Mundo Obrero Chile

OPINIÓN

Flexibilidad laboral: la farsa empresarial para precarizar a los trabajadores

El debate sobre la reducción de la jornada laboral se instaló con fuerza y generó división entre el Gobierno y gremios empresariales. Pese a estas discrepancias, hay una idea que los une: impulsar medidas que fortalezcan mucho más la ya existente flexibilidad del trabajo y continuar instalando que es un "beneficio" para las y los trabajadores. Una total falacia que se debe desmentir.

Ángela Suárez

Periodista

Domingo 25 de agosto | 17:53

Amplio apoyo popular tiene la demanda de reducir la jornada laboral. No es menor si consideramos que se trabajan anualmente 1.941 horas y que Chile integra el "top ten" de los países de la OECD que tienen jornadas más extenuantes [1]. Que no hay tiempo libre, tiempo para pasar con las familias y amigos, tiempo para estudiar, para recrearse, para la cultura, para descansar, son aspectos que resiente la aplastante mayoría de la población.

Según los grandes gremios empresariales, el Gobierno actual, y partidos tradicionales, Chile es un "ejemplo" para América Latina; un ejemplo de crecimiento y de avance, de oportunidades y bienestar, sin embargo, estas aseveraciones chocan de frente con la precaria realidad que viven millones de trabajadores y trabajadoras, y que también viven miles de jóvenes que a su corta edad se encuentran endeudados de por vida. Sobre este último sector mencionado, si se considera solo a quienes estudiaron en educación superior, las cifras indican que más de 616.000 personas mantienen deudas con bancos, y de estas, 168.000, es decir, el 27%, está en mora y no tiene cómo pagar [2]. Y, peor aún, de acuerdo a cifras entregadas por la encuesta Casen, 500.000 jóvenes entre 15 y 29 años no estudia ni trabaja, perteneciendo al quintil más pobre [3].

En este marco es que el debate sobre la reducción de la jornada laboral se instaló con fuerza- en especial tras la presentación del proyecto de 40 horas impulsado por la diputada Camila Vallejo- y generó división entre el Gobierno y gremios empresariales. El Ejecutivo presentó una iniciativa de 41 horas semanales promedio, y con medidas de flexibilidad y gradualidad de acá al 2027, lo que abrió discrepancias en sus propias filas y también con representantes de los empresarios. Desde la SOFOFA (Sociedad de Fomento Fabril) se abren a un proyecto como el del Gobierno, siempre y cuando se ponga al centro la flexibilidad laboral, y desde la CPC (Confederación de la Producción y el Comercio) exigieron que se de "un debate serio", con estudios técnicos, pues, supuestamente, una reducción generaría la pérdida de miles de empleos y la baja en los salarios.

Pero, pese a estas discrepancias- que también se expresan en la "oposición", con la DC en contra del proyecto de las 40 horas, y el resto, por el momento, mostrando su apoyo-, hay una idea que une al Gobierno y los grandes empresarios: impulsar medidas que fortalezcan mucho más la ya existente flexibilidad del trabajo y continuar instalando que es un "beneficio" para las y los trabajadores. Una total falacia que se debe desmentir.

Flexibilidad en Chile es sinónimo de precariedad laboral

La legislación laboral chilena contempla diversos mecanismos de flexibilidad y herramientas que benefician a los empresarios, como despedir sin mayores argumentos bajo el artículo 161, prohibir la negociación colectiva en empresas "estratégicas" y que tengan más del 50% de financiamiento estatal, restricción del derecho a huelga mediante reemplazos y servicios mínimos, distintos tipos de jornada laboral, entre otras. Aunque la clase empresarial y el gobierno de Piñera afirme que la flexibilidad es beneficioso y que implica "libertad", lo cierto es que son estrategias del empresariado para disponer del tiempo de trabajo y de los descansos de las y los trabajadores.

"El rediseño de la jornada laboral se ha enfocado desde la perspectiva de las necesidades de las empresas, atribuibles ya sea a las características de la producción, a las fluctuaciones variables en la demanda o a los requerimientos de ajuste y reducción de costos laborales y, secundariamente, como estímulo al desarrollo del empleo que estas modificaciones acarrearían", se afirmaba, ya en el 2004, en el informe "Flexibilidad laboral en Chile: las empresas y las personas", realizado por el Departamento de Estudios de la Dirección del Trabajo. Hace 15 años se problematizaba que ya existía "en el funcionamiento real de las empresas un uso moldeable de los tiempos de trabajo", esto en un contexto donde comenzaría a regir la nueva- y actual- jornada laboral de 45 horas, dejando atrás las 48 horas semanales, por lo que el empresariado había retomado, con más fuerza, la discusión sobre nuevas formas de flexibilidad [4].

