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CUBA

Fidel Castro y la Revolución Cubana

La figura de Fidel Castro atraviesa el siglo XX y XXI y está íntimamente ligada a la revolución de 1959; a su sociedad política con Ernesto Che Guevara y a la resistencia frente al bloqueo criminal de más de 50 años por parte del imperialismo

Sábado 26 de noviembre | 07:19

Reproducimos a continuación una columna publicada el 14 de Agosto con motivo del 90 aniversario del nacimiento de Fidel Castro.

Los 90 años de Fidel

Fidel Castro y la Revolución Cubana fueron teatro de las operaciones contrarrevolucionarias del imperialismo desde principios de los 60. El líder cubano sobrevivió a más de 600 atentados organizados por la CIA. Si bien hace casi una década se ha retirado del mando del Estado cubano, cediendo su posición a su hermano Raúl Castro, Fidel sigue siendo reivindicado como un ícono por gran parte de la izquierda continental y mundial y atacado como un dictador por sus detractores y enemigos. Hace un tiempo se especulaba con su estado de salud, sin embargo, su cumpleaños 90 lo encuentra lúcido como deja ver su carta “El cumpleaños” criticando a Obama y los crímenes impunes del imperialismo: “Considero que le faltó altura al discurso del Presidente de Estados Unidos cuando visitó Japón, y le faltaron palabras para excusarse por la matanza de cientos de miles de personas en Hiroshima, a pesar de que conocía los efectos de la bomba. Fue igualmente criminal el ataque a Nagasaki, ciudad que los dueños de la vida escogieron al azar. Es por eso que hay que martillar sobre la necesidad de preservar la paz, y que ninguna potencia se tome el derecho de matar a millones de seres humanos”.

La figura de Fidel Castro está íntimamente asociada a la Revolución Cubana de 1959. Las primeras armas de Castro en política fueron como dirigente estudiantil y militante del Partido Ortodoxo fundado por Eduardo Chibas, cuyo lema central contra el sistema político cubano era “Vergüenza contra dinero”. El 26 de julio de 1953, Fidel encabeza el fracasado ataque al cuartel Moncada con el objetivo de provocar una insurrección popular contra Fulgencio Batista para reinstaurar la Constitución de 1940. En este sentido se inscribe en la tradición de José Martí y Antonio Guiteras de recurrir a la lucha armada y los llamados a la insurrección popular como forma de acción política.

En su defensa por el asalto al Moncada, un joven Castro desafiará a sus jueces y proclamará “la historia me absolverá”.

Después de su exilio en México, el 2 de diciembre de 1956, desembarcará en territorio cubano desde el Granma recibido por los bombardeos del Ejército de Batista. Junto a Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos iniciará la zaga de Sierra Maestra, que la izquierda guerrillera en América Latina tomó idílicamente como modelo, donde el Ejército Rebelde construirá sus bases en la lucha. Desde allí Fidel ejercerá el liderazgo del Movimiento 26 de Julio, que desde la Sierra y las ciudades, gestaba un movimiento de masas de oposición a la dictadura.

El 1° de enero de 1959 las fuerzas del Ejército Rebelde encabezadas por Fidel Castro ingresan victoriosas en Santiago de Cuba y el dictador Fulgencio Batista huye hacia EE.UU dando inicio a la única revolución triunfante en América Latina que terminó con la expropiación de la burguesía y los terratenientes. Una semana más tarde, el 8 de enero, una huelga general derrotó las maniobras de la dictadura que buscaba virarle la victoria al M26 mediante la creación de una junta militar. El Ejército Rebelde es recibido por grandes multitudes en La Habana.

