Internacional

OPINIÓN

Fidel y mi historia política

La muerte siempre conmueve. Pero en este caso nos toca de distintas maneras.

Sábado 26 de noviembre | 23:50

Entré a la vida política admirando a la Cuba socialista y a sus líderes, Fidel y el Che. Abrazamos la causa de la lucha por la revolución mundial y una sociedad sin explotados ni explotadores admirando sentimentalmente el proceso cubano.

Había venido la revolución nicaragüense en 1979. Los que despertábamos a la vida política en la más tierna adolescencia, pensábamos y deseábamos que Nicaragua fuera otra Cuba. Pero Fidel recomendó, sugirió, planteó que de ninguna manera los sandinistas debían seguir el camino de la expropiación a la burguesía. Primera gran decepción y comienzo de una delimitación política. Lo mismo sucedió con las guerrillas del FMLN de El Salvador, que yo también admiraba, pero que tenían un programa reformista que, como me decían los trotskistas con los que hablaba, terminaron totalmente asimilados en el Estado y el régimen burgués. La valentía de decenas de miles que entregaron sus vidas para derrotar a la burguesía, se entregaba en una mesa de negociaciones de las que el pueblo trabajador no obtenía nada.

Luego, las lecturas me llevaron a ver cómo fue el proceso revolucionario en Cuba. Las discusiones entre el Che y Fidel sobre la industrialización o no de la isla. La opción de Fidel de volcarse al abrazo de los burócratas de la entonces URSS, manteniendo a Cuba como un país esencialmente cultivador de la caña de azúcar. La elección del Che de jugarse su vida por la revolución donde fuera, en África o en América Latina ("uno, dos, tres Vietnam"), algo que me interpretaba en un todo, aunque con una estrategia foquista que va de frente a la autoorganización libertaria de las masas explotadas y oprimidas. Luego Fidel apoya la invasión de tanques rusos para sofocar el gran levantamiento obrero y popular de Checoslovaquia: la "Primavera de Praga".

En 1985 u ’86 se hace una conferencia latinoamérica de las juventudes políticas en La Habana. Viajó mi hermano mayor. Con él teníamos un gran acuerdo desde principios de los ochenta: el no pago de la deuda externa. Trae varios libros y en uno de ellos, conversaciones con Fidel, el Comandante plantea que había que pagar la deuda. Ya no era una decepción, sino una confirmación de una orientación burocrática claudicante de las burguesías latinoamericanas (yo ya me consideraba trotskista y militaba en el viejo MAS).

Cae la URSS y el pueblo cubano pasa a sufrir la peor década de su historia (el "período especial"), pagando el ser un país ligado al monocultivo, cercado en forma criminal por el imperialismo yanqui. Padura en su libro El hombre que amaba los perros hace una cruda crónica de los cortes de luz diarios, la falta de elementos de higiene y de una alimentación básica y elemental. El pueblo cubano, una vez más, se la re bancó.

Hoy Bergoglio y Obama avanzaron mucho en amplificar la plataforma económica, social y política para avanzar en la restauración capitalista en la querida Cuba, con el aval de Raúl y toda la plana mayor del PC cubano.

Los únicos que tenemos un programa y una orientación para defender las conquistas de la revolución somos los trotskistas, le guste a quien le guste. Pero paradójicamente, mientras las iglesias avanzan por todos los barrios de La Habana, Santiago y las principales ciudades de la isla, mientras la embajada yanqui puede volver a abrir sus puertas, el trotskismo es totalmente ilegal y proscripto en Cuba.

Hoy estoy conmovido. La muerte duele. No tengo nada que festejar, como sí el troglodita de Trump y los gusanos de Miami.

Aquellos partidarios de Fidel que aman a la revolución, deben entender que es de vida o muerte levantar un programa contra la restauración capitalista y la burocracia privilegiada, por la defensa de las conquistas de la revolución, por la autodeterminación y libertad de tendencias políticas para los obreros y campesinos cubanos.

¡VIVA LA REVOLUCIÓN CUBANA!

"Aprendimos a quererte, desde la histórica altura, donde el sol de tu bravura, le puso cerco a la muerte".




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