Internacional

FRANCIA

Fin de reino de Hollande y amenaza de una crisis institucional

La crisis de autoridad del presidente francés François Hollande adquiere niveles inéditos en la V República, amenazando con una crisis institucional.

Juan Chingo

Comité de redacción de Révolution Permanente

Miércoles 30 de noviembre | Edición del día

Mientras la derecha celebra la victoria de su candidato conservador neoliberal en una primaria masiva, la centro (izquierda) burguesa francesa se desgarra a paso agigantado, debilitando a niveles inéditos la figura presidencial.

Así, en pocos de días, observamos un candidato declarado a la primaria de la “izquierda” social liberal, Arnaud Montebourg (ex ministro de la industria, que bajo el título pomposo de ministro de la Recuperación Productiva, ayudó en realidad a la continuidad de la desindustrialización relativa de Francia), llamar a los electores de derecha a votar por él para derrotar al presidente en ejercicio, si éste osaba presentarse; después, el cuarto personaje del Estado, Claude Bartolone, presidente de la Asamblea Nacional, declarar que su deseo que Manuel Valls se enfrente a François Hollande, siendo los dos las principales figuras del actual ejercicio; y a continuación, las palabras del mismo primer ministro, amenazando con dar un paso hacia esta improbable aventura de presentarse contra el presidente, antes de retroceder sin que nada se haya realmente aclarado entre el jefe de Estado y primer ministro.

La explicación de este desorden viene del debilitamiento de la figura presidencial, ella misma ligada a la pérdida de autoridad de Hollande, no solo sobre el conjunto de los franceses, sino en especial sobre su propio campo. Éste no aparece como un candidato natural a la reelección, sino que algunos dentro de la mayoría gubernamental quieren impedirle participar en el ejercicio de relegitimación al que estaría dispuesto a someterse (las primarias de la gauche), incluso toda una sección de la vieja izquierda plural -Europe Ecologie-Les Verts, el Partido Comunista Francés, los radicales de izquierda- ya se separaron.

Seis meses para las presidenciales: la amenaza de una crisis de régimen

La realidad es que el fin de reino de Hollande amenaza en convertirse en una crisis de régimen. Como dice un ministro en los pasillos “Estamos en una crisis de régimen”, “Hay que remontarse a 1976 para reencontrar una crisis de tal magnitud de la mayoría”, dice otro.

Es que todos los escenarios son malos y de un riesgo máximo para el responsable del Eliseo, sede la presidencia francesa.

Ya sea que termine renunciando a presentarse a su reelección (una primera en la V República) y dejando la vía libre a su primer ministro, a quien considera ya un traidor, ya que con sus campañas y maniobras lo debilitó tanto cuando le había jurado lealtad. Ya sea presentándose a la primaria y perdiendo como presidente en ejercicio en primera o segunda vuelta, otro escenario de catástrofe.

Es que este ejercicio, al principio no aceptado por Hollande y luego aceptado para relegitimarse, arriesga transformarse en un “Todos contra Hollande”. Es así, que luego del cierre temporal de la crisis en el seno de tándem central Hollande/Valls el pasado lunes con la retirada del segundo (falto de apoyo en su propio campo, a la vez de perder la imagen de hombre de Estado con la que suele presentarse al ser el instigador de una crisis de proporciones contra la autoridad presidencial), los cercanos al presidente intentan una maniobra de último momento de sortear las primarias y que Hollande como presidente en ejercicio pueda presentarse por su campo sin pasar por este calvario. Maniobra que fue rechazada rotundamente por el presidente del PS, que ve en la primaria, la última tabla de salvación -tal vez ilusoria- para revertir parcialmente la acelerada “pasokizacion” del PS.

La ruptura del “pueblo de izquierda” desestabiliza todos los escenarios

Lo novedoso es la ruptura de la propia base social del propio presidente. Por ejemplo, en 2012 (fecha de las últimas presidenciales) el antisarkozismo era de masas en el país, pero jamás Sarkozy perdió el apoyo del corazón de su electorado que lo apoyo de forma fanática hasta su derrota por poco con Hollande. Por eso, las maniobras de una candidatura de Fillon, el entonces primer ministro de “Sarko” en aquel momento, no pudieron prosperar. Hollande, por el contrario ha perdido el conjunto del apoyo del “peuple de gauche” (“pueblo de izquierda”), después de su política antiobrera y neoliberal en lo económico y social, de la cual la última reforma laboral fue la gota que colmó el vaso, después de su giro a la extrema derecha en el terreno de la seguridad con su proyecto fracasado de reforma constitucional. Un proyecto que pretendía retirar la nacionalidad a los ciudadanos condenados por terrorismo e incluir en la Constitución el estado de emergencia, medidas a las que solo el régimen fascista de Vichy durante la ocupación nazi de Francia se había atrevido.

