la elite empresarial cuyo máximo representante es Karadima, y la respuesta ocultadora, encubridora y silenciadora de la dirigencia eclesiástica liderada por Ezzati (del ala conservadora y ligado al “partido del orden” y el gran capital); que han alimentado un descontento creciente en la población, e incluso de muchas de sus comunidades base.

Por ello mismo en Santiago, Iquique y Temuco se impuso un amplio aparato estatal de custodia con policías, guardias, francotiradores, vallas policiales, etc. El viaje ha estado no solo lleno de escepticismo por una gran mayoría de la sociedad, sino bajo un clima de tensión, de protestas (minoritarias pero con mucha repercusión nacional en este clima) y descontentos, de sectores anti-clericales, de laicos creyentes, incluso de sectores de sus propias comunidades base, y de atentados contra iglesias y templos, tanto en Santiago como en La Araucanía.

2) El objetivo estratégico del viaje: cerrar los “momentos de turbulencia”

De ahí que su mensaje fuera doble: hacia la sociedad el énfasis en el “perdón” hacia las víctimas de los curas (en dos misas), mientras cobijó en sus misas entre su séquito al cuestionado obispo de Osorno Juan Barros (acusado de encubridor y mano derecha de Karadima, repudiado en un amplio sector de la comunidad laica), además de la “unidad” frente al conflicto mapuche y el seguro discurso que presentará hoy de “integración” frente a la inmigración en Iquique.

Su “otro discurso”, podríamos llamar, “de partido” lo realizó en la Catedral ante sacerdotes, obispos, jesuitas, monjas, etc. Los llamó a enfrentar las “horas difíciles de turbulencias y desafíos no indiferentes”, y caracterizó la situación de “momentos de turbulencia”. Los animó a dejar atrás la desmoralización: “Sé que han sufrido insultos en el Metro o en la calle. Que ir vestido de cura en muchos lados está constando caro”. Les llamó a buscar reconocer “la sociedad actual” y huir de las seducciones de los privilegios de poder, pues “no son superhéroes, sino sacerdotes”.

No obstante, un factor clave en la dinámica, es el difícil “equilibrio” a conquistar en una Iglesia que no sólo sufre el descrédito y la pérdida prolongada de “fieles”, sino que está fragmentada en diversas tendencias y movimientos (y donde la dirección de Ezzati, también cosecha no poca “oposición” en su interior, como expresa el caso del jesuita Berríos), que impide una clara orientación en estos “momentos de turbulencia”. La relativa “baja movilización” respecto a la agitación creada en el 87´ (en Santiago se cuestionan las cifras de 400.000 del parque O’Higgins, y en Temuco habrían participado 200.000 personas de 350.000 esperadas) da cuenta de estos dos fenómenos combinados. Si bajó muchísimo la aprobación al Papa en el país los últimos meses, ¿podrá poner fin a esta crisis su viaje y abrir una nueva perspectiva? De mínima, será muy difícil sin grandes y nuevos trastornos. La baja agitación ante el papa y su rol de equilibrista entre el "perdón" a las víctimas de abuso o su clamor ante la desigualdad y su enemistad a los "tontos" que siguen a "los zurdos" (reforzando a personajes odiados) difícilmente entregue una salida al impasse.

3) Un frente común contra el desafío… ¿“ateo”?

La Iglesia Católica juega un rol central en el país, y lo jugó durante momentos claves del siglo XX. Su crisis no puede hacernos devaluar su peso como factor de poder real. Su alianza con grandes empresarios, el Estado, los partidos políticos, los grandes medios de comunicación, que se unieron en una “cruzada” ante la visita del Papa es clave para entender la dinámica política. Se mostró en la unidad para recaudar la estratosférica cifra de 11.000 millones de pesos sólo para una visita de 3 días.

No solo ello, sino el financiamiento de 7 mil millones que aportó el Estado, develan la hipocresía de un supuesto “estado laico” y la separación puramente formal de la iglesia-Estado. Es a la vez expresión de su alianza real más profunda: millonariamente subvenciona a la iglesia católica en sus escuelas, universidades (PUC y otras), en la restauración de sus infraestructuras, exención tributaria de sus bienes y varias de sus operaciones hasta financieras. Los centros de salud, de menores, clínicas privadas, etc. (instituciones subvencionadas que incluso han amenazado que la ley de aborto en 3 causales no la practicarán) son millonarios recursos a la Iglesia, sus negocios e instituciones. Grandes corporaciones y medios de comunicación controlados por un puñado de capitalistas, se unieron a la cruzada montando casi un héroe.

