Enfoque Rojo

FOTOPERIODISMO

Fotoperiodismo: retratos actuales del Astillero en lucha

Desde 2016 la cámara de María Paula Ávila sigue a todos lados a las trabajadoras y los trabajadores del Astillero Río Santiago. Así supo ganarse un lugar entre ellos y registrar sus luchas, sus oficios y sus vivencias.

Miércoles 21 de noviembre | Edición del día

Fotografías: María Paula Ávila

María Paula Ávila.

Entrevista:

Enfoque Rojo: Contame, ¿cómo surgió la idea de seguir a las y los trabajadores del Astillero? ¿Tenés algún proyecto para este material?

MP: No sé todavía qué proyecto, no sé a dónde va a ir aún. Primero fue cubrir una necesidad del momento, de lo que pasaba. Pero es un lugar súper interesante para explorar. Además, ya les tengo cariño, ya los conozco, entonces es como que tiene otro sentido también. Te tenés como que buscar, no sé si ganar tu lugar, pero sí formar parte del paisaje, que no fue nada fácil. Porque son 3300, la mayoría son todos hombres y yo soy mujer, entonces al principio era medio complicado. Ahora no, pero hace unos años sí, marchabas y te tenías que preparar psicológicamente para ir y decir: “Bueno, hoy voy a tener que estar ducha para contestar giladas” (risas).

E.R.: Vos, ¿desde qué lugar pensás el registro fotográfico, desde el trabajo que desarrollan o desde el rol de luchadores?

MP: Son las dos cosas. Son obreros calificados de la hostia. Es un flash que los locos puedan hacer un barco. Yo no me sé hacer ni una trenza en el pelo y ellos hacen un barco flotar. Pero el tema es que las veces que he entrado, se puede ver a sectores grandes que están trabajando, pero otros, por el propio desfinanciamiento que tienen, hacen lo que pueden. Entonces, hoy en día plantearse un ensayo simplemente en la productividad es medio complicado, no es la realidad. Hacen todo lo posible para trabajar con lo que tienen. Era como uno había dicho en su momento "Si te mandan a hacer un pozo y no tenés la pala, y...no lo podés hacer". Y después en la calle cuando ellos se mueven, La Plata se paraliza. Es una marea de gente que a veces caminan desde Ensenada hasta La Plata, es impactante. Sobre todo cuando marchan todos, es una locura. De hecho, es lo más importante que pasó en la ciudad de La Plata, a nivel de movimiento obrero organizado y que resiste, en el país creo que fueron uno de los más importantes.

E.R.: El Astillero tiene un impacto muy grande, ¿pensás que es también por la pelea política con el gobierno provincial, como caso testigo?

MP: No solamente eso sino que el Astillero tiene una particularidad que no lo vi nunca en ningún lado, que es ese sentimiento de pertenencia que no lo vas a encontrar en otro lugar. Cuando te dicen que defienden su lugar de trabajo, es porque realmente lo defienden, porque es su casa. ¿Cómo podés echar a alguien de su casa? No podés. Es generacional, además. Trabaja el abuelo, el hijo, el hijo del hijo va a la escuela y aprende un oficio. Entonces, es la familia. Termina siendo eso: la familia del Astillero. Eso no lo vi en ningún lado. Eso hace que sea tan particular y para mí tan atractivo.

Trabajadores del Astillero Río Santiago en el Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires, ciudad de La Plata.

E.R.: ¿Y cómo es la relación con los trabajadores ahí?

MP: La mejor. Me re cuidan. Además, te dicen que formás parte de la familia, entonces te cuidan. El otro día en la represión de Congreso, me cuidaron, no me pasó nada. Siempre tenía a alguien al lado preguntándome si estaba bien. Te agarraban la mano y te sacaban corriendo. No me pasó nada.

E.R.: ¿Para vos cómo fue ganarte ese lugar, como mujer, como fotógrafa?

MP: Yo creo que era como un común acuerdo. La idea de poder mostrar. Ellos ven que no vas de mala leche. Ellos, obviamente, se cubren, porque después te saca un diario de acá, van, te sacan la foto y después el título es “Son todos ñoquis” . Y desde mi lado eso no lo van a ver. Me siento re bien, me gané un lugar. Me costó. Es re difícil, en el fotoperiodismo, no existen casi las mujeres, o somos la minoría más absoluta. Y de golpe, yo me siento súper cómoda con 3300 tipos atrás. Y no me pasa nada. Respeto. Puede que alguno que otro te diga alguna boludez, pero no pasa nada, le contestás. Y después que te hagan parte, está muy bueno. Y también aprendí mucho cuando fue lo del 18 de diciembre, que fue la Reforma Previsional, de la manera de cómo los medios de comunicación cubrían una protesta así tan importante y tan grande, y cómo el Gobierno utilizaba los medios de comunicación o la forma de comunicar para armar causas. Entonces, hoy en día si ves una foto mía de Astillero nunca vas a ver a un obrero con una piedra en la mano. Porque esa es una decisión personal, de cuidarlos, de que obviamente yo entiendo que si alguna vez alguno tiró una piedra fue por una cuestión de defenderse de que lo estaban matando a tiros y no por “Violentos que van y rompen todo”, como dicen la mayoría de los medios de comunicación. Entonces, es una decisión de uno cómo quiere mostrar ciertas cosas.

Trabajadores del Astillero permanecen pacíficamente a la espera de una respuesta que permita conseguir insumos para seguir trabajando.

