Internacional

TRIBUNA ABIERTA

Fidel ya entró en la Historia

Cuando me enteré de la muerte de Fidel Castro un sentimiento profundamente contradictorio se adueñó de mí, un profundo dolor y un sinsabor político.

Antonio Liz

Historiador, Madrid

Martes 29 de noviembre | Edición del día

Fidel Castro fue el líder indiscutible de la Revolución cubana tanto para sus compañeros de lucha, empezando por el Che Guevara y terminando por Raúl Castro, como para el pueblo cubano. Esto se debe al papel real que Fidel jugó en el propio proceso histórico.

La entrada de Fidel Castro en La Habana en enero de 1959 al frente del Ejército Rebelde fue la confirmación de la lucha que había comenzado contra la dictadura de Fulgencio Batista en el asalto al Cuartel Moncada y continuada en Sierra Maestra.

Fidel tenía un programa democrático para Cuba, como él mismo lo dijo entonces. El Movimiento 26 de Julio quería una Cuba democrática, un régimen político democrático-burgués. Para que esto pudiese efectivizarse Cuba tenía que tener soberanía nacional, su gobierno tenía que controlar la dinámica política. Un quehacer que suponía implementar elementales medidas democráticas como la reforma agraria, la alfabetización de la mayoría de la población, el control de recursos económicos y una profunda regeneración de la vida política.

La aplicación material y política del programa democrático chocó frontalmente con los intereses de las multinacionales estadounidenses en Cuba porque ellas controlaban la economía de la isla a través de la propiedad de las comunicaciones telefónicas, de la comercialización y destilación del petróleo, de los enclaves azucareros, de los hoteles y casinos y los canales de televisión. A través del poder económico controlaban el poder político haciendo del gobierno cubano de Fulgencio Batista un gobierno bananero, completamente subordinado a sus intereses.

Al ir Fidel implementado el programa democrático fue chocando una y otra vez con los intereses de las multinacionales y con la mafia estadounidense. La regeneración de la vida pública que se proponía el gobierno de Fidel con el cierre de los casinos y de los prostíbulos chocaba directamente con los negocios de la mafia que controlaba todo el juego y la prostitución. Al implementar el gobierno de Fidel la Reforma Agraria chocó frontalmente con los intereses de la United Fruit Company.

Esto ya era demasiado para el gobierno estadounidense, que no podía permitir que se tocase la propiedad de una de sus multinacionales. Así, la reacción del presidente republicano Dwight D. Eisenhower será implementar medidas como no comprarle el azúcar ni facilitarle petroleó a la Cuba rebelde. Castro para enfrentar este proceder entró en relaciones con la Unión Soviética de Nikita Jruschov y esta le compró el azúcar y le vendió petróleo. Pero entonces el gobierno estadounidense le prohibió a las multinacionales Esso y Texaco que refinaran el petróleo soviético y entonces el gobierno de Fidel nacionalizó las refinerías.

Se instauró una dinámica en espiral, cada paso que daba el gobierno cubano era contestado por el gobierno estadounidense lo que a la vez obligaba al gobierno cubano a tomar más medidas y por esta dinámica se llegó al enfrentamiento total entre el gobierno cubano y el gobierno estadounidense con lo que todas las propiedades de las multinacionales en Cuba terminaron por ser nacionalizadas, como el caso de La Cubana de Electricidad y la banca. Así, la imposibilidad de que el gobierno estadounidense pudiese permitir que el gobierno de Fidel tocase los intereses económicos de sus multinacionales y la imperiosa necesidad de tocarlos del gobierno de Fidel para instaurar un Estado soberano va a traer la profundización del proceso revolucionario cubano.

Por lo tanto, no fue un programa revolucionario socialista a priori sino la profundización de las medidas democráticas lo que llevo de forma natural a medidas socialistas primerizas como son la nacionalización de las grandes empresas y de la banca.

Como el bloqueo económico que implementó el gobierno republicano de Eisenhower para estrangular económicamente a la Cuba castrista no era suficiente por el apoyo que esta encontró en la Unión Soviética, la administración republicana organizó la caída del gobierno de Fidel a través de una invasión militar. Este plan ya lo va a ejecutar el gobierno del presidente demócrata John F. Kennedy con el desembarco de tropas entrenadas y armadas por la CIA en la Bahía de Cochinos (Playa Girón). Esta invasión va a suponer un punto de inflexión político en el proceso revolucionario cubano ya que Fidel declarará el carácter socialista de la Revolución cubana para tener el pleno apoyo de la URSS.