El desafío de la “unidad nacional” de curas, empresarios y partidos del régimen, es el intento de revertir la decadencia del poder “espiritual” de la Iglesia sobre “ex fieles” cada vez más alejados de sus enseñanzas, pero como parte de revertir la crisis del régimen o de las instituciones del régimen de la transición (entre los cuales la Iglesia fue fundamental). Aunque algunos vean en estos puro derechismo (Peña y su modernización capitalista), es un peligroso potencial inflamable la pérdida de poder de hegemonía e influencia de la Iglesia, más en momentos de una fuerte crisis de los viejos partidos de la transición. La impugnación a diversas instituciones del régimen, y también de empresarios (con una imagen negativa) hace que el frente común en defensa de estas instituciones sea clave para los desafíos de la "gobernabilidad" y "hegemonía" de la clase dominante, entre la cual está la alta esfera de la iglesia.

4) La iglesia no solo es poder moral, sino fuerza material

Su crisis no es en ningún modo su fin. Ese contraste subjetivo (descrédito y pérdida de seguidores) y objetivo (dominio, fuerza material) muestra esto. No solo es la enorme inclinación y actitud positiva de toda la alta jerarquía católica por la clase burguesa, por los ricos y sus privilegios (quienes “ayudan” con sus donaciones con que sus empresas descuentan impuestos), y la creación de una enorme burocracia mantenida por la sociedad (por su explotación y desposesión). Detrás de la máscara religiosa, hay intereses bien materiales, bien reales, y bien cuantiosos en juego, no solo en espíritu, sino en carne (pues el espíritu no vive sin ésta). Está en crisis, pero domina áreas de la economía, política, cultura, tiene profundos lazos con las fuerzas armadas, los grandes medios. Esta fuerza moral, es fuerza material bien real, es poder político. Es un verdadero partido, con un Estado (El Vaticano) con gigantes recursos, fuerzas humanas, económicas, posesión de grandes bienes. Es un partido propietario, que como tal, defiende las posiciones de la sociedad de los propietarios capitalistas, sus posesiones y acumulaciones. En un artículo reciente se da cuenta de esto: “posee 388 bienes raíces, con un avalúo fiscal por sobre los 103 mil millones de pesos (…) hay otras versiones que estiman en más de cuatro mil las propiedades de la Iglesia (…). A partir de estos bienes y activos históricos, el arriendo de propiedades se mantiene como una de las principales fuentes de ingresos (…). Entre ellos hay colegios, pero también estacionamientos, supermercados, tiendas de diferentes rubros y restaurantes (…) hay relaciones comerciales con entidades estatales. La Universidad de Santiago firmó hasta 2017 un acuerdo con la Iglesia para utilizar un edificio de avenida Ecuador, cuyo costo se fijó en UF 320 mensuales. Junto a ello están los alquileres de los inmuebles de la sede del Arzobispado en calle Erasmo Escala a la Universidad Alberto Hurtado” entre otros.

Y esto sin mencionar sus “inversiones” en grandes empresas como SQM, privatizada a fines de dictadura en al nuero de Pinochet, que saquea el litio y financia a una gran parte de los partidos burgueses, de la derecha y Nueva Mayoría. O CMPC, de la familia Matte, una de las 5 grandes fortunas del país, implicada en la “colusión del confort”. ¿No es acaso tan cierto hoy, a más de 100 años, las palaras de Rosa Luxemburgo, que las “inmensas riquezas amasadas por la Iglesia, sin esfuerzo de su parte, provienen de la explotación y pobreza del pueblo trabajador”? No es sólo fuerza moral o espiritual, sino un poder bien “real” cuyos intereses están ligados a la defensa de sus “conquistas” propietarias, y sus vasos comunicantes en el Estado y el gran capital, directamente relacionadas con la desposesión y miseria de la gran mayoría trabajadora. Es un “pilar” del dominio y hegemonía del capital sobre la clase trabajadora, y su crisis, un puntal de esta ecuación.