E.R.: Cuando se votó el Presupuesto 2019 en el Senado, la policía reprimió fuerte y con mucha saña al Astillero. ¿Qué te acordás de esa secuencia?

MP: Sí, me acosté como a las 5 de la mañana esa vez. Casi me muero. Ese día no saqué fotos, llevé la cámara a pasear, pero porque no podía entender, nos mataron a tiros, como que el Astillero era un blanco. Si a todo el mundo lo reprimieron, al Astillero fue cuatro veces más. Una locura. Nos tiraron hasta la subida a la autopista. Hasta donde estaban los colectivos. Me terminé tapando con los colectivos. Yo estaba con ellos, estaba con la cámara, iba a sacar, me los encontré en la plaza y me quedé ahí. Cuando fue el momento de la represión, digo: "Me quedo acá, no me voy a ir a ningún lado". Esa foto en la que está Juan Contrisciani (delegado del Astillero y dirigente del PTS) asistiendo a un compañero fue la única que saqué, más o menos, pero porque después estuve igual que Juan sacando gente herida.

Represión de la policía bonaerense a los trabajadores del Astillero en la ciudad de La Plata.

Nunca me había tocado hacer eso, a los gritos sacando gente del medio. Porque tenía un pibe que no sabía si le faltaba un ojo, si le habían partido la cabeza o qué le había pasado. Después nos encerraron en una calle, obviamente que todos gaseados mal, y ahí fue donde se llevaron detenidos a cuatro compañeras y compañeros. Corrí como nunca corrí en mi vida. Fue un flash, nunca me había pasado tanto, te tiraban a matar. Es ahí donde Juan C. me agarra de la mano y me dice: “Corré, Paula, corré, y no mires para allá porque te van a sacar un ojo”. Porque te tiraban de atrás, de adelante y de costado.

E.R.: Cuándo los liberaron, ¿cómo fue el clima ahí?

M.P.: Después de la represión, en el medio -que íbamos tratando de volver a los colectivos-, Juan le iba preguntando a sus compañeros si faltaba alguien y yo iba anotando los que faltaban, armando la lista de los posibles detenidos y de ahí nos fuimos para la comisaría. Cuando llegamos, nos reprimieron un poco más ahí, tiraron gas pimienta, más o menos unas tres veces hicieron eso. Al principio los habían paseado por todos lados, no sabíamos dónde estaban. En un principio estaban en todos lados y en ninguno. Era todo el tiempo desinformación de la Policía. Al final, los largaron como a las 3 y pico de la mañana y de ahí salieron con toda la moral.
Ver y vivir todo esto es impresionante, sabía que estaba viviendo algo que iba a ser histórico, ahí tomé conciencia de eso. Como la permanencia pacífica del Ministerio de Economía la ocupación -pacífica también-, de la fábrica cuando estaba Capdevilla, que es el que está como interventor por parte del Gobierno.

Trabajadores del Astillero permanecen pacíficamente, momento en el que consiguen que el Directorio del Astillero acepta las demandas.

E.R.: Contanos, ¿cómo fue aquella permanencia pacífica en la fábrica?

M.P.: Me empezaron a escribir desde temprano “que había llegado Capdevilla y que bueno… no nos vamos hasta conseguir lo que queremos… así que, si querés, podes ir viniendo…” Yo les dije: “Bueno, ahora voy”… Esa vez fue re zarpado ya que era su lugar y la fábrica la conocen mejor que nadie. No los ibas a sacar de ahí. En el Ministerio de Economía, cuando entraron, los trabajadores de ahí los aplaudían. Ahí fueron porque no les cumplieron lo que les habían prometido la semana anterior en la fábrica. Ahora la están desfinanciando de a poco, los quieren cansar, pero bueno, es una fábrica que tiene mucha tradición, es la única de los 90 que no pudieron privatizar. Y ese sentido de pertenencia se transmite de generación en generación a la hora de pelear por tu lugar de trabajo. Hay algo loco, vos en un corte siempre escuchás a la gente que dice: "Hey, vayan a laburar", y con ellos no pasa eso, tienen un respeto a nivel local muy grande.

E.R.: Para vos, que tenés una mirada y participación más comprometida, ¿para qué tendría que servir eso?

M.P.: Todas las fotos que hago son para que ellos puedan visibilizar más su lucha, básicamente. Después, en el medio, está mi satisfacción personal de ver algo que me gustó, que está bueno, que lo pueda seguir. Y me siento bien yendo ahí también. Para que ellos lo compartan. Los medios te muestran al trabajador del Astillero saltando sobre un patrullero, pero no te muestran que a otro lo atropellaron, que a otro le bajaron cuatro dientes de un culetazo.

E.R.: Para terminar. ¿Cómo los ven a los compañeros de La Marrón en la fábrica, qué dicen del Negro José Montes?

M.P.: El Negro es "palabra santa" en la fábrica. Hay compañeros que no lo entienden, o por mezquindad política no están de acuerdo con él, pero son los menos. Cuando habla el Negro Montes el silencio es total, se lo escucha. La valoración de un tipo ya jubilado que trabajó ahí, que ya lo defendió y está al lado de los más pibes para defenderlo. Hernán García y Juan Contrisciani también se han ganado un respeto y un lugar. Si no fuese por gente como el Negro, hoy los más nuevos no estarían laburando, directamente, hubiesen cerrado el Astillero hace 20 años.

Trabajadores del Astillero Río Santiago en la fábrica.





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