El gobierno de Fidel no va a saber institucionalizar en el sentido socialista a la Revolución cubana al no crear las estructuras estatales que permitan la socialización de la economía y de la política por la clase trabajadora, es decir, la dirección y el control de las empresas y el control y la dirección de la vida política por el pueblo trabajador cubano. Lo que hizo Fidel fue estructurar la vida política a través del Partido Comunista de Cuba (PCC) y la defensa militar a través del Ejército Rebelde. Estas van a ser de ahora en adelante las dos columnas en las que descanse el edificio de la Revolución cubana.

El papel que jugó la Unión Soviética en este proceso fue determinante en dos facetas. La primera, que posibilitó que la Cuba castrista pudiese organizar una economía a pesar del bloqueo económico estadounidense que le imposibilitaba a la Cuba de Fidel entablar relaciones económicas con su entorno geográfico. La segunda, que influyó de una manera determinante en el modelo de Estado que se construyó en Cuba. Esto no quiere decir que la URSS impuso mecánicamente su
modelo de socialismo deformado, de socialismo burocrático, en Cuba. No, no fue así.

Para empezar, el Partido Socialista Popular cubano -nombre del partido de los stalinistas cubanos- no había querido nunca la Revolución en Cuba. De hecho, Fidel organizó la guerrilla sin contar para nada con ellos. Será después del triunfo militar de la guerrilla cuando el conocimiento de los stalinistas cubanos en cuanto a estructura política se refiere se tendrá en cuenta, tanto que pasarán a formar parte del Partido Comunista de Cuba. La URSS quiso influir directamente en el PCC por lo que organizó su propia fracción a través de Aníbal Escalante pero Fidel Castro la eliminó sin contemplaciones lo que fue un aviso claro al gobierno soviético de que controlar a Castro como a un pelele era una imposibilidad.

Si bien la URSS nunca pudo controlar a Fidel sí lo influenció de manera rotunda, tanto que el modelo de Estado castrista va a ser en gran medida una copia del de la Unión Soviética y de las “democracias populares” del Este de Europa. Así, el PCC será el partido único por lo que la democracia socialista queda erradicada de Cuba y el Ejército Rebelde se estructurará con una jerarquía copiada del ejército soviético. Esto va a llevar al nacimiento de una casta política de similar característica a la existente en la propia Unión Soviética y en las “democracias populares” del “socialismo real”. Los integrantes del PCC y del Ejército Rebelde serán usufructuarios de la riqueza del Estado cubano pero no sus propietarios ya que la propiedad de las empresas y de las tierras pertenece al Estado.

Una vez más en la Historia el stalinismo deformaba una revolución social. Esto no lo hizo en Cuba sin contradicciones. Fidel siempre mantuvo la soberanía del Estado cubano pero esto no fue incompatible con copiar el modelo soviético. Y Fidel lo copió porque el Estado democrático-burgués que había tenido en mente no se lo había permitido crear los EEUU y el Estado socialista no lo tenía en la mente por la sencilla razón de que no era un revolucionario marxista y al declararse marxista-leninista lo que hizo fue copiar el modelo de Estado y de Partido que el stalinismo le brindaba.

El Che Guevara intuyó en la teoría y vio en la práctica el peligro que suponía la stalinización del régimen político cubano. De hecho, este modelo de Estado chocaba de manera directa con el sentimiento internacionalista innato que tenía el Che, tanto que le había dicho a Fidel antes de embarcarse en la lucha guerrillera cubana que si triunfaban en Cuba él después iría a continuar la lucha en Latinoamérica. El Che se convertía así, y a su pesar, en un potencial opositor político a Fidel.

El internacionalismo del Che Guevara reivindicaba el apoyo incondicional de la URSS
a los países del Tercer Mundo sin menoscabar para nada su soberanía política lo que le llevó a ser tachado de trotskista y aventurero por los soviéticos y a que Fidel le borrase del escenario político cubano. El Che le tenía un profundo cariño personal y un gran respeto político a Fidel porque lo veía como lo que era, el líder de la Revolución cubana. El problema era que esta hermosa revolución social se estaba anquilosando en las copiadas estructuras stalinistas y el Che lo sentía.

