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Financiamiento voucher: cupones en la educación

Los pilares que actualmente sostienen el modelo educativo chileno se encuentran bajo la lupa del cuestionamiento, siendo el financiamiento una de las aristas más controversiales de esta.

Valentina González

Estudiante Castellano. Pedagógico.

Lunes 10 de abril | 08:25

“Ahora consideremos la educación. Como es sabido, desde hace mucho tiempo he estado a favor de la privatización de este sector por medio de un sistema de notas de crédito. Un argumento fuerte a favor de la privatización tiene que ver con los valores inculcados por nuestro sistema de educación política (…) Una institución socialista enseñará valores socialistas, no los principios de la empresa privada.”

Aquellas palabras fueron escritas por el economista neoliberal Milton Friedman el año 1975. 13 años después, en 1988, se comenzó a implantar el sistema de financiamiento a través de vouchers en la educación chilena. ¿Coincidencia?

Qué es y cómo funciona

El sistema voucher, también conocido como “bono educativo”, fue una propuesta realizada en los años ‘50 por el economista Milton Friedman, padre del neoliberalismo, y busca implementar los principios del libre mercado a los sistemas educativos, pues con este aumenta la competencia entre las escuelas, lo que provocará que las instituciones educativas se vean empujadas a mejorar y ser más “atractivas” para el “consumidor”: padre, madre, hijo/a.

Como podemos ver, dos décadas después esta propuesta se materializó y ya van casi 30 años de su funcionamiento.

El voucher funciona a través de la lógica del Estado subsidiario: este ya no financia escuelas, financia estudiantes; no garantiza educación de calidad, sino acceso a la educación a través de la subvención escolar. Este sistema de financiamiento se paga de manera mensual al sostenedor de cada escuela en función de la asistencia media de los alumnos y puede ir variando en función de “incrementos” por concepto de ruralidad o internado. Teóricamente, con aquella subvención se debiese cubrir las necesidades que presenta cada escuela: infraestructura, materiales, contratación de docentes, etc.), pero por lo general, la subvención alcanza solo para cubrir gastos en personal.

A raíz de este déficit, es que en el año 1993 se agregan dos nuevos complementos financieros, pero solo a colegios subvencionados, los cuales son financiamiento compartido (padres, madres o apoderados realizan aportes complementarios al fiscal) y las exenciones tributarias para donaciones con fines educacionales (las empresas donantes obtienen un descuento o crédito tributario).

Con esto, el crecimiento de colegios con financiamiento compartido creció considerablemente, creando una brecha segregadora entre la educación municipal y la particular subvencionada. Es importante recalcar que antes de 1993, los colegios particular subvencionados que recibían aportes complementarios dejaban de recibir subvención escolar por parte del Estado

Calidad educacional versus competencia institucional

Como mencionamos en un principio, uno de los pilares del sistema voucher plantea que a través de la competencia entre las escuelas las condiciones educativas mejorarán considerablemente, promoviendo así la “libertad” de las familias a escoger el colegio en el que sus hijos se educarán.

En función de esto es que el mismo año que se empezó a utilizar el bono educativo (1988), se implementó el Sistema de Medición de la Calidad de Educación (SIMCE), que busca generar datos cuantitativos de cada escuela a través de pruebas estandarizadas en los ramos de lenguaje, matemáticas, ciencias sociales y ciencias naturales para los estudiantes de cuarto y octavo básico, posteriormente, el año 1996, se impartió esta misma evaluación para los segundos medio, para así facilitar las elección de los “apoderados”. Pero esto nos lleva a la siguiente pregunta, ¿La competencia institucional asegura una educación de calidad?, claramente, NO.

El escenario es el siguiente, tenemos escuelas que reciben financiamiento del Estado pero en función de la cantidad de alumnos que estas tengan, por ende, a mayor cantidad de estudiantes, mayores ingresos habrán. ¿Cuál será la necesidad primera de una escuela bajo la lógica del libre mercado? Mantenerse “vigente” y “atractiva” para el “consumidor”, lo que implicará, por un lado, mantener matrículas obtenidas y trabajar por aumentarlas; por otro, mantener buenas posiciones en los resultados de las pruebas estandarizadas SIMCE, en el caso de los colegios, y para conseguirlo la educación que las y los estudiantes recibirán, no será en función del desarrollo de un pensamiento crítico por ejemplo, sino más bien, nuestra educación estará totalmente en pos de obtener buenos resultados en las pruebas estandarizadas, que como sabemos, no evalúa la “calidad” de la educación recibida/impartida.

¿Educación al servicio de quién?

Hoy la educación es un bien de consumo más dentro de nuestro cotidiano, un producto que viene en envase de Escuela, que responde a los intereses de un sostenedor, a los intereses de un modelo neoliberal y capitalista. Un producto que reproduce todas las miserias por las cuales hoy, las y los estudiantes se organizan.

Desde el 2006, el movimiento estudiantil ha peleado por derribar la educación de mercado y los pilares de una escuela neoliberal.

La pregunta está planteada: ¿Educación para quién?, hoy más que nunca estudiantes, profesores, funcionarios y apoderados deben tener una participación activa dentro del desarrollo, funcionamiento y fortalecimiento de la escuela, que esté al servicio de nuestras necesidades, de los trabajadores y del pueblo y no a las del mercado, por lo que es necesario democratizar los espacio educacionales y así mismo, asegurar las condiciones laborales necesarias para que las y los docentes puedan llevar a cabo sus clases sin tener las presiones del agobio laboral actual; y terminar con el negocio de la educación.

Por aquello es necesario que todas y todos nos sumemos al paro de este 11 de abril. Esta no es la gratuidad que exigimos, esta no es educación de calidad por la que hemos peleados por más de 10 años ¡Qué no decidan por nosotras y nosotros, exijamos el rechazo y el retiro!






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