Juventud

Filosofía y Letras UBA: La gestión kirchnerista del “reformismo permanente”

En la sesión plenaria de Consejo Directivo del martes 26 la gestión aprobó tres reformas a espaldas de toda la comunidad educativa que recibió duras críticas del Frente de Izquierda en la Mayoría Estudiantil.

Lucia Battista Lo Bianco

Consejera Directiva Mayoría Estudiantil | Filosofia y Letras/UBA

Sábado 30 de diciembre de 2017 | Edición del día

En la tarde del martes la gestión de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, políticamente kirchnerista, referenciada en el espacio de Unidad Ciudadana y Unidad Porteña que conduce Cristina Kirchner, encabezada por la actual y reelecta Decana, Graciela Morgade, aprobó, emulando al actual ejecutivo nacional, y valiéndose de la mayoría automática con la que cuentan en el Consejo Directivo, tres reformas.

Primera reforma: Reglamento académico

Esta reforma fue presentada por la gestión como un verdadero triunfo porque se propone avanzar respecto de la normativa vigente de la época de la última dictadura militar y es el primer texto unificado que incorpora a ese viejo reglamento resoluciones sancionadas a posteriori con el objetivo de atender determinados problemas de tránsito cotidiano por la Facultad. El nuevo Reglamento Académico que empezará a regir en el 2018 otorga ciertos reconocimientos a reclamos mínimos e históricos estudiantiles, posibilidad de rendir recuperatorios por aplazo y de renunciar a materias regularizadas (Artículos 28, 30, 33, 35, 42 y 43); al mismo tiempo que recorta y cercena derechos docentes como la estabilidad laboral (Artículos 7, 13, 16, 23 a), 27, 52, 57, 59 y 83). Este texto es el que les dice qué está permitido y qué no está permitido hacer a estudiantes y docentes, es decir, definirá y tendrá consecuencias prácticas y concretas para la cotidianeidad del transcurso académico de todos.

Segunda reforma: Reglamento de las Juntas Departamentales

Concretamente se igualó la representación de los claustros en las Juntas a 4 consejeros (3 por mayoría, 1 por minoría). Hasta la fecha, correspondían 3 consejeros por graduados, 3 por estudiantes (2 por mayoría, 1 por minoría en ambos casos) y 4 por profesores (3 por mayoría y 1 por minoría). Esta propuesta fue presentada como una “democratización” en una reunión de comisión previa a la sesión en la que, los graduados -haciendo alarde de la demagogia que los caracteriza- rescataron el reclamo histórico de los trabajadores no docentes de tener voz y voto en las Juntas, donde ni siquiera tienen representación.

Tercera reforma: Plan de estudios de Artes

El nuevo plan de estudios propone un recorrido distinto al que actualmente tiene la carrera. Abriendo la llamada “grilla” de materias obligatorias y ampliando la oferta de las mismas en el primer tramo y en las orientaciones. Cabe destacar que este nuevo plan empezará a regir para los alumnos que ingresen a la carrera en el segundo cuatrimestre de 2018, al mismo tiempo que los alumnos que hoy en día están cursando con el “viejo” plan, podrán seguir haciéndolo durante los próximos cinco años en el que estarán ambos vigentes. Luego de ese período podrán elegir si quieren mantenerse con el plan que venían cursando o cambiarse al “nuevo”, ya que existe una tabla de equivalencias entre las “viejas” y las “nuevas” materias.

Esta reforma del plan se enmarca en una política de la actual gestión de la Facultad que ya avanzó del mismo modo con los planes de estudio de Filosofía y Ciencias de la Educación el año pasado. Que tuvo el objetivo burocrático de adecuar las titulaciones de profesorados y licenciaturas a la normativa nacional vigente, motivo por el cual los nuevos planes hacen una separación mayor entre la cursada del profesorado y la de la licenciatura, acrecentando la cantidad de materias necesarias que los estudiantes deben cursar para recibir la doble titulación.

Todas estas fueron reformas presentadas como “males menores” -que bien sabemos por la experiencia de 2015 como terminan- de parte de la actual gestión, quiénes para justificar a cada una de ellas, con tono lloroso argumentaron que “de ninguna manera es lo preferible, pero sí lo posible y esta propuesta es un primer paso para avanzar”. Palabras más, palabras menos pero fue lisa y llanamente el argumento posibilista que utilizaron.

Estas propuestas que llegaron al Consejo Directivo a fin de año, cuando la Facultad está completamente vacía producto del fin del ciclo lectivo y fueron aprobadas en una sesión que fue más bien un acto político de campaña y de “cierre” del primer período de la actual gestión, que renovará su mandato en 2018 para el próximo período de cuatro años.

Cabe destacar además, que cada una de las votaciones de las reformas contó con el apoyo decidido, la fundamentación favorable y el voto de la Minoría Estudiantil de El Colectivo (que nuclea a las agrupaciones kirchneristas, FUP + La Juntada).