Así, partió a lo Don Quijote, según su propia expresión, a extender la revolución en otros países. Su primera parada fue el Congo. Por si moría en el intento, algo que podía suceder ya que la dinámica de la lucha de guerrilla en el Congo le podía obligar a participar directamente en los combates, le dejó a Fidel una carta de despedida para que en caso de que muriese combatiendo no se pudiese achacar su muerte a un ejercicio represivo de Fidel, que es lo que ya estaba comentando la prensa “democrática” occidental ante la desaparición del Che de la vida política pública de la Revolución cubana. Fidel cogió la carta con las dos manos y la utilizó como herramienta política a su favor, la dio a conocer mientras el Che estaba en el Congo con lo que le impedía al Che regresar a la vida política cubana.

Fue una jugada maestra, se deshizo del Che forzándole a seguir su periplo guerrillero en otros países. Del Congo el Che fue a Bolivia y de allí al imaginario revolucionario de la Historia. Fidel se había librado del único oponente político que tenía y, a la vez, se hacía con un mártir.

Fidel Castro llevó por primera vez en la Historia a que Cuba tuviese soberanía nacional. Esto es un dato irrefutable. La Cuba de Fidel fue soberana frente a los Estados Unidos y fue soberana dentro del mundo “socialista” y siguió siendo soberana después del derrumbe de la URSS en el más que difícil “Periodo Especial”. En esta dificilísima coyuntura Fidel Castro volvió a demostrar su fuerza de carácter y su capacidad de liderazgo entre los suyos evitando que en Cuba se restableciese el capitalismo cuando las condiciones políticas para ello no podían ser más favorables.

Ahora la pregunta es hacia dónde se encamina la Cuba sin Fidel. Cierto es que Fidel no se encontraba al frente del timón político desde que por razones de salud se lo cedió a su hermano Raúl Castro pero aún así Fidel seguía vigilante y orientaba a su hermano, que nunca fue un líder político. Esto quiere decir también que no va a darse una ruptura con la política que se ha seguido hasta aquí ya que las reformas pro-capitalistas que se han hecho y el diálogo que estableció Raúl Castro con Barack Obama se concretaron en vida de Fidel. La muerte de Fidel y la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos no van a trastocar la estrategia de la casta económico-política cubana, es decir, de los dirigentes del Estado y de los directores de las empresas estatales.

Esta estrategia pasa por dar el salto de usufructuarios de la riqueza del Estado cubano a propietarios de ella. Lo que sí pasaría si Trump parase en seco las relaciones con las autoridades cubanas es que las empresas estadounidenses se quedarían al margen del desarrollo pro-capitalista de la economía cubana, justo lo que quería evitar Obama. Si antes EEUU no fue imprescindible para Cuba menos lo va a ser ahora, cuando China y Rusia le disputan la hegemonía a nivel planetario. A buen seguro que la casta dirigente cubana tiene bien en mente lo que pasó en la URSS y lo que ocurrió en China.

Por lo tanto, la dinámica de la casta económica-política cubana será en dirección al modelo chino, un capitalismo controlado políticamente por el PCC, cediendo espacios para las empresas capitalistas pero sin perder el timón político del proceso. Esto siempre y cuando las convulsiones dentro de los grandes Estados capitalistas no lleven a revoluciones sociales, que de momento no están en el horizonte.

La contradicción de sentimientos que me generó la muerte de Fidel Castro tiene causa en que admiro profundamente al Fidel que llevó al pueblo trabajador cubano al triunfo frente al águila imperial estadounidense y que deploro al Fidel que no fue capaz de implantar el socialismo en Cuba. Así, defiendo la figura de Fidel ante toda la gusanería de Miami y ante todos los cínicos “demócratas” occidentales que le acusan de dictador como si sus Estados “democráticos” estuviesen por encima de las clases sociales y no al servicio de la clase dominante. Al mismo tiempo, rechazo totalmente la figura de Fidel como modelo de revolucionario socialista porque no lo fue, desgraciadamente.

Ya está en la Historia la Cuba de Fidel (1959-2016). Estudiémosla bien ya que tiene, como todo proceso revolucionario, grandes lecciones políticas para la clase trabajadora. Una de ellas es que la estatización de las empresas no es suficiente para avanzar hacia el socialismo ya que para ir por ese camino es imprescindible la socialización de las empresas estatales, la base de la socialización de la política.

Madrid, 28, noviembre, 2016




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