Fidel fue un demócrata burgués que se vio obligado a llevar adelante un programa socialista. En los primeros días de la revolución, Fidel Castro se esforzaba por contener a la burguesía dentro del gobierno afirmando que “Esta revolución es tan verde como las palmas”, negando cualquier intención socialista. Pero la revolución había liquidado al Ejército burgués dejando su lugar a las milicias del Ejército Rebelde integradas por peones rurales, obreros y campesinos que acompañarán al nuevo poder. Frente a esta situación la burguesía se asusta y el imperialismo, que en un principio miraba con buenos ojos al movimiento de los “barbudos” de la Sierra, comienza a boicotear al gobierno revolucionario. En julio de 1959 Manuel Urrutia que había sido designado presidente de Cuba como parte de la alianza establecida con los partidos burgueses democráticos y el M26 en el Pacto de Caracas, expulsa de la jefatura del Ejército a Fidel. La movilización obrera y campesina lo restituyó en su cargo, lo que obligó a la renuncia de Urrutia. La revolución expulsa a la burguesía del poder que queda en manos exclusivas del Ejército Rebelde y avanza de contragolpe, como lo definió el Che Guevara, hacia la expropiación de la burguesía y los terratenientes. En enero de 1961 los norteamericanos rompen relaciones oficiales y en abril organizan la invasión de los exiliados cubanos (a partir de entonces gusanos), armados por la CIA, a Bahía de los Cochinos. Las milicias populares derrotan la incursión en pocos días y se proclama el carácter socialista de la revolución.

Frente a estos acontecimientos, Fidel fue un actor excepcional que se adaptó al proceso social para no perder el control de los acontecimientos. Castro se montó sobre la ola revolucionaria popular encarnando un nuevo tipo de bonapartismo sui generis, que transforma su contenido social pequeñoburgués al ritmo de la caída del viejo Estado burgués semicolonial y la movilización revolucionaria de las masas. La Revolución Cubana, bajo el liderazgo de Fidel, dará nacimiento a un Estado obrero deformado, al mando de una burocracia. La función política del bonapartismo castrista va a ser doble. Por un lado sostenerse en el apoyo popular frente a las amenazas imperialistas y de la burguesía contrarrevolucionaria en el exilio. Por el otro, bloquear e impedir el surgimiento de instituciones de democracia directa (como los soviets o consejos de las revoluciones Rusa y Europea en los 20) que expresen la autodeterminación y el gobierno directo de las masas obreras y campesinas, así como sustituir el libre debate y la libertad de los partidos y corrientes que apoyaban a la revolución, por el régimen del partido único. Cuando el castrismo adhirió al socialismo estrechó su alianza con el estalinismo cubano y el Kremlin lo que implicó que, luego del reflujo de la marea revolucionaria, avanzara la burocratización asfixiante del régimen político. La alianza con Moscú va a condicionar el alcance internacional de la Revolución Cubana. Fidel usó su autoridad para apoyar a los tanques soviéticos que aplastaron la Primavera de Praga (1968) o el golpe de Jaruzelsky en Polonia (1981). La política de la burocracia, junto al criminal bloqueo norteamericano, mantuvo a Cuba en el atraso económico del monocultivo de azúcar.

La revolución de 1959 enseñó que para lograr la liberación nacional, el fin del latifundio y la resolución del problema de la vivienda mediante la reforma urbana hay que combatir a las burguesías criollas, destruir su aparato represivo, expulsándolas del poder político y expropiando sus propiedades. En su momento esta realidad significó un golpe ideológico tremendo al estalinismo de los PC latinoamericanos que predicaban la revolución por etapas y la vía institucional dentro del régimen burgués. Sin embargo, todo el esfuerzo político de Fidel al frente del Estado cubano fue en el sentido de negar estas lecciones llamando a no repetir la experiencia cubana, apoyando la conciliación de clases en la revolución chilena o las negociaciones con el imperialismo y las fuerzas contrarrevolucionarias que terminaron por derrotar la revolución nicaragüense. En los últimos años el castrismo confundió las banderas de la Revolución Cubana con el nacionalismo burgués encarnado por el chavismo o apoyando a los gobiernos progresistas de la última década en América Latina.

Fidel Castro cumplió 90 años apoyando la política restauracionista del capitalismo, impulsada por la burocracia que encabeza su hermano Raúl Castro. Está por verse aún si las masas obreras y campesinas defenderán las conquistas de su revolución o si el castrismo cerrará su recorrido histórico destruyendo lo que durante décadas fue una fuente de inspiración para los luchadores obreros y populares de América Latina.




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