En este sentido, la flexibilidad laboral es un conjunto de medidas, de estrategias empresariales, que implican "contratos individuales" y "libertad de contratación" por parte del empleador. El sitio EmprendePyme afirma que la flexibilidad "ayuda a mejorar la capacidad de adaptar el modelo de contratación laboral a las necesidades reales del momento de cada empresa u organización y fomentar la contratación de nuevos trabajadores disminuyendo el riesgo para las compañías (...) también significa iniciativas de ahorro y reducción de costos para la empresa" [5]. Todo esto lo plantean con un discurso de "libertad" y "beneficio" para las y los trabajadores, supuestamente porque se podría pactar "de igual a igual" con el empleador, pero ¿esta es la verdadera realidad en los lugares de trabajo? ¿Es posible alcanzar una "igualdad" entre empresario y trabajador en una sociedad que tiene como base la desigualdad, y con una legislación laboral autoritaria, antisindical, que proviene de una dictadura militar, como existe en Chile, donde el empresariado posee a su favor diversas normas legales para despedir, abaratar costos y donde, por ejemplo, la sindicalización y el poder de negociación de los sindicatos es débil y está mermado por el propio Código del Trabajo? La realidad concreta muestra que es una ilusión creer que podría haber un "mutuo acuerdo" que beneficie realmente a las y los trabajadores, y la propia definición de flexibilidad da cuenta que es un mecanismo más a disposición de los empresarios.

No obstante, el gobierno empresarial de Piñera insiste con profundizar aún más la flexibilidad en favor de los capitalistas. En octubre del año pasado anunció el proyecto de flexibilidad horaria, que pretende modificar el Código del Trabajo, y este 2019 han seguido instalando el tema, apelando al mayor tiempo que tendrían las y los trabajadores para "disfrutar con sus familias". Ante este debate, especialistas, algunos parlamentarios, la Fundación Sol, entre otros actores, manifestaron sus resquemores ante la flexibilidad horaria, debido a que por los bajos sueldos en el país lo más probable que sucediese es que las personas busquen otro empleo durante ese tiempo libre.

Lo cierto es que en Chile flexibilidad es sinónimo de precariedad laboral y eso bien lo sabe el casi un millón de personas que trabaja bajo la modalidad de la subcontratación, que se regló en el 2006 y comenzó a funcionar en el 2007, durante el primer gobierno de Michelle Bachelet. A diferencia de quienes trabajan con contrato, quienes se encuentran bajo la externalización perciben casi un 13% menos de sueldo, brecha que supera el 70% en sectores tales como la Minería, Administración Pública y Actividades Financieras. Esto es considerando que el salario mínimo está por el suelo, que es catalogado como "mini salario mínimo" por la Organización Internacional del Trabajo, y que según estudios de Fundación Sol "el 50 % de los trabajadores chilenos gana menos de $400.000 y prácticamente 7 de cada 10 trabajadores menos de $550.000 líquidos", que solo "el 23,4 % de los trabajadores que tienen jornada completa gana más de $750.000 líquidos", y que en el país "se registran más de 770 mil Subempleados, y el 50 % gana menos de $150 mil" [6]

Cifras críticas que muestran el Chile capitalista de sueldos paupérrimos, de condiciones de vida precarias, de trabajos inestables, y de profunda desigualdad. El mismo estudio citado pone en el tapete otro dato preocupante: "En noviembre de 2018, la línea de la pobreza por ingresos en Chile para un hogar promedio de 4 personas, es de $430.763. Si consideramos sólo a los asalariados del sector privado que trabajan jornada completa, el 50 % gana menos de $421.516, esto quiere decir que ni siquiera podrían sacar a su grupo familiar de la pobreza y se hace obligatorio que al menos dos personas trabajen en el hogar". Es claro, la gran mayoría de las y los trabajadores del país son pobres, están profundamente endeudados, mientras el salario mínimo está muy por debajo del costo de una canasta básica familiar de $450.000, la base mínima que debería ser respecto a los sueldos y a las necesidades cotidianas.

La flexibilidad laboral y sus tipos de modalidades no fueron creadas para beneficiar a las y los trabajadores- como tampoco el Código Laboral de la dictadura que rige en la actualidad-, sino que para obtener mayores ganancias empresariales reduciendo costos, precarizando, y quitándoles derechos sindicales, como si fuesen trabajadores "de segunda categoría". Un ejemplo concreto es lo que ocurre en el reconocido Centro Cultural Gabriela Mistral- GAM- donde hace pocos días el Sindicato denunció que "trabajadores y trabajadoras subcontratadas del aseo realizan más de 50 horas extra al mes, sin respetar la jornada laboral establecida, se les impusieron turnos de hasta doce días de corrido y una rebaja de dos días libres. La empresa buscó hacerlos firmar un anexo de contrato para imponer el cambio de condiciones, pero las y los trabajadores se negaron, actuando junto al sindicato del GAM logramos frenar la medida", manifestaron en una declaración pública, donde también agregaron que el Estado "como principal solicitante de prestación de servicios, permite y desarrolla esta forma precarizadora del trabajo. Las empresas al competir con precios atractivos para ganar licitaciones, reducen sueldos, generan alta rotación y empleos inestables, lo que termina obligando a los trabajadores a realizar turnos extras de jornada extenuantes. Adicionalmente, la lógica del subcontrato busca dividir a los trabajadores en cuanto restringe sus posibilidades legales de organización y demandas" [7]. Por lo demás, cabe destacar que las principales perjudicadas del subcontrato, del empleo informal e inestable son las mujeres trabajadoras y las personas inmigrantes, tal como denunciaron desde el Sindicato GAM.