¿A dónde ira este “peuple de gauche” decepcionado? Nadie aun lo sabe, en medio que el triunfo de una derecha dura, abiertamente ultra liberal, desestabiliza los escenarios tanto a derecha, donde aparece un candidato menos “mundialista” y más conservador en lo social que el anterior favorito de Los Republicanos (actual nombre del partido de derecha tradicional en Francia), aunque deberá encontrar la forma de llegar al electorado popular que en un 90% no se desplazó a votar a las primarias de la derecha y el centro; así como a izquierda.

En éste último espacio político la aparición de Fillon y su shock thatcheriano sobre los funcionarios, la seguridad social y la semana de trabajo con la liquidación de las 35 horas, vuelve a barajar las cartas. ¿Dara un último canto del cisne la izquierda social liberal, reforzando senilmente el bipartidismo? Es esa la ventana de oportunidad y esperanza que aun mantienen Hollande y todos los candidatos de la primaria de la “izquierda”. ¿Sera el socialdemócrata reciclado Jean-Luc Mélenchon, quien de forma totalmente unipersonalista y con toques soberanista de izquierda picó en punta y hoy se beneficia -en el marco de la crisis, desavenencias y la falta de candidato del PS -de ser el único candidato ya instalado a la izquierda del PS?

El hecho que el pasado fin de semana, los militantes del PCF hayan decidido en un voto dividido sostener finalmente su candidatura, después del rechazo previo de los cuadros de la organización, lo confirma en su estrategia de convertirse en un Pablo Iglesias a la francesa. Estrategia que encuentra resistencias a izquierda, ya que a diferencia de su modelo español, Melenchon tiene todos sus vicios reformistas y populistas (en su último libro se define como el ultimo miterrandiano, en referencia a François Mitterrand, líder histórico de la izquierda socialdemócrata francesa, responsable en 1981 de haber legitimado la antidemocrática V República y los despidos masivos en la industria que dieron paso a la rápida declinación aunque relativa de Francia como potencia industrial), pero ninguna de sus virtudes: el antiguo ministro de la Izquierda Plural de fines de 1990 es un viejo político profesional francés de larga trayectoria. Pero, aunque cuestionado por izquierda, podría ir imponiéndose a falta de otra alternativa a izquierda de independencia de clase y revolucionaria, como sería una candidatura del NPA, LO y los principales referentes de la última lucha contra la reforma laboral como los casos emblemáticos de represión estatal a los habitantes de los barrios populares.

Por otra parte, la multiplicación de candidatos en ese espacio político prefigura una fuerte fragmentación del voto y el resultado de que ningún candidato llegue a la segunda vuelta, como ya sucedió en las presidenciales de 2002 luego del gobierno de la Izquierda Plural y su candidato Lionel Jospin.

De darse este escenario, ¿qué harán los electores de izquierda en la segunda vuelta? ¿votarán al ultra liberal Fillon frente a la extrema derecha de Le Pen, en una repetición en la principal elección francesa del voto contra su candidatura y la de su sobrina, Marion Marechal Le Pen, en las elecciones departamentales del norte y sur de Francia frente a dos candidatos de derecha dura, uno especialmente fascista como Estrosi en la región Mediterránea?

Fue este voto “con la nariz tapada” de una parte del “pueblo de izquierda” a estos dos candidatos de derecha antes de la consumación de la ruptura con Hollande que significó la reforma laboral, lo que impidió que el FN no logrará ningún cargo ejecutivo a pesar de su alta elección en la primera vuelta. ¿Se repetirá esta situación en las presidenciales condenando al FN a ser una especie francesa del viejo PCI en Italia, es decir el primer partido en términos de votos, pero excluido por los Acuerdos de la Guerra Fría a toda variante de gobierno? Es a lo que apuesta Fillon. El dique de contención a toda renovación radical por izquierda o por derecha que aún sigue siendo el sistema a dos vueltas de la V República le da confianza de ganar su batalla.

Pero, aunque este escenario podría ser el más probable, nada es totalmente seguro en el cambiante mapa político internacional y nacional, donde la volatilidad política es la nueva constante, como las mismas primarias de la derecha lo vienen de demostrar devorándose en menos de un mes a los dos favoritos, incluido a un ex presidente.




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