No es casual su oposición a las moderadas reformas de bachelet, como la educación, y otros nichos de negocio donde sus intereses son bien reales y no puramente "espirituales".

5) Su futuro se trata por tanto de una cuestión de relación de fuerzas

Por supuesto, ésta no está por fuera del desarrollo y los resultados de la lucha política y la lucha de clases, y los programas y actitudes de partidos y organizaciones, una de cuya poderosa en Chile es la Iglesia (no olvidar su rol camaleónico durante la dictadura hacia la “transición pactada”). Su crisis es parte de la crisis de algunos “pilares” de esa transición. Se puede revertir, a costa de debilitar la lucha de clases. Si ésta se debilita o retrocede, no solo se puede “fortalecer” la iglesia católica (aunque hoy suene raro), sino incluso variantes evangélicas de extrema derecha (como también empieza a suceder en el país). Los momentos de “restauración” y cierta “pasivización” también son proclives a los “mitos” e “ilusiones” en nuevas variantes.

Si la idea de un “cielo o paraíso” (fuera de la vida) sigue viva por muchas mujeres y hombres de la clase trabajadora, que encuentran en la religión la iusión de un futuro mejor en “otra vida” para liberarse de la miseria, explotación y opresión que viven cotidianamente (seguramente muchos de ellos también se movilizaron contra las AFP), para la alta esfera burguesa de la iglesia (y para el capitalismo) es un bálsamo o instrumento bien consciente para mantener estas ilusiones en otro mundo después de la vida, y esconder las causas de esa miseria en esta tierra. La lucha por desembarazarse y despojarse de los prejuicios religiosos, debe ir de la mano de la lucha viva de la clase trabajadora y los oprimidos de terminar de raíz con las causas e instituciones dirigentes que sostienen esta explotación y opresión, una de las cuales es la propia Iglesia Católica.

La idea de la “liberación después de la muerte” (y hoy condenarnos a miseria) con que altos jerarcas de la Iglesia defienden hipócritamente este sistema, ayuda a mantener oculta la realidad de una sociedad clasista, donde una pequeña minoría social vive de lujo a costa de la explotación y miseria de la gran mayoría de la humanidad. Y después se preguntan por qué tanta desigualdad en un país donde el 0,1% posee casi el 35% del ingreso nacional, o en un mundorato donde 8 capitalistas poseen lo mismo que 3.500 millones de habitantes.

La lucha estratégica por terminar con las bases fundamentes de esta opresión y explotación, es la única vía no sólo para despojarse de la miseria, sino de esas ilusiones deformadas.

La sociedad capitalista ha sentado las bases de esa liberación al expandir las posibilidades del desarrollo de la producción, abundancia, la ciencia y la técnica. Sin embargo, estas mismas bases para superar las “necesidades” actuales (y abrir paso a superarlas con nuevas necesidades satisfaciendo las primeras) están en manos de una pequeña minoría de capitalistas y grandes propietarios, que empujan a la gran mayoría de la humanidad a la esclavitud asalariada y una vida desposeída. Sin desposeer a esos grandes propietarios, que permita poner todos los bienes al servicio de la sociedad completa, es decir sin expropiar a los expropiadores capitalistas (sin quebrar su usurpación de tierras, medios productivos, minas, fábricas y ciudades), seguirán las bases de la desigualdad, la explotación y la opresión, y así, las ideas falsas para “superar” esa condición que promueven interesadamente la Iglesia propietaria, aliada a la clade capitalista y a su Estado.

Sobre la base de la comunidad de los bienes, a nivel mundial y nacional, se puede liberar la humanidad y las propias fuerzas de producción, abriendo las vías que permitan superar el “reino de la necesidad” y pasar al “reino de la libertad” (Marx) basado en una sociedad nueva de productores libres y asociados a escala global. De ahí también no es casual la “universalidad” tanto de la Iglesia (desde su Estado Vaticano, como “partido mundial del orden”) como de su rol político mundial y nacional. La revolución socialista y el proletariado revolucionario deberá encarar estas tareas, para iniciar la verdadera liberación, no en el cielo, sino en la tierra. Si cierta “izquierda” rinde un cierto culto “avergonzado" al Papa (por sus supuestas ideas “antineoliberales”) esa izquierda sólo lucha por la reforma de un sistema que provoca miseria, y no su abolición real.







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