Las modalidades de flexibilidad son una forma de aumentar ganancias y perjudicar a las y los trabajadores. No es casual que la implementación del subcobcontrato en el país, por ejemplo, haya coincidido con un aumento de la productividad y ganancias empresariales en el ciclo 2005-2012. Sobre esto, la diputada Vallejo, al rebatirle el argumento del Gobierno y empresarios de que habría una baja en la productividad si se llegase a reducir la jornada laboral, pone de ejemplo este periodo porque, efectivamente, la productividad se elevó justo cuando la jornada laboral se redujo de 48 a 45 horas; sin embargo, la parlamentaria del Partido Comunista no señala en ningún momento que este aumento coincidió con la instauración del subcontrato, con una profundización en la precarización del trabajo en Chile, con la reglamentación de una vía para golpear las condiciones de vida de trabajadores y explotar mano de obra a costos más reducidos y con una mejor base para las ganancias empresariales.

Esta es justamente la relación "criminal" entre la flexibilidad laboral y el aumento de la productividad (de las riquezas de los grandes empresarios) en el país, a la cual Vallejo no hace mención al momento de defender la reducción de la jornada laboral, dejando la puerta abierta a la demagogia del Gobierno y empresarios que instalan la idea de que la flexibilidad es positiva para las y los trabajadores o, peor aún, que un incremento en la productividad traería beneficios "por igual" para empresarios y trabajadores, cuando basta con verificar el bajísimo aumento en los sueldos, incluso en años donde la productividad aumentó.

Los intereses empresariales y de la clase trabajadora nunca correrán por un mismo carril, la propia experiencia y las condiciones de vida de la gran mayoría versus los privilegios de un sector minoritario lo demuestran. Esto debe ser considerado si se quiere luchar por algo mínimo como es la reducción de la jornada laboral en Chile, pues el gran empresariado, sus partidos, el Gobierno, nunca cederán a esta demanda si eso no conlleva otras medidas para obtener beneficios y ganancias, como es fortalecer la flexibilidad. Por eso, es imprescindible que al mismo tiempo que las y los trabajadores, en sus organismos y lugares de trabajo, debatan y se organicen por una reivindicación como la reducción de horas, sin rebaja salarial, se establezca una total oposición a cualquier tipo de medida que fomente la flexibilidad y precarización del trabajo, y que todo costo necesario para que una demanda así se cumpla, sea pagado por los empresarios, quienes durante décadas se han enriquecido a costa de la explotación y precarización. Las grandes centrales sindicales, como la CUT- dirigida por el Partido Comunista-, federaciones, sindicatos, deben ponerse a la cabeza de organizar una lucha de estas características, sin ceder a la demagogia de la derecha y de los capitalistas, pues no es solamente la demanda de la reducción de la jornada, sino también la exigencia de un sueldo mínimo acorde a la canasta familiar de $450.000, y el término de todo tipo de precarización laboral como es el subcontrato, un mal que afecta a cientos de miles de trabajadoras y trabajadores.

Referencias:

[1] https://data.oecd.org/emp/hours-worked.htm

[2] Artículo de Ciper Chile "Créditos para educación: 616 mil estudiantes deben US$4.500 millones y 27% está en mora" (mayo, 2018), donde se citan cifras de la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF). Revisar en línea: https://ciperchile.cl/2018/05/04/creditos-para-educacion-616-mil-estudiantes-deben-us4-500-millones-y-27-esta-en-mora/

[3] Artículo de La Tercera "Datos de Casen 2017 muestran que uno de cada ocho jóvenes es “nini”" (agosto, 2019), donde se citan cifras de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (Casen) 2017. Revisar en línea: https://www.latercera.com/nacional/noticia/datos-casen-2017-muestran-uno-ocho-jovenes-nini/792004/

[4] Informe "Flexibilidad laboral en Chile: las empresas y las personas" (octubre, 2004), Departamento de Estudios de la Dirección del Trabajo. Revisar en línea: https://www.dt.gob.cl/portal/1629/articles-74726_recurso_1.pdf

[5] https://www.emprendepyme.net/flexibilidad-laboral.html

[6] Informe de Fundación Sol "Los verdaderos sueldos de Chile" (agosto, 2019). Revisar en línea: http://www.fundacionsol.cl/wp-content/uploads/2019/08/Los-Verdaderos-Salarios-ESI-2018-1.pdf

[7] Declaración emitida por el Sindicato GAM y difundida en La Izquierda Diario (agosto, 2017). Revisa en línea: http://www.laizquierdadiario.cl/Sindicato-GAM-logra-detener-cambio-contractual-que-perjudicaba-a-subcontratadas






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