Oposición consecuente de la Mayoría Estudiantil

Cada una de las votaciones, recibió duras críticas de las Consejeras de la Juventud del PTS en el Frente de Izquierda. Por un lado como Consejeras manifestamos una crítica al método por el cual eran propuestas y pretendían ser aprobadas estas reformas: a fin de año, con una Facultad vaciada, a espaldas de toda la comunidad académica, con un debate que apenas si rozó alguna de las paredes del recinto del Consejo Directivo, un órgano con una composición completamente antidemocrática donde los estudiantes no solo estamos subrepresentados, sino también donde se sostiene la división entre docentes “de primera” y docentes “de segunda”, donde los votos de los primeros valen más y donde a los trabajadores no docentes se les permite hablar pero no votar.

Por eso los Consejeros de la Mayoría Estudiantil del Frente de Izquierda, votamos en cada una de las reformas un dictamen propio que obtuvo la minoría, donde propusimos contemplando las particularidades de cada caso que se desarrolle una discusión real, de asambleas interclaustros o plebiscitos con voto directo (una persona=un voto) y con método resolutivo donde cada miembro de la comunidad educativa pueda conocer cada una de las reformas, se pueda discutir, sentar posiciones, plantear necesidades y sea un debate real, amplio y público para luego avanzar sí en reformas que desde ya consideramos necesarias.

Pero reformas verdaderas y profundas, no cosméticas. Donde estén contemplados y se busquen soluciones a las verdaderas necesidades de los estudiantes, trabajadores no docentes y docentes. Por ejemplo, lejos de combatir el problema de la deserción educativa donde solo uno de cada cuatro estudiantes que ingresan a la universidad logra recibirse, el nuevo Reglamento académico deja enteramente de lado el problema de los horarios que la mayoría de las veces es el que nos impide cursar lo que queremos o directamente nos obliga a abandonar producto de la escasa oferta, de la que apenas se hace una mención ambigua y sujeta a todo tipo de interpretaciones (Artículo 7). Precisamente con estos fundamentos es que rechazamos esta reforma discutida entre cuatro paredes, no obstante reconocemos y nos manifestamos a favor de los avances progresivos aunque parciales y absolutamente insuficientes en los artículos más arriba mencionados.

Por otro lado a propósito de la reforma del reglamento de las Juntas Departamentales, planteamos la misma crítica al método antidemocrático, pero además rechazamos de plano una reforma demagógica que el único objetivo que tuvo fue anotarle “un poroto” más a la representación de la Mayoría de Graduados (Filo Vuelve) con un proyecto que se presentó como una supuesta “democratización” de algo que muy lejos está de serlo.

Hipócritamente retomaron una demanda histórica del claustro no docente como es tener derecho a la representación y al voto en los órganos de co-gobierno. ¡Trabajadores no docentes a quiénes ni siquiera se les había consultado sobre la reforma que los incluía y los implicaba directamente! Quienes manifestaron no tener una posición tomada como claustro aún, motivo por el cual solicitaron que se los excluyera de la pantomima. De nuestra parte, siendo consecuentes con nuestro planteo histórico, exigimos la democratización de los órganos de co-gobierno, incluídas las Juntas, por supuesto, donde se puedan elegir a los directores por voto directo y se liquide el voto ponderado donde el de un puñado de docentes vale decenas de veces más que el de miles de estudiantes. Por eso en nuestro dictamen nos apoyamos en un expediente para la democratización ya presentado a principio de año y otros de años anteriores. Teniendo como objetivo avanzar en una discusión pública que involucre a toda la comunidad académica de Filosofía y Letras en una real democratización, porque nuestro planteo es muy claro: peleamos por mayoría estudiantil, claustro único docente y voz y voto para los no docentes. Pero lejos de esto estuvo el planteo de la gestión que impuso de manera exprés una reforma que reproduce el feudal régimen universitario, que cuida sus propios privilegios como casta y sigue dejando afuera a las enormes mayorías.

Por eso, una vez más desde la Mayoría Estudiantil, ante la reforma del plan de estudios de la carrera de Artes, planteamos nuestras disidencias que muy lejos están de adaptarse a la miseria de lo posible como nos quiso hacer creer la gestión de la Facultad. No porque estemos en contra de cualquier reforma progresiva de los planes de estudio de todas nuestras carreras que datan de la década del 80 y son completamente obsoletos, sino al contrario. Pero es necesario avanzar en una reforma que contemple los intereses de las grandes mayorías estudiantiles y docentes de las carreras, que sea discutido y elaborado de ese modo con asambleas interclaustros resolutivas con voto directo. Muy por el contrario de esta reforma que fue desarrollada por un puñado de docentes y graduados que nadie votó, elegidos a dedo, que discutieron e impusieron un nuevo recorrido académico para la carrera que tendrá consecuencias concretas en la cotidianeidad de quienes estudian y trabajan en la misma. Denuncia que tambien apoyo la Mayoría Estudiantil de la Carrera (agrupación El Linde). Una vez más, el régimen universitario negándole el derecho a decidir a las mayorías y atrasando tres